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El culto a los orishas: un acercamiento a las raíces de la cubanía

Por IWC

Changó, uno de los orichas de los cultos afrocubanos.
Changó es el dueño del rayo y de los tambores. Utiliza un hacha bipétala.
(Foto: Archivo)

La necesidad de predecir el futuro, de prever lo ignoto, de vaticinar el porvenir, ha sido una constante en la historia de la civilización. Los medios utilizados por los distintos sistemas y procesos adivinatorios son extraordinariamente variados: el agua; la arena; los cuerpos celestes; la corteza de los árboles; las líneas de las manos y de los pies; los rasgos faciales; la textura de viejos brebajes; los cuernos de ciertos animales; el humo; las semillas y los caracoles, ente otros muchos.

El sistema de adivinación de Ifá y el Dilogún son los dos oráculos yoruba más extendidos en Cuba, procedentes de África, y son los antecesores directos del sistema de adivinación cubano de los caracoles o dilogún cubano, actualmente conocido y utilizado en muchos países de América.

La casi totalidad de los esclavos que llegaron al continente americano procedía del oeste de África, de la zona comprendida entre Senegal y Angola. Entre los principales grupos étnicos que habitaban el oeste africano hacia el sur del Sahara se encontraban los yoruba, grupo étnico muy diverso, constituido por subgrupos que presentan variaciones en el lenguaje, costumbres e instituciones; pero con suficiente unidad lingüística y cultural como para ser considerados una sola e interesante etnia.

La mano de obra de la última oleada migratoria antes de la abolición de la esclavitud, aun cuando incluyó otras etnias procedentes de África, fue la que trajo a Cuba la mayor cantidad de yoruba. Esto no fue un hecho fortuito, sino consecuencia de los acontecimientos que simultáneamente tuvieron lugar en el Caribe y en África.

El auge de la producción agrícola cubana, que había comenzado a finales del siglo XVIII, se acelera tras la independencia de Haití (1804), que hasta ese momento había sido el más grande productor de azúcar de América y principal suministrador del codiciado alimento en los mercados europeos. España aprovecha la decadencia de la producción haitiana y convierte a Cuba, su mayor posesión en el Caribe, en el productor principal.

En las poco confiables estadísticas oficiales consta la entrada de 436 844 esclavos, aunque se conoce que la trata clandestina debe de haber superado considerablemente esta cifra.

En Cuba, a los yoruba y descendientes se les denominó lucumí, mientras que en Brasil se les conoce como nago y en Sierra Leona, aku.

Aunque se han difundido distintas versiones sobre el origen de la palabra lucumí, la más aceptada en la actualidad es la que afirma que la palabra proviene del saludo yoruba oluku mi, que significa “mi amigo” y que los esclavos usaban con frecuencia entre sí.

La identificación entre las deidades del panteón yoruba y los santos católicos ha originado lo que se conoce como Candomblé, en Brasil, y la Santería o Regla de Ocha, en Cuba.

Sincretismo, orishas y santos
En la época colonial, el poder español permitió y hasta estimuló la reunión de los negros en cabildos. Estas eran instituciones de recreo y ayuda de un mismo grupo étnico donde se respetaban sus costumbres, tradiciones y dioses, siempre y cuando aceptaran la supremacía del santoral católico, apostólico y romano.

El sincretismo fue un proceso originado por la sobrevivencia de una cultura y una creencia: una mezcla de elementos, funciones y dioses, en la cual los esclavos africanos fingian aceptar las imágenes del catolicismo a través de una simple semejanza.

Así nacieron las diferentes nominaciones, la sincretización de los diferentes cultos africanos y la religión católica, como producto de un proceso natural y lógico; así nació la Regla de Ocha o Santería.

Por tal motivo la palabra española “santos” se le aplicó a los orichas y fue este uso el que dio origen al término cubano empleado para referirse a la religión yoruba: santería, que significa el camino de los santos.

Algunas divinidades yorubas
Obbatalá: En Cuba es andrógino, pues se personifica en su sincretismo con la Virgen de las Mercedes (24 de septiembre), o con el Santísimo Sacramento (Cristo Crucificado).

Es el dueño de la paz y mayor de los orichas. Dios de la pureza y la justicia, también representa la verdad, lo inmaculado y la sabiduría. Se viste todo de blanco y se le conserva en un sitio alto.

Changó: Dueño del rayo y de los tambores. Utiliza un hacha bipétala. Colores rojo y blanco combinados. Sincretiza con Santa Bárbara (4 de diciembre). Es uno de los orichas más venerados de la religión de origen yoruba en Cuba. Dios del rayo, el fuego, la guerra, de los itú batá (tambores sagrados), del baile, la música y de la gallardía viril.

Yemayá: Sincretizada con la Virgen de Regla, es considerada madre de la vida, modelo de madre universal. Sus castigos son duros y su cólera terrible; pero enormemente justiciera. Reina en el mar y en las aguas salobres; su color es el azul marino con algo de blanco, que simboliza la espuma de las olas.

