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Una actriz que respira el verde

Lisa Valia tiene 22 años. Con su mochila al hombro, y junto a un grupo de actores incansables como ella, asciende en las montañas orientales, se hunde en la espesura, para llevar de la mano el arte del teatro para todos.

Por IWC

Lisa Valia, joven actriz de la Guerrilla de Teatreros.
Integrarse a la Guerrilla de Teatreros ha sido una verdadera escuela para la vida.
(Foto Elio Mirada)

Lisa Valia estudió técnico medio en economía en su natal Bayamo. Esta infatigable granmense ha sido admiradora, casi rayando el fanatismo, del teatro y su puesta en escena. Pero nunca creyó podría pertenecer a ningún grupo como profesional.

“La atracción entre el teatro y yo fue natural. Desde pequeña solía participar en cuanta representación se hiciera en la escuela, cualquier personaje me venía bien, lo mío era estar allí y actuar, representar, tener la posibilidad de no ser yo, pero a la vez serlo. Me encantaba la posibilidad de encarar un carácter aunque fuese lo más lejano al mío.

“Ese siempre ha sido mi reto. Hacerlo no solo lo mejor posible, sino creíble, como si Lisa Valia fuese esa que está en el tablado, no otra… o sí, otra, pero en la siguiente obra. Y así. Sin embargo, esto lo sé hoy. De pequeña solo actuaba y lo disfrutaba y ya.

”Pertenecí a un grupo de aficionados donde di mis primeros pasos serios. Aprendí algo de dramaturgia, corporalidad, puesta en escena, pero sin llegar a creerme que podría ser una actriz profesional. El teatro era y es mi pasión, aunque siempre pensé que sería como un hobby, algo que haría cada vez que pudiese y nada más.

“En cambio, mi oportunidad llegó por una convocatoria de la Guerrilla de Teatreros. Unas amistades me embullaron. ¿Qué puedes perder? Me dijeron. Yo fui escéptica, no sé… me había acostumbrado a la idea de ser contadora y aquello de actuar me era más cercano a un sueño, a mi sueño. Cual no sería mi sorpresa cuando me aceptaron en el grupo y supe que no iba a actuar mayormente en teatros o salas cerradas, sino que andaría por las montañas y actuaría allí, donde hubiese un espacio, unas personas dispuestas a escucharnos”.

Las condiciones exigen a cada uno de los miembros de la Guerrilla de Teatreros su mayor esfuerzo: bajar y subir lomas de día, actuar de noche, vivir donde los tome la noche.

“Uno se acostumbra. No te digo que sea llegar y cantar porque no lo es. Al principio a uno le cuesta, pero luego no puede dejar de hacerlo. Lo que al comienzo fue esfuerzo es, ahora, necesidad. Cuando ando en el monte, cuando siento que estoy agotada, pienso que cuando llegue estaré en un sitio nuevo, allí, perdida en la serranía, conoceré a personas nuevas, les brindaré de lo que tenemos, nuestro arte, y ellos nos brindarán de su hospitalidad. Es una relación mutua y hermosa. Para mí, necesaria.

“El público campesino es muy diferente al de la ciudad. Ha ocurrido incluso que en el medio de una representación alguien nos ha interrumpido y hemos tenido que hacer un giro en lo que tenemos montado y continuar como si nada. Eso implica una alta conciencia de lo quieres hacer, y si es necesario improvisar por cualquier circunstancia, no degradar la función ni darla por terminada. Hay que estar claro que somos una opción muy rara para el público de montaña, pues muy pocos se aventuran en llegar hasta allá arriba. Nosotros lo hacemos, es lo que queremos hacer y lo seguiremos haciendo”.

Mucho le ha servido la guerrilla de teatreros a esta joven bayamesa. Ha crecido no solo como actriz, sino también como persona. Férrea disciplina, fuerza de voluntad y buena dosis de valentía son los atributos para ser un buen guerrillero.

“He cambiado muchísimo como persona. Siento que dentro de cada uno vive un espíritu aventurero que tan solo necesitas darle rienda para que vuele y eso es lo que ha ocurrido conmigo. Si no respiro todo este verde que me rodea creo que puedo enfermarme. estoy enamorada de lo que hago y eso es lo me ha hecho esforzarme por ser cada día mejor. Nosotros, por ejemplo, comenzamos con obras pequeñas de Onelio Jorge Cardoso donde el ambiente rural era lo primordial, y poco a poco, y no con poco esfuerzo, hemos ido creciendo en obras y en extensión de las mismas. Obras que pueden ser representadas lo mismo en comunidades que en salas de teatro.

“Pero, además, como persona, imagínate, tienes que hacer lo que normalmente te llevaría más tiempo, en escasas horas. Desde lavar hasta cocinar, desde ensayar hasta dormir. Eso solo se logra cultivando la amistad. Si no fuéramos un grupo unido no podríamos hacer esta linda tarea que nos hemos propuesto.

“Uno deja de pensar en sí para pensar en los demás y, de esa manera, mientras uno cocina para todos, otro ensaya, otro lava, otro monta el escenario, en fin, somos un cuerpo con muchas manos y piernas e ideas. un grupo de personas que se esfuerza no solo por realizar sus funciones de la mejor manera posible, sino que, en todo ese proceso, como equilibrio reciproco, se nutre de su mismo esfuerzo y fin, para ser personas más preparadas, y, en nuestra opinión, mejores”.

Lisa Valia no piensa en detenerse o estancarse. Ya hace planes para superarse en el plano actoral, para hacerse una profesional más preparada.

“Aunque la práctica me ha brindado mucho, también quiero profundizar en mi carrera. Ya he descubierto mi profesión y quiero ser lo mejor que pueda en ella. Por eso voy a presentarme a las pruebas en la escuela de cine, radio y televisión, para allí, especializarme en lo que hago.

“Ser una mejor actriz, más preparada no solo en la práctica sino también en la teoría. Aportaría así muchísimo más al grupo, desde la representación hasta la concepción de los guiones. Uno nunca sabe demasiado, más bien es lo contrario, y eso hay que tratar de revertirlo o, al menos, minimizarlo. Así pienso y así quiero hacerlo. Quiero estudiar y continuar con la Guerrilla de Teatreros, con este grupo errante que lleva su arte al hombro sin importarle el sitio por intrincado que sea. Este grupo que allí donde haya personas, queremos llegar a brindarle nuestro arte, nuestro espectáculo, nuestra felicidad.”

Y antes de continuar su viaje por las montañas, con su mochila al hombro, no quiso despedirse de nosotros sin un mensaje para los jóvenes que nos leen.
“Me gusta creer que nada es imposible, eso es muy importante y si alguien me pidiera un consejo sería este el que le diría, el que me repito cada mañana cuando me levanto, me digo que cualquier cosa que te propongas, por difícil que sea, si luchas lo suficiente, lo lograrás”.



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