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Estamos
hechos para mejorar
Por Alina Pereira
Robbio
Hemos vivido
tiempos tan difíciles, que estamos listos para muchas
cosas, sobre todo para mejorar, afirma un joven cuya labor
en Centro Habana le permite conocer y ayudar a quienes saldaron
o saldan deudas con la justicia
Reynier Liván Villar Almenares se acercó al
micrófono. Entonces habló como es él:
por lo directo. Algunos testigos de esa reunión reciente
que convocó a trabajadores sociales, abogados, dirigentes
políticos y miembros de la Policía Nacional
Revolucionaria, lo han felicitado. A alguien, quizá,
puede haberle alarmado el “aguaje” con el cual
este joven de 24 años compartió sus impresiones
sobre algunos temas abrasivos del bregar cotidiano.
Lo que nadie puede poner en entredicho, y por eso nuestro
diario ha querido tener un diálogo con él, es
que este muchacho que dirige en el municipio capitalino de
Centro Habana el Frente de Reinserción Social, asume
con pasión y profundidad sus responsabilidades como
trabajador
social.
Al indagar sobre el contenido de su labor, Reynier me explica
que el Frente de Reinserción Social debe estar al tanto
de quienes han sido sancionados penalmente y saldan o han
saldado su deuda con la justicia. El trabajo incluye a la
familia y a los seres más cercanos de estas personas.
“Hay algunos —lamenta Reynier— que no han
sido acogidos del todo por la sociedad; que no han recibido
el tratamiento más adecuado después de haber
cumplido con su sanción”.
¿Te sientes bien haciendo tu trabajo?
“Sí, aunque tiempo atrás no habría
podido imaginar fácilmente que haría algo como
lo que hoy estoy haciendo“.
¿Por qué?
“Porque el camino para llegar fue largo. Yo había
estudiado en los Camilitos, después había elegido
una carrera en la Academia Naval Granma, donde tuve problemas
con una asignatura de la especialidad, lo cual me hizo dejar
esos estudios. Posteriormente pasé el Servicio Militar.
“A mí siempre me ha gustado mucho superarme.
En el Servicio Militar me estaba preparando para las pruebas
de ingreso con vistas a matricular Derecho, o Cultura Física.
Al final, la gramática me jugó una mala pasada,
y me caí en la prueba de Español. Pensé
que todas las oportunidades se me habían acabado. Pero
un día, conversando en mi casa con un tío que
es profesor de Geografía, supe de los trabajadores
sociales, sobre lo que hacían, lo cual despertó
mi inclinación por esa labor.
“Fui, me inscribí, me aceptaron y empecé
en la Escuela Formadora de Trabajadores Sociales de Cojímar.
El mío fue el tercer curso que se impartió en
la escuela desde su nacimiento. Duró cerca de un año.
Me gradué en el año 2002 y empecé a trabajar.
Hoy, gracias a la universalización de la enseñanza,
estudio el segundo año de Psicología”.
¿Qué tipo de tareas has cumplido?
“Entre otras, fui jefe de un destacamento especial que
atendía las escuelas secundarias básicas del
municipio de Centro Habana. Después atendí el
Destacamento de la Reserva, un grupo al cual le asignaban
tareas especiales y que, por ejemplo, trabajó en un
estudio, en codificar planillas que recogían el nombre
de los niños matriculados en las escuelas. Tiempo después
me designaron para que atendiera el Frente de Reinserción
Social“.
De tu labor actual, ¿qué rasgos destacarías?
“Que es un trabajo difícil porque en primer lugar
hay que convencer a las personas de la importancia de lo que
uno está haciendo. La regla de oro del trabajador social
es hacerse amigo de las familias, de todas las personas, y
en especial de los jóvenes que han cometido un error.
“He aprendido que hay problemas que pueden ser superados
de una manera u otra; y que nosotros podemos ser, no una fuente
de escape para los demás, sino una vía para
que muchos conozcan que siempre hay posibilidades de cambiar,
de ser diferentes.
“Y he aprendido que a las personas hay que saber llegarles,
lo que hay es que ver la vía por la cual se les puede
dar la explicación más correcta sobre la ayuda
que necesitan para resolver el problema que tengan.
“Lo otro es que prácticamente hay que vivir,
como aquel que dice, en el mundo en el cual se trabaja. La
misma existencia de los jóvenes va tan de prisa, que
uno podrá ser alguien muy ‘estudiado’,
pero si no conoce nada de la calle, difícilmente podrá
llegarles a esos jóvenes”.
¿Alguna historia en estos tres años
de trabajo social?
“Conocí a la madre de una muchacha que hoy está
sancionada. La señora tiene 62 años, vive sola
con su nieto, es decir, con el hijo de la muchacha. Prácticamente
vivían de la solidaridad del vecindario. En una de
las visitas que les hice, los vecinos me comentaron que la
señora es una ´persona muy buena, necesitada
de ayuda´.
