| Aniversario
135 del nacimiento de Federico Villoch
Por María Elena Piedra
No hubo en Cuba escritor teatral más
fecundo, en los primeros lustros del siglo XX, que el matancero
Federico Villoch, nacido en el pequeño pueblo de Ceiba
Mocha el 16 de octubre de 1868.
Su familia se trasladó a la capital
cuando Federico apenas acababa de cumplir dos años
de edad; de modo que, por el entorno en que creció,
llegó a considerarse habanero. Además, en La
Habana estudió Leyes, carrera que finalmente abandonó
para consagrarse al periodismo y el teatro.
El primer estreno teatral de Villoch (que
resultó un fracaso de público) fue su pieza
“La gran pesca”, puesta en la escena del teatro
Irijoa (luego Martí). En 1896, sin embargo, con “La
mulata María”, comenzó una ininterrumpida
serie de éxitos que, ya en 1909, luego de catorce años
de trabajo autoral alcanzaba los 152 títulos dramáticos.
“La mulata María”, con
música del célebre músico cubano Valenzuela,
es una obra llena de picardía, música y bailes
congos, y un diálogo mezclado con deformaciones idiomáticas
de los negros, lo que evidencia la influencia del bufo original.
En el terreno periodístico, Federico
Villoch fundó la revista Luz y Sombra y fue uno de
los más conocidos y respetados redactores de Fígaro.
También colaboró en otras publicaciones. Entre
ellas, La Iberia, Unión Española, La Caricatura
y La Habana Elegante, en cuyas páginas publicó
sus “Cuentos a Juana”.
En cuanto a libros fue autor de numerosas
obras desde que, en 1892, publicó -Por esos mundos.
Impresiones de un viaje- hasta sus clásicas “Viejas
postales descoloridas”. La guerra de independencia-,
que vio la luz en 1946, ocho años antes de su desaparición
física.
Ya retirado del teatro, el
dramaturgo retornó al periodismo, precisamente con
sus “Viejas postales ...¨¨, que inicialmente
publicó en capítulos en el -Diario de la Marina-.
Al morir en La Habana -el 11 de noviembre de 1954-, a los
86 años de edad, Villoch dejó inédita
una novela sobre la guerra de independencia, con el título
“Marta Flores”, de la que había publicado
un fragmento en Fígaro. Con frecuencia, utilizó
el seudónimo Cascabel.
(Tomado
de Radio Habana Cuba Digital) |
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