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Fina García Marruz
Entre la luz y el silencio
Por Mercedes Santos Moray

Fina García Marruz es, hasta
la fecha la única mujer que ha recibido el Premio
Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda
(Fotos: Archivo) |
Habanera, nacida entre la luz y el silencio,
poblada de sueños y de fantasía, Fina García
Marruz parecía —como lo afirmaba su amigo (y
esposo de su hermana Bella, ese gran poeta que siempre será
Eliseo Diego)—“una
muchacha campesina que llevaba consigo todo el amor y la ventura,
imantada por la fe y la vida”.
Para ella, y así lo ha afirmado “el
hoy humilde, me parece el verdadero alimento”. Y en
este sentido, es deudora de aquella poesía mística
española del Siglo
de Oro, especialmente, de la íntima expresión
de un San Juan de la Cruz, muy próxima también
al ideario estético y a las virtudes estilísticas
y humanas que se explicitan en el poemario de Martí
que conocemos como “Versos Sencillos”.
Para esta mujer, madre de los célebres
músicos cubanos José María y Sergio Vitier,
y compañera en la obra y en el verbo de otro grande
de las letras cubanas, Cintio
Vitier, la bondad es el alimento de su poesía.
“La poesía no estaba para mí
en lo nuevo desconocido, sino en una dimensión nueva
de lo conocido, o acaso, en una dimensión desconocida
de lo evidente. Entonces trataba de reconstruir, a partir
de aquella oquedad, el trasluz entrevisto, anunciador. Relámpago
del todo en lo fragmentario, aparecía y cerraba de
pronto, como el relámpago”.
En 2007 llegó una noticia verdaderamente
conmovedora: en la cuarta edición del Premio Iberoamericano
de Poesía Pablo Neruda, por primera vez se honraba
a una mujer, y esta era nada menos que nuestra Fina García
Marruz, una de las más puras voces líricas de
las letras cubanas de todos los tiempos, amén de sus
virtudes como ser humano.
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Al otorgársele a la artista, quien
hace de la palabra su refugio y escribe con plena lucidez
a sus 84 años, como en los días en los que fue
musa del Grupo
Orígenes, el galardón rendía también
tributo a las voces femeninas de la lírica iberoamericana,
sintetizadas en el paradigma que para la historia literaria
hispanoamericana ha sido, y es, la también Premio Nobel
Gabriela
Mistral, cuya amistad cultivó en su juventud la
poetisa cubana.
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Laureada en 1990 con el Premio
Nacional de Literatura, que se concede en Cuba como reconocimiento
a la obra de la vida, Fina García Marruz es un ser
humano de natural modestia, que prefiere mantenerse en silencio
entre aplausos y vítores. Una persona capaz de la mayor
entrega desde la generosidad del verbo, en su ternura, pero
igualmente vibrante, como la hemos visto y escuchado en más
de una ocasión, como una paloma con pico de águila.
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