| Enrique
Díaz Quesada: entre el ensueño y el cine cubano
Por Jennys
Laura
Desde aquella primera demostración pública del
cinematógrafo en Cuba el 24 de enero de 1897, el cine
ha devenido en una de nuestras más arraigadas pasiones.
Para develar su historia inicial es necesario acudir a un
hombre, un parque y una constante.
Era el 25 de marzo de 1906 cuando un temerario
operador fue capaz de atrapar en apenas siete planos el ambiente
festivo del habanero Parque de Palatino. La prensa de su época
lo catalogó como “Padre de la Cinematografía
Cubana”. Su nombre era Enrique Díaz Quesada.
Lo cierto es que su primer filme “El Parque de Palatino”,
revela una increíble intuición cinematográfica.
Este pionero del cine nació en La
Habana de 1883. Con 15 años conoció a José
García, un publicista que desde finales del siglo XIX
ya fabricaba los primeros anuncios lumínicos en Cuba
e incursionó en cristales y películas, llegando
a experimentar incluso con anuncios animados. Díaz
Quesada se asoció con este hombre sin saber que iba
acercándose a su verdadera vocación.
Hay un proverbio chino que reza que la
más larga caminata comienza con un paso. Sin dudas,
para el Padre de la Cinematografía Cubana ese primer
paso fue la filmación de su cortometraje documental
“El Parque de Palatino”, que patrocinó
la empresa cervecera propietaria de ese centro de atracciones.
Meses después ya se proyectaban las imágenes
de su documental “La Habana en 1906”. Al año
siguiente propone el cortometraje “Un duelo a orillas
del Almendares¨, y tres días después exhibe
el corto “Un turista en La Habana”. Enrique continuaba
produciendo películas que, aunque de corta duración,
indicaban su constante de vida: hacer cine.
Los títulos iban en aumento cuando
lleva a cabo otra hazaña. instala el primer estudio
cinematográfico del país. Narran que utilizaba
telas para tamizar la luz solar y que en los bajos de aquella
azotea de la calzada de Jesús del Monte se ubicaban
el laboratorio y otras instalaciones.
Díaz Quesada fue también
un cronista de su época. A él se debe el más
lejano antecedente de los noticiarios en la Isla. Bajo el
título de “Cuba al día” comenzó
a presentar noticias de sabor local. Entre los sucesos registrados
por su cámara se encuentran las sesiones de la Asamblea
Constituyente de 1901, la partida de Charles Magoon de La
Habana y la salida de tropas hacia Santiago de Cuba durante
la sublevación de los Independientes
de Color. Este reportaje se conoce con el título
“La Campaña”, en el cual, según
testimonios de espectadores, logró escenas impresionantes.
Su próximo nacimiento fílmico
resultó ser el primer largometraje de ficción
del cine silente nacional. Este basaba su argumento en un
libro de Federico
Villoch. En él daba vida a un afamado bandido.
Su título era “Manuel García” o
“El rey de los campos de
Cuba”. El rodaje se realizó durante seis
meses y fue compensado con la aceptación del público
y la crítica. Entre sus cuadros culminantes se encontraban
el despeñamiento de una locomotora desde lo alto de
un terraplén, el asalto de un tren en marcha…
escenas que cautivaron a aquel público de 1913.
Sin embargo, para este habanero la osadía
no solo sería causa y precursora de su éxito,
sino que también le traería algunos contratiempos…Cuentan
que Enrique se dispuso a filmar la competencia por el Campeonato
Mundial de Boxeo en 1915, que se celebraría en el Hipódromo
de Marianao entre el campeón Johnson y Jess Willard,
aspirante al título; pero el primero se negó
a validar el contrato. Con su afán de siempre, el cineasta
decidió introducir en secreto una cámara y logró
filmar los hechos climáticos de los 26 rounds, al final
de los cuales Johnson perdería el título.
Por supuesto que las imágenes fueron
exhibidas y nada menos que en un cine al aire libre que se
encontraba frente al actual cine Payret. Johnson se disgustó
muchísimo, a tal punto que inició una querella
judicial. El juez encargado del asunto resolvió que
no había delito alguno, ya que no se especificaba ninguna
prohibición en cuanto a tomar fotografías o
filmar películas. Exonerado de culpabilidad, aquello
no fue más que una de las tantas manzanas de la discordia
que el viento se ha llevado.
Díaz Quesada también fue
el realizador de la que se consideró la película
más taquillera del cine silente cubano. Era este un
filme de ficción para el cual se escogió un
argumento que mostraba el hecho ocurrido en 1902 cuando fue
arriada la bandera española en el Morro y se izó
la enseña nacional cubana.
“El rescate del brigadier Sanguily”,
otro de sus filmes, causó gran impacto en el público
de la época. Narran que incluso suscitó una
riña inmensa el día de su estreno. Los contendientes
eran cubanos y españoles que acudieron a ver el filme;
el escenario del duelo resultó ser el teatro París.
La reacción local ante aquella cinta
que reflejaba la heroica hazaña de una tropa cubana
contra las fuerzas españolas no se hizo esperar. Un
cronista relata que “enardecidos los ánimos al
poco rato aquello no era un teatro, se tornó una babel
ensordecedora; los cubanos la emprendieron a piñazos
limpio con los españoles al extremo de que hubo que
encender las luces del teatro y desalojar el salón”.
Sin dudas, aquel filme había hecho vibrar la fibra
más intensa del sentir nacional.
Conminado por sus ansias de hacer Diaz
Quesada realiza otro filme que puede conceptuarse como el
primer intento de acercamiento del cine nacional al folklore
afrocubano. Su título era “El poder de los ñáñigos”.
Posteriormente continúa con su prolífera producción.
Cuando tenía casi listo el guión
de lo que hubiera sido la película cumbre de su carrera,
“El Titán de Bronce”, muere víctima
de una neumonía provocada por una fuerte gripe contraída
como secuela de un torrencial aguacero durante una grabación
que decidió no interrumpir. Tenía entonces 40
años este iniciador al cual se debían 17 de
los 40 títulos de ficción rodados en el período
de 1907 a 1922.
Poco tiempo después un incendio
destruyó los negativos originales de toda su obra,
mas “El Parque de Palatino” sobrevivió
milagrosamente a la voracidad de las llamas. Con ella perdura
la obra de un innovador por excelencia que hizo del cine su
constante de vida.
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