| Cándido
González
En la eternidad de su decoro
Por Enrique Milanés León

En la foto aparecen de izquierda
a derecha Miguel Saavedra, Cándido, Fidel y Faustino
Pérez.
(Cortesía Granma Digital) |
La carta a su hermana Juana María
en julio de 1956, desde el exilio en México, reiteró
lo que todos sabían en Camagüey:
Cándido González Morales era de los imprescindibles
para la Revolución precisamente porque no le negaba
nada, ni siquiera la vida. "Es mejor morir, vivir para
la eternidad después del deber cumplido, que vivir
sin decoro", escribió en frase que parecía
el pronóstico para sí mismo.
Cándido fue puertopadrense por nacimiento, camagüeyano
por elección familiar y cubano por patriotismo sin
límites. En la ciudad agramontina, donde su familia
se instaló desde el final de la enseñanza primaria
del niño, se hizo revolucionario de la única
manera posible: haciendo Revolución.
Con 14 años, en la Escuela Profesional de Comercio,
encabezó los enfrentamientos contra la corrupta dirección.
Fue elegido secretario de la Asociación de Alumnos
y luego presidente. De su tenacidad por el mejoramiento de
los medios de enseñanza, que lo llevó a conducir
la toma revolucionaria de la escuela, habla a las claras la
expulsión que en su contra decretara la dirección.
José Ángel Pila Hernández, un veterano
combatiente camagüeyano que tuvo vínculos familiares
con Cándido, recuerda a aquel joven especial: "Desde
la adolescencia se le veía la firmeza en lo concerniente
al amor a la patria, demostrada después con su lucha
antibatistiana. Siempre defendió la lucha armada como
única solución a los problemas de Cuba, y por
ahí nos guió".
En cierto momento, Cándido fue a un mismo tiempo alumno,
dirigente estudiantil y trabajador del Banco Continental Cubano
en Camagüey, lo que no le impidió comportarse
como un joven de su tiempo. "Era afable con todos —añade
Pila—, parco, reservado, pero entusiasta. Le gustaban
las fiestas, compartir con su familia y sus amigos... también
era enamoradizo".
Así era el cubano de cuerpo entero, alto por fuera
y grande por dentro, que luchó con "Vergüenza
contra dinero" en la Juventud Ortodoxa desde que Eduardo
Chibás, con su prédica por la honestidad, atrajera
a miles de jóvenes patriotas.
El hombre del 26 de Julio en Camagõey
Los disparos en cuarteles Moncada
y Carlos
Manuel de Céspedes no solo se escucharon en aquellos cuarteles
orientales. Sus ecos llegaron a todos los revolucionarios
cubanos. A Cándido se le atribuye la redacción
de un Manifiesto que calificaba el asalto como "... el
episodio de más elevado contenido histórico
en los últimos años" y reiteraba la necesidad
de la vía revolucionaria.
Él fue de los principales propulsores en Camagüey
de la amnistía de los moncadistas y se ocupó
personalmente, junto con otros compañeros, de distribuir
en la provincia los ejemplares de “La
Historia me absolverá”.
Cuando los moncadistas fueron excarcelados del Presidio
Modelo, el 15 de mayo de 1955, un grupo de camagüeyanos,
entre ellos Cándido, viajó a Surgidero de Batabanó
para recibirlos. Más de una vez había proclamado
su admiración por Fidel y su convicción de que
solo el movimiento encabezado por el jefe del ataque del 26
de Julio, alcanzaría la independencia de Cuba.
A finales de mayo de 1955, varios revolucionarios camagüeyanos
del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) y de su Juventud
se reunieron con Fidel en La Habana, en un apartamento del
Vedado, donde el líder del Moncada les explicó
por más de dos horas cómo concebía el
camino de la Revolución.
