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Un pas de deux con Damián
Por Heldrys
Contreras

Para que un ballet funcione de verdad
tiene que primar la química entre la pareja, asegura
Damián.
(Foto: Cortesía del entrevistado) |
Damián Villa Dueñas tiene
perfecto dominio de la técnica balletística.
Al principio fue difícil, pero con el apoyo de los
padres, la hermana mayor y su tenaz persistencia, no hubo
barrera que le impidiera llegar a la compañía
de ballet Prodanza.
¿Qué sientes cuando
te encuentras encima de un escenario?
“Una profunda emoción;
sin embargo, te confieso que me quedo en blanco, no veo nada,
pues me concentro en lo que estoy haciendo. Siempre trato
de dar lo mejor de mí. Cuando termino siento una gran
satisfacción por los aplausos, de esa manera sabes
si le agradas al público o no; es ahí donde
te das cuenta de si el público reconoce tu trabajo”.
¿Con qué personajes
de los que has interpretado te encuentras más identificado?
“Con Jonathan, el coprotagónico
de “Drácula”. Me gustó mucho y me
costó interpretarlo. Fue una experiencia única,
porque el personaje conjuga la técnica con la expresión
corporal. Enamorado de una muchacha que es la mujer de Drácula,
tiene una extraordinaria sensibilidad que me impresionó.
Aunque también me gustaría interpretar al príncipe
de “Giselle”; no sé cuándo tendré
la oportunidad, pero espero que sea pronto”.
Háblame de Cascanueces, con
el que te diste a conocer de veras.
“Fue el primer personaje principal que tuve en la compañía.
Enfrentar un reto de esa naturaleza es una experiencia formidable,
ya que debía prepararme para un ballet completo y eso
es un poco complicado. Al mismo tiempo, tiene que ir todo
muy bien concatenado, funciona alrededor de ti y si tú
no funcionas bien, no se ve bien. En cambio, me encantó”.
¿Cuánto de Cascanueces
hay en Damián?
“Cascanueces es un joven o adolescente enamorado y apasionado.
En eso tiene que ver conmigo. También me recuerda mi
infancia, mis anhelos de jugar, divertirme con otros niños,
realizar cosas propias de esa etapa, las cuales no pude hacer,
porque aquí uno empieza una carrera muy temprano y
la juventud se te acorta: llegas a las seis de la mañana
y sales a las seis y media de la tarde, y no tienes tiempo
para recrearte, jugar, divertirte como otros niños,
como uno normal de nueve años que se pasa la mitad
del día jugando.
“Uno siempre lleva ese niño por dentro que le
faltó en su etapa, pues lo que te tocó no lo
pudo vivir así. En fin, me identifico con Cascanueces,
lo entiendo y comprendo sus penas”.
¿Qué significan para
ti la amistad, el amor…?
“Pienso que estos sentimientos son
lo bastante inmensos como para reducirlos a tres o cuatro
palabras. El ballet es una carrera de infinito amor, ¿sabes?,
por el sacrificio, la entrega y dedicación que implica.
Estás casi el día entero con una muchacha, tratando
de que todo te salga bien, y, sin darte cuenta, te conviertes
en su amigo, porque para que esto funcione de verdad, tiene
que primar la química, la empatía.
“Eso es muy importante, pues tienes
que interiorizar que no sales al escenario solo, estás
con alguien que es tu amiga y has de sentir por ella lo que
el personaje sentiría”.
¿Qué no debe perder
de vista un bailarín?
“Un bailarín nunca termina
de estudiar, de explorar nuevas cosas; siempre debe estar
perfeccionándose porque la técnica nunca deja
de evolucionar, está en constante cambio.
“Aunque parezca que es por código,
que tiene un esquema preestablecido y que va por un mismo
lugar, no es así, y uno debe estar autocorrigiéndose
siempre”.
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