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Tiempo de adolescente

Por Mayda y Mongui

Adolescente embarazada.
Resulta indiscutible que el embarazo en la adolescencia constituye una limitación para la mujer.
(Tomada de www.ccss.ca.cr)

Aunque parezca asombroso, son casos de la vida real. Soralla y Santiago, de 15 y 18 años respectivamente, tenían ya una hija de nueve meses cuando esperaban otra criatura. Ella nunca fue a la escuela, él abandonó los estudios en sexto grado. Ambos viven con los padres de él, en el Cerro de Mica, un pueblecito de las afueras de Madrid.

Javier Jiménez y Elvira Manzano con apenas 17 años tenían ya a su primera hija. Él es casi analfabeto. Ella estudió hasta octavo grado en Los Módulos, un poblado de casas prefabricadas situado en una zona muy conflictiva de España.

Enrique Pino y su esposa Margarita Moreno son otro ejemplo de relaciones sexuales y embarazos a destiempo. Él frisaba los 17, ella tenía solo ¡13 años!

Todos los casos fueron recogidos en la sección Sociedad de la revista española Marie Claire, y en todos pondera un denominador común: están adelantando el curso de sus vidas sin tener apenas las condiciones psicológicas ni económicas para ello.

A juzgar respuestas
Para Soralla y Santiago la mujer es un máquina, cuya primordial función es la de traer hijos al mundo. “Más vale ser de barro que mujer estéril», dice ella. “Si mi mujer no hubiera podido dármelos, me habría separado de ella aunque estuviera muy enamorado”, sentencia él. Desde luego, así fueron educados, según la costumbre gitana.

Javier, de quien ya adelantamos algo, solo fue a la escuela durante seis meses; se dedica a la venta ambulante de frutas y malvive en casa de sus suegros. Tanto él como su mujer reconocen haberse “apresurado” en la adolescencia y quisieran que se les cumplieran tres deseos: casa, trabajo y educación.

Enrique, que se dedica a recoger chatarra y cartón, vive “a caballo” entre la casa de un hermano y la que poseen sus padres. Ha pensado en la posibilidad de pedir limosna, pero en ese caso, la tradición lo considera impropio para los varones adultos y, entonces, tendría que poner a la mujer o los hijos.

Ahora dirijamos la mirada hacia otras latitudes.

Fecundidad adolescente
Parece que el nivel cultural, educacional o económico influye en cierta medida para que las personas más jóvenes se «lancen» temprano. Se sabe que en los países pobres los índices de embarazo se disparan, mientras disminuyen en los de mayor industrialización.

Asimismo, la gente de “posibilidades” se reproduce menos; pero vayamos a lo nuestro:
Según un despacho del Servicio Especial de la Mujer, del pasado 5 de octubre, en Guatemala, por ejemplo, la vicepresidenta de la Asociación de Ginecología y Obstetricia indicó que, de cada mil mujeres que dieron a luz en el país, 114 tenían entre 15 y 19 años de edad, tasa considerada como una de las más altas en Latinoamérica.

Agrega la funcionaria que uno de los problemas es que solo 18% de las mujeres de 20 años usa algún método de protección, mientras que el resto enfrenta el grave riesgo de un embarazo no deseado, contraer Infecciones de Transmisión Sexual o hasta perder la vida por un parto complicado o un aborto.

Rossana Cifuentes, presidenta de la Asociación Guatemalteca de Mujeres Médicas, indicó que 27% de las mujeres que pertenecen a la clase alta tienen sus hijos antes de los 20 años, mientras que en la clase media éstas representan 52% y en la clase baja el 62. Algo que confirma nuestras sospechas.

En Argentina, sin embargo, la psicoanalista Laura Kait , autora del libro “Madres, no mujeres”, argumenta que el embarazo adolescente no tiene ningún problema, lo conflictivo es la maternidad adolescente, desafiando a quienes intentan analizar el fenómeno solo como un problema económico o médico.

Asegura la especialista que después de dar a luz, hay un bebé que llora y demanda cada tres horas, y a los 15 días lo más normal es que la adolescente quiera patear la cuna.

“Entonces lo que es conflictivo, difícil y prácticamente imposible es la maternidad adolescente”, sintetiza.

“El embarazo da un enorme sentido ilusoriamente, pero después esa burbuja se quiebra y se dan cuenta que eso que viene a la vida no las completa, las demanda, las exige, y es peor que seguir estudiando. Era mejor estar en el colegio y hacer los deberes que atender un bebé cada tres horas”, concluye.

Si dirigimos la mirada a Colombia, donde una de cada cinco jóvenes menor de 19 años es madre o está embarazada, la polémica se robustece. Esa tasa es aún más preocupante porque 42 por ciento de las adolescentes manifestaron desear el embarazo, según una entidad privada pionera en servicios de salud sexual y reproductiva de este país. El dato implica una preñez consentida en una proporción importante.

La Isla Grande
Con el advenimiento de la Revolución, en 1959, la mujer alcanzó un estatus de dignificación social nunca antes logrado en Cuba. Nuestras adolescentes y jóvenes no suelen subvalorarse como la gitana Soralla ni la explosión de embarazos temprano es tan grande como el de Guatemala, o Argentina, en cuya última medición oficial llevada a cabo en 2005, 64 chicas de cada mil de entre 15 y 19 años fueron madres; pero esconder la cabeza bajo la tierra, como el avestruz, sería una aberración.

Si bien hemos ganado mucho en educación, salud e información sexual, todavía debemos profundizar en estrategias para que adolescentes y jóvenes sean capaces de planificar su vida y se conviertan, de veras, en padres responsables.