En junio de ese mismo año, en la finca Mi Ranchito,
propiedad de la familia del revolucionario agramontino Raúl
García Peláez, se constituyó oficialmente
la dirección del Movimiento
26 de Julio en Camagüey, en la cual Cándido
fue elegido organizador. Muy poco tiempo después, su
indiscutido liderazgo hizo que fuera nombrado lo que ya era
en la práctica: el coordinador en el territorio.
Progresivamente, el Movimiento se amplió a todos los
municipios, como paso previo a las células en los barrios
y a la constitución de las brigadas juveniles del 26
de Julio, dedicadas a la agitación, las denuncias públicas
y el entrenamiento en el uso de armas.
Para la Revolución se emplearon hasta los números:
el 31 de diciembre de 1955, las fachadas de los edificios
y los muros de Camagüey, Ciego
de Ávila, Esmeralda, Florida, Guáimaro, Jatibonico,
Morón, Nuevitas y Santa Cruz del Sur amanecieron pintados
con un 26. Esa despedida de año fue un mal recuerdo
y un peor presagio para Fulgencio
Batista.
El conocido activismo de Cándido recomendó que
saliera al exilio para preservar su vida.
Partió rumbo a México el 17 de febrero de 1956,
acompañado por Calixto Morales y Reynaldo Benítez
Nápoles —único camagüeyano asaltante
del Moncada y, más tarde, expedicionario del Granma—
y en la organización de la expedición se convirtió
en uno de los más cercanos colaboradores de Fidel.
Vino en el Granma con grados de teniente y, tras el desembarco
y la dispersión de los revolucionarios luego de Alegría
de Pío, fue entregado y asesinado a mansalva en la
boca del río Toro, el 8 de diciembre de 1956.
Un héroe vivo en su gente
José Ángel Pila Hernández refiere que
miembros de la Asociación de Combatientes de la Revolución
Cubana realizan conversatorios sobre Cándido en escuelas
camagüeyanas. "El interés de los niños
es grande, preguntan por sus acciones revolucionarias y por
el muchacho que fue. Entre nuestros jóvenes hay muchos
con posibilidades de crecerse hoy para ser nuevos Cándidos".
"A él le queda mucho por hacer. En su figura,
los camagüeyanos tenemos un ejemplo para superar las
dificultades y llevar la Revolución adonde él
quería, que es adonde quiere Fidel. Este 26 de Julio,
Cándido estará en Camagüey, en la Plaza,
respaldando la Revolución; aunque no lo veamos físicamente,
yo sé, que va a ocupar su puesto."
En la actual provincia de Camagüey, llevan el nombre
de Cándido González Morales ocho escuelas del
MINED, un distrito de la capital que incluye la zona donde
él vivió, una empresa azucarera, varios CDR
y asociaciones de base de la ACRC y el estadio principal del
territorio. También la Escuela Provincial del Partido,
cuyo director, Santiago Lajes Choy, explica el orgullo del
colectivo por llevar ese nombre.
"Su obra —expone— forma parte de nuestro
trabajo diario. Él fue un gran allegado de Fidel, un
hombre estudioso que se preparaba y preparaba a sus compañeros.
Nosotros sentimos que cuando lo recordamos a él acompañamos
a Fidel."
El estadio tiene el nombre bien puesto. Lajes cuenta una anécdota:
"Él fue un gran pelotero y tenía la ilusión
de jugar en algún equipo profesional. Poco antes de
su salida para México, vinieron a verlo para hacerle
un contrato y dijo que no podía porque tenía
misiones más importantes. Al cabo del tiempo sabemos
que esa misión era integrarse al destacamento del Granma".
Cándido tuvo, en un gran jefe, a un gran amigo. El
12 de febrero de 1996, cuando hablaba a los trabajadores del
ingenio santacruceño nombrado como el héroe,
Fidel les revelaba: "Aquí se habló
de Cándido, a quien queríamos tan entrañablemente
y a quien conocimos tan bien... ".
Entonces, ante cientos de trabajadores sencillos, Cándido
González estuvo allí, en traje de azucarero.
(Tomado de Granma Digital)
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