“Los trabajadores sociales lograron que el nieto reciba
una chequera, que esté bien cuidado en su escuela y
que la abuela almuerce en un comedor comunitario. Es muy bueno
ver qué felices se sienten las personas cuando reciben
ayuda, aunque a veces sea mínima.
“Conocí a otra joven que también fue sancionada.
Ella se me acercó porque necesitaba el seminternado
de su hija. Ya había empezado a trabajar y necesitaba
esa ayuda. Hicimos todos los trámites. En estos momentos
tengo las mejores relaciones con ella, la visito mucho, le
he dado apoyo moral, y es una historia que verdaderamente
me ha marcado.
“Este trabajo es muy humano, demanda muchas veces de
gran valor, y no puede verse mecánicamente, en blanco
y negro. Aquí todo tiene su matiz, y ese ‘matiz’
me parece la palabra clave”.
¿Sientes que lo que haces tiene sentido, utilidad?
“Siento que hay utilidad en lo que hago porque a partir
de este trabajo, jóvenes que estaban totalmente desviados
han entendido que el mejor camino no es el del delito, ni
estar parado las 24 horas del día en una esquina hablando
boberías. Porque allí no se habla de cómo
enamorar una muchacha, de cómo llegarle, sino de lo
buena que está aquella moto, de qué se va hacer
para inventar “cinco pesos” para el fin de semana.
No digo que los “cinco pesos” no hagan falta,
pero cuando uno empieza a hablar solo de eso, parado en una
esquina, ya sabemos que después no viene nada bueno…
“El que le busque la vuelta a todo esto se da cuenta
de que puede ser muy útil en este tipo de trabajo,
y no solo dedicado a los jóvenes que estén sancionados,
que tengan una situación determinada, que no trabajen,
que no estudien, sino también a todo tipo de persona”.
¿Qué más has aprendido haciendo
este trabajo?
“Lo más importante que he aprendido en este trabajo,
que me puede servir para mi vida futura, es que uno tiene
que trazarse una meta en la vida, una meta que no solo lo
favorezca a uno sino también a los demás que
nos rodean, ya sean amigos o familiares, para que se sientan
complacidos con lo que estamos haciendo, para que sientan
la alegría de que uno está haciendo algo útil
por los demás, por la sociedad.
“También he aprendido que es muy útil
tener cultura, superarse, aprender”.
¿Y en casa qué dice la familia?
“Siempre hemos sido una familia muy bien llevada. Mis
abuelos han inculcado a sus hijos y nietos las mejores costumbres.
Mi abuelo es una persona que siempre conversa conmigo, le
gusta mucho el trabajo que hago, y a mi mamá también“.
Imagino que habrás tropezado con prejuicios…
“Muchos. Es verdad que hay errores y errores, que los
hay ligeros y graves, pero existen centros de trabajo que
no aceptan ni ayudan a los sancionados, en vez de apoyarlos
para que se inserten nuevamente en la sociedad y vuelvan a
ser útiles.
“Hay lugares donde, cuando se tiene conocimiento de
que una persona ha cometido un delito, la expulsan al primer
fallo, sin hacer un trabajo profiláctico con ella.
Y es ahí donde entramos nosotros a desempeñar
un papel oportuno”.
¿Cuántas horas al día trabajas?
“Este es un oficio que no tiene horario específico.
A veces es tarde en la noche y es cuando podemos tocarle la
puerta a alguien que en todo el día ha resultado incapturable.
Se es trabajador social todo el tiempo“.
¿Cómo imaginas tu vida cuando te gradúes
como psicólogo?
“Totalmente diferente, porque voy a ser una persona
con mayor preparación, más culto, que podrá
lidiar con problemas a los cuales ahora, por falta de conocimiento,
puede que no le encuentre la respuesta más adecuada.
“En otro momento de mi vida, quizá cuando ya
sea licenciado, podré ver las cosas desde otro punto
de vista. Algo sí puedo asegurar desde ahora: me parece
que el trabajo social es un asunto de todos, no solo de los
trabajadores sociales”.
¿Cuál es la filosofía que has
heredado de estos últimos tres años?
“Que la vida hay que vivirla sin darle la espalda a
los problemas, porque el problema siempre estará ahí,
y hay que enfrentarlo y buscar las vías para solucionarlo“.
¿Cuándo tengas un hijo, qué te
gustaría aconsejarle para que sea una persona de bien?
“Le diría, primero que todo, que estudie mucho.
No me gustaría que pasara por los problemas que pasé
yo. Hay quienes protegen mucho a los hijos, y les “tapan”
muchas de las faltas que cometen. No me gustaría ser
paternalista, aunque tampoco me gustaría gritarle,
ni avasallarlo, ni maltratarlo. Conversaría mucho con
él“.
¿Crees que el ser humano está siempre
presto a mejorar?
“Creo definitivamente que sí, sobre todo el cubano
que es una persona que piensa mucho, que analiza, que lucha
todo el tiempo. Hemos vivido tiempos tan difíciles,
que estamos listos para muchas cosas, sobre todo para mejorar“.
(Tomado de www.juventudrebelde.cu) |
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