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Eliseo, un hombre que escribía poemas
Por Matilde
Salas Servando

“Soy, de oficio, poeta, es
decir: un pobre diablo a quien no le queda más
remedio que escribir en renglones cortos que se llaman
versos”.
(Foto: Archivo) |
Para hablar de ese inmenso
creador que, junto a una pila bautismal habanera, recibió
el nombre de Eliseo Julio de Jesús de Diego Fernández-Cuervo
y que la posteridad conoció solo como Eliseo Diego,
hay que ir a sus orígenes en 1920, cuando nació
el segundo día del mes de julio. Poco después
lo llevaron a vivir a la finca Villa Berta, un lugar que dejó
una huella indeleble en su memoria y describió décadas
más tarde cuando dijo: “el paraíso de
mi infancia tiene un nombre: Arroyo Naranjo, pueblo próximo
a La Habana”.
Su amplia obra en prosa y en verso posiblemente tenga sus
orígenes en los primeros años de su vida, cuando
fue con sus padres a Francia y Suiza, en un viaje que luego
recordaría así: “¿Qué habría
sido de mí sin la penumbra de los inmensos bosques
de la Auvernia, sin los baños romanos de Roayat, sin
las maromas del guignol en los parques crepusculares? Mis
primeros maestros de poesía se llaman Luigi, el maitre
del Hotel León, en Roayat, y Olga, su esposa (...)
Les cabe la pequeña gloria de haberle abierto los trillos
del alma a un oscuro poeta menor de las Antillas”. A
ellos les dedicó el poema “Himno a las postrimerías”,
que aparece en su libro “A través de mi espejo”,
publicado en La Habana, en la plenitud de su madurez creadora
(1981).
En la lejana fecha de 1928, cuando escribió sus primeros
cuentos infantiles, dejó que apareciera a la vista
de todos, su veta de escritor, como un claro y fresco manantial,
en un válido intento que, con el decursar del tiempo,
se volvió una irrenunciable vocación.
Vale destacar que entre las obras salidas
de la pluma y el corazón del prolífico escritor
habanero Eliseo Diego, está el artículo titulado
“Boabdil”, que apareció publicado el mes
de agosto de 1942, cuando se estrenaba la revista Clavileño
y actualmente se considera como su primer texto importante.
También a inicios de la década
de los años cuarenta, mientras cursaba estudios de
Ciencias Jurídicas y Comerciales en la Universidad
de La Habana, que nunca concluyó, se dedicó
a la preparación de un pequeño volumen en prosa,
que luego se conoció bajo el nombre de “En las
oscuras manos del olvido”, editado cuando solo tenía
22 años. Curiosamente, en esa obra únicamente
se incluyeron tres cuentos, que años más tarde
(1983) fueron incorporados al libro conocido como “Prosas
Escogidas”, que en realidad constituyó una segunda
edición ampliada.
Su primer poemario se publicó en 1947, aunque desde
hacía dos años el autor esperaba por un buen
momento, para que ese título saliera a la luz bajo
el título “En la calzada de Jesús del
Monte”, como un cálido homenaje a la finca Villa
Berta, ese lugar idealizado, donde residió en los albores
de su vida y ya adulto, tras la muerte de su padre, regresó
para vivir en ese sitio con su madre, Berta Fernández-Cuervo.
Por entonces ya había creado una nueva familia junto
a su esposa Bella Garía-Marruz y los tres hijos de
ambos.
No es posible referirse a Eliseo Diego,
y por ende a la literatura cubana, sin detenerse por un momento
en el nacimiento de Grupo Orígenes,
del que fue fundador junto a otras destacadas personalidades
de nuestra cultura, como José Lezama Lima, Virgilio
Piñera, Ángel Gaztelu, Gastón Baquero
y sus hermanos espirituales Fina García-Marruz y Cintio
Vitier, a quienes le unían además estrechos
lazos de familiaridad.
El profesionalismo poético de Eliseo lo llevó
en un largo andar por tierras de la Unión Soviética,
Hungría, Bulgaria, Inglaterra, España, Nicaragua,
Perú, Venezuela y Colombia, donde recibió el
título de Doctor Honoris Causa, en la Universidad del
Valle, en Cali. También reclamaba sus conocimientos
la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM),
para que ofreciera sus conocimientos en cursos de Literatura
General y en ese país participó en el Sexto
Encuentro de Poetas del Mundo Latino.
Canadá lo acogió con gran
respeto y junto a la orilla de las cataratas del Niágara,
develó una tarja dedicada a ese otro grande de las
letras cubanas, José María Heredia,
llamado con justeza El Cantor del Niágara.
La amplia labor creadora de Eliseo Diego
se extendió a la docencia y el apoyo a las nuevas generaciones
y por eso se empeñó, con su vasta experiencia,
en la organización y posterior dirección del
Departamento de Literatura y Narraciones Infantiles de la
Biblioteca Nacional José Martí,
además de realizar traducciones y versiones, de diversas
obras de importantes figuras como Rudyard Kipling, Andrew
Marvell, Joseph B. White, Robert Browning, Gilbert Keith Chesterton
y William Butler Yeats.
Estos y otros autores luego formaron parte
del libro conocido como “Conversación con los
difuntos”, preparado por la editorial
Arte y Literatura, que hoy está considerado como
un verdadero panorama de la literatura escrita en lengua inglesa.
La amplia obra literaria de Eliseo Diego incluye de forma
magistral la prosa y el verso, que tocados por la fineza de
su estilo fueron dados a conocer en alemán, húngaro,
inglés, ruso, italiano y francés. En 1979 mereció
el Premio Máximo Gorki, que le entregaron en Moscú
como reconocimiento por sus versiones al español de
las páginas poéticas de los grandes escritores
rusos. En 1981,de nuevo fue galardonado, esta vez con la Orden
que lleva el nombre del presbítero cubano Félix
Varela.
El Premio
Nacional de Literatura por el conjunto de su obra, fue
recibido en 1986 con gran beneplácito por el autor
de “Muestrario del Mundo o Libro de las Maravillas de
Boloña”, y en el mismo período, el Fondo
de Cultura Económica publicó por primera vez
en México una antología, en la que se recogió
su poesía. Dos años después, en Cuba
le fue otorgado el Premio de la Crítica, reconocimiento
que se repitió en 1989 por el título “Libro
de quizá y de quien sabe”, que contiene ensayos
breves y prosas poéticas, editados por la editorial
Letras Cubanas.
La literatura fue su gran vocación y por ella mantuvo
intacta y viva la esperanza de crear, hasta el primer día
de marzo de 1994, el último de su existencia terrenal.
Precisamente en esa fecha realizaba,la que fue su última
visita a México, a donde acudió para recibir
el importante Premio Internacional de Literatura Latinoamericana
y del Caribe Juan Rulfo, reconocimiento conferido por instituciones
económicas y culturales mexicanas. La entrega se produjo
como reconocimiento al tesón y persistencia mantenidos
en su fructífera carrera literaria, que brilló
durante varios lustros debido su alcance creador y aún
hoy brilla por la gran calidez de su pensamiento.
| En cierta ocasión,
Eliseo autodefinió su oficio de poeta y además
se refirió a su labor cotidiana, esa que aunque
él no quisiera reconocerlo por modestia, le dio
tantas alegrías, y entonces expresó: “Soy,
de oficio, poeta, es decir: un pobre diablo a quien no
le queda más remedio que escribir en renglones
cortos que se llaman versos. Y lo hago no por vanidad
o por el deseo de brillar, o qué sé yo,
sino por necesidad, porque no me queda más remedio
que escribir estas cosas que se llaman poemas”. |
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