De hecho, no se trata de atacar la maternidad, sino de orientarla, pues resulta indiscutible que el embarazo en la adolescencia constituye una limitación para la mujer, ya que suele afectar frecuentemente su superación profesional, económica y social, y ocasionar innumerables riesgos y para la salud. El dr. Joel Varona Sánchez, Jefe de Servicios de Legrados del hospital ginecobstétrico Ramón González Coro, en Ciudad de La Habana, tiene sus opiniones al respecto:

¿Cuáles son las edades más frecuentes del embarazo precoz?

“De 15 a 20 años, con algunas excepciones de jóvenes de 11, aunque son mayoría las que exceden los 15”.

¿Cómo se refleja la incidencia de interrupciones de embarazo en las adolescentes?
“Tenemos un alto porcentaje, a pesar de las medidas profilácticas y todo lo realizado en materia de divulgación. Semanalmente recibimos un promedio de cuatro a cinco muchachas que acuden a interrumpir su embarazo en este centro, para un total de 340 en el primer semestre de este año. Esto nos da una idea de la situación que enfrentando”.

¿Cuáles son las complicaciones y secuelas más comunes de una interrupción?

“Son múltiples: las que pueden ocurrir en el momento (por ejemplo, perforaciones uterinas, hematomas, sangramientos, lesiones de vejiga o recto), hasta las anestésicas que no dejan de ser importantes; sin dejar de lado otras complicaciones a largo plazo como son el embarazo ectópico, inflamaciones pélvicas, dolores pélvicos crónicos e infertilidad.

“La interrupción es el proceder que más se realiza en centros hospitalarios, porque generalmente la regulación menstrual se hace en la atención primaria. Sin embargo, hay que tener en cuenta el cuello del útero a la hora de hacerlo permeable; no es lo mismo una adolescente que una mujer adulta, también ha de valorarse el factor psicológico del dolor, en este caso no se aplica anestesia.

“Más tarde se realiza una consulta de post-interrupción a la que deben asistir la mamá y la pareja sexual en caso de que fuera estable, donde se les ofrecen orientaciones, y se realizan encuestas e investigaciones en las que se recoge la evolución de la paciente.

“Otro aspecto importante es que muchas jóvenes, después de una interrupción, continúan sin protegerse, y acuden con el mismo propósito sin ganar conciencia que en la medida que este proceso se reitera, los riesgos se potencian aún más”.

En caso de que la joven decida continuar con un embarazo ¿cuáles son los trastornos que pueden tener la mamá y el bebé?

“Una vez que la adolescente ha decidido tener su hijo, se establece una atención primaria, tratando de prevenir los principales riesgos en el transcurso del embarazo: niños con trastornos relacionados con la nutrición, ya sea por exceso o defecto; propensos a tener índices de crecimiento bajo, y en casos extremos los llamados crecimientos intrauterinos retardados.

“En cuanto a la madre puede presentar hipertensión gestacional, preclampsia, diabetes gestacional y otros trastornos en el parto que aumentan el riesgo de hipoxia fetal”.

¿Trastornos psíquicos?

“La embarazada de por sí se convierte en una mujer con períodos emotivos altos, puede estar presente lo mismo la risa que el llanto, es decir que requiere de un manejo especial.

“Se producen algunos trastornos de la conducta, porque ven interrumpìda su vida social, saltan etapas, y pasa de ser una adolescente para convertirse en una mamá, con las responsabilidades de una mujer adulta y con toda la carga física y psicológica que conlleva la atención de un recién nacido.

“Hemos visto casos extremos, desde la no aceptación de su embarazo, hasta el intento suicida, por lo general cuando no cuentan con respaldo familiar”.

¿Implicaciones sociales?

“Un grupo de estas pacientes adolescentes continúan el embarazo, que debe afrontar desde el punto de vista institucional el Ministerio de Salud y los especialistas encargados de atenderlas.

“Aquí juega un papel decisivo su entorno social, sobre todo porque los padres tienen un rol importante. Además de la atención médica, necesita de ayuda psicológica, es decir, de un equipo multidisciplinario que tratará de volcar a toda la familia en el advenimiento de la nueva vida. Para ello es imprescindible que la paciente esté de acuerdo y acepte al niño como algo querido y no como un estorbo.

“Otro de los más graves problemas del embarazo en la adolescencia desde el punto de vista social es el aumento del índice de deserción escolar. En muchos casos no existe el apoyo de los padres y de la pareja sexual, estos en ocasiones no enfrentan la situación”.

¿Medidas de prevención?

“No sólo es importante volcarnos a la atención de la adolescente embarazada sino también a las medidas de protección. Todos sabemos que son válidas para las infecciones de transmisión sexual, que tanta repercusión tienen, en ocasiones las jóvenes son portadoras de: condiloma, herpes genital, linfogranulomas, sífilis, gonococcia, y el VIH Sida, desdichadamente la gama de complicaciones es muy amplia.

“A muchas adolescentes les cuesta trabajo asumir los métodos de anticoncepción, sobre todo los llamados métodos de barrera, como es el preservativo o condón que todos podemos adquirir con facilidad. Es hora de que sean capaces de tener un pensamiento positivo, futurista y velar por asumir una sexualidad sana”.

Consejos para estas jóvenes…
“Que además de esa etapa tan linda de sus vidas, deben tener percepción del riesgo, y que el comienzo de las relaciones sexuales sea en el momento que lo decidan, siempre y cuando se protejan. En ocasiones no existe comunicación padres-adolescente, consideran al grupo de amigos más importante que la familia, por ello, es recomendable que vayan a las consultas especializadas en los policlínicos y hospitales, donde hay un grupo de personas facultadas que les brindan la ayuda necesaria”.

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