| Las
islas de Cuba
Por Oscar Rodríguez Díaz

(Tomada de www.alai.cigb.edu.cu)
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Casi siempre, cuando hacemos referencia
a nuestro país, usamos la frase estereotipada de "la
isla de Cuba", aunque todos sabemos que los límites
jurídicos de nuestra nación van más allá
de los marcados por la línea costera de su ínsula
principal y engloban, además, a la Isla
de la Juventud y otros 1 600 cayos e islotes, cuyo número
preciso es prácticamente imposible de expresar, aun
en la era de las fotos satelitales, pues en muchos casos constituyen
una verdadera maraña de mangles y barreras arenosas,
sin aparente solución de continuidad.
Se trata de aquellos territorios que emergen
sobre la plataforma insular cubana y se reparten, según
el Diccionario Geográfico de Cuba del año 2000,
en una superficie total de 109 722 km2. Cito la cifra aunque
no me atengo con rigidez a ella, pues el perfeccionamiento
de los métodos e instrumentos de cálculo geodésico
y cartográfico hacen que su expresión numérica
varíe constantemente.
La isla de Cuba, donde residimos la inmensa mayoría
de los cubanos, retiene la tajada terrestre principal de nuestro
hermoso archipiélago tropical, con 105 006 km2 (95,7
por ciento de la superficie terrestre total) y se extiende,
alargada y estrecha, a lo largo de unos 1 250 kilómetros
desde el Cabo de San Antonio hasta la Punta de Maisí.
Aunque nos gusta decir que es pequeña y hasta pequeñísima,
resulta que realmente es una de las más grandes del
mundo. No solo es la mayor de las Antillas, como se nos enseña
desde los primeros grados, sino que es la isla más
grande de toda Latinoamérica y el Caribe y la sexta
de todo el entorno americano, donde cuatro de las que la superan
en tamaño son territorios helados y casi desiertos
en la encanecida cabeza septentrional del continente, al estilo
de Groenlandia o la Tierra de Baffin.
Desde el sur de la canadiense
Terranova y hasta los confines meridionales del archipiélago
de Tierra del Fuego, no existe isla mayor que la de Cuba,
que —por añadidura— ocupa a escala planetaria
el puesto 16 en razón de su tamaño. Debemos
vivir orgullosos, precisamente, de habitar uno de los objetos
insulares más grandes, hermosos y variados de la Tierra.
En la isla mayor de nuestro grupo insular amanecemos cada
día, de acuerdo con estimados de mediados del pasado
año, un total de 11 152 486 personas, cifra que representa
el 99,2 por ciento de los habitantes de la nación cubana,
lo que arroja una densidad demográfica global (para
la Isla) de 101,6 habitantes por kilómetro cuadrado.
En ella tienen asiento 54 de las 55 ciudades del país,
encabezadas por La
Habana, Santiago
de Cuba y Camagüey.
La segunda en tamaño es la Isla de la Juventud, que
emerge airosa en el centro del archipiélago de los
Canarreos. Su tamaño es de 2 204,1 km2 y en su muy
hermosa geografía viven 86 537 habitantes, la casi
totalidad de los cuales están asentados en la porción
septentrional, al Norte de la ciénaga
de Lanier, límite natural que separa esa parte
de cerros y llanuras del Sur, bien distinto, donde el paisaje
es cársico, la vegetación de bosques semidesiduos
y la población reducida a los habitantes de la pequeña
localidad de Cocodrilo y a los trabajadores estacionales del
faro de Carapachibey y del radar meteorológico de Punta
del Este. Junto al río de Las Casas, puerto y localidad
urbana a la vez, se asienta Nueva Gerona, la única
de las ciudades cubanas que se levanta fuera de la Isla principal.
El resto de la superficie de nuestro país corresponde
a islotes y cayos, de los cuales solo tres tienen más
de 300 km2 de superficie (cayos Romano, Coco
y Sabinal en el archipiélago de Sabana-Camagüey
o Jardines del Rey) y apenas
otros dos, más de 100 km2 (cayos Guajaba y Fragoso
en el mismo grupo insular).
Recapitulemos: las islas de Cuba y de la Juventud y los cayos
Romano, Coco, Sabinal, Guajaba y Fragoso, suman siete territorios
insulares, siete espacios que emergen entre el mar Caribe
al sur y el Estrecho de la Florida y el Canal Viejo de Bahamas
al norte. Se reparten conjuntamente el 99,2 por ciento de
todas las tierras que sobresalen del mar en el archipiélago
cubano.
Quedan más de 1 550 cayos. La inmensa mayoría
de ellos son pequeñísimas manchas de exigua
vegetación que interrumpen el vaivén de las
olas, pobladas por enjambres irresistibles de mosquitos. Cubren
738,2 km2 y un simple cálculo aritmético nos
dice que a cada una de esas manchitas corresponde apenas 0,47
km2 de superficie, que ni siquiera podemos llamar terrestre,
pues se trata muchas veces de barras arenosas en las que subsisten
precariamente los mangles, a las que se acercan, de cuando
en cuando, barcazas de pescadores.
No es extraño. El mundo está lleno de islotes
y cayos y la mayoría no posee población residente,
pues la escasa superficie, la carencia de agua potable y la
escasez de suelos aptos para la agricultura, los hacen inhabitables.
Es lo que ocurre con la mayor parte de la cayería cubana,
incluida la del Golfo de Batabanó, bajo jurisdicción
habanera.
(Tomado
de elhabanero.cubaweb.cu) |
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