Oyá: También conocida como Yanzán, es una de las amantes de Changó. Dueña de las centellas, los remolinos, vientos y temporales en general, es violenta e impetuosa, ama la guerra y acompaña a Changó en sus batallas. Es dueña del cementerio, vive en su puerta y en los alrededores. Oyá es la divinidad más relacionada directamente con el proceso de la muerte. Está equiparada al catolicismo con Santa Teresita del Niño Jesús.

Oshún: Dueña de la feminidad, del amor y del río. Es el símbolo de la coquetería, la gracia y la sexualidad femenina. Amante de Changó e íntima amiga de Elegguá que la protege, siempre acompaña a su hermana Yemayá. A Ochún se la representa como una mulata bella, simpática, buena bailadora, fiestera y eternamente alegre, muy sensual. Su color es el amarillo oro como las riberas arenosas de los ríos donde vive. Sincretiza con la Virgen de la caridad del Cobre, Patrona de Cuba, se celebra el día 8 de septiembre.

Oggún: Es el segundo de los santos guerreros. Uno de los orichas más antiguos, símbolo de fuerza primitiva y energía terrestre junto a Changó, Elegguá, Ozun. Patrón de los herreros, macheteros, mecánicos, y de los que conducen todo tipo de vehículos. Su collar es de cuentas verdes y negras alternas. A veces una simple herradura o un clavo de línea férrea le representan; sin duda, una de las divinidades más complejas de la santería cubana.

Oggún es travieso y astuto como Elegguá, pero más voluntarioso. Sus símbolos son el machete, palas, picos, cadenas, y demás herramientas férreas. Está equiparado en Matanzas a San Juan Bautista; en otros sitios a San Pedro. Oggún vive en el monte y tiene muchos caminos o avatares, pero en los ilé-osha o templos, lo personifican en un caldero de hierro con tres patas y herramientas metálicas de todo tipo.

Elegguá-Eshu: El primero de los Santos Guerreros. Una de sus tareas principales es la de guardiero ya que, según la leyenda, fue una gracia que le otorgó Olofin (Dios) en recompensa a su dedicación. Todas las ceremonias comienzan con la invocación a Elegguá, el pedirle permiso para iniciarla, por lo que cualquier acción que se vaya a cometer en la vida hay que consultarla primero con él. Elegguá obra como el dueño de los caminos, quien los abre o cierra a su antojo, el que marca las encrucijadas de la vida. Tiene las llaves del destino, franquea y cierra las puertas de la felicidad o la desgracia; dueño del futuro y el porvenir. Es la personificación del azar y la muerte.

Patakíes: literatura afrocubana
No solo los sistemas oraculares africanos, que atravesaron el Atlántico, sufrieron cambios radicales al llegar a Cuba. Puede afirmarse que el sistema religioso de los yoruba en su conjunto, mediante una dinámica combinación étnica y cultural, originó la santería cubana y se adaptaron los patakíes; estos no son más que historias y fábulas referidas a los orichas, sus caminos o avatares, que contienen una moraleja que ayuda siempre a la definición de sus dones o atributos en el consultante. Lo más hermoso en la literatura afrocubana se corresponde a estos patakíes.

Patakí del obbi
Obbi era un santo muy presumido y vanidoso. Un día Olofin dio una fiesta a la que fueron todos los orichas. Después que llegaron entró Obbi y toda la gente que acostumbraba a congregarse en la puerta del templo fue a saludarlo y a pedirle dinero, como lo hacían con todos, pero él los rechazó y no quiso que lo tocaran. Después, en el interior del templo, cuando todos los santos se sentaban en el suelo, Obbi no quiso hacerlo porque se ensuciaba, y fue tanta su vanidad y su orgullo, que las quejas llegaron a oídos de Olofin. El mismo dijo que comprobaría si lo que decían era verdad.

Olofin dio otra fiesta y se disfrazó de mendigo, de manera que Obbi no lo conociera. Cuando lo vio entrar, le salió al paso para darle la mano y Obbi, al ver quien era, quedó tan sorprendido que perdió el habla. Olofin le dijo que le iba a devolver el habla, pero que donde único podría hablar sería en el suelo, como castigo, por ser tan orgulloso y vanidoso.

Por eso el coco se tira en el suelo y habla con dos caras.

La Regla de Ocha: puramente cubana
“Cuba es un gran ajiaco”. Así definió Fernando Ortiz, el más importante etnólogo y antropólogo cubano de todas las épocas. “El que no tiene de congo tiene de karabalí”, reza otro refrán bien cubano refiriéndose a la mezcla de razas, culturas y costumbres que han generado la muy variada y criolla sociedad cubana.

La Regla de Ocha o Santería, como otras tantas culturas venidas del llamado continente negro, junto a chinos, yucatecos, catalanes, vizcaínos, por mencionar algunos, forma parte de estas raíces que han hecho crecer el diverso árbol de la nación cubana.

Es, más que una cultura regional, la cultura del respeto. De hecho, esta refrendado en nuestra Primera Ley, la Constitución de la República que el Estado “reconoce y garantiza la libertad de conciencia, el derecho de cada uno a expresar cualquier creencia religiosa y a practicar, dentro del respeto a la ley, el culto de su preferencia”.

Es más que un simple culto, el reconocimiento de nuestras raíces y, por extensión, de las fuertes de nuestra nacionalidad.

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