| El
alzamiento de los Independientes de Color (1912)
La discriminación llegó
a grados escandalosos porque no se ingresaron ciudadanos negros
en la policía ni, en verdad, se obtuvo adecuado tratamiento
para los veteranos negros.
Por Julio Le Riverend

El ejército ahorca a uno
de los negros alzados.
(Tomada de www.cubagob.cu) |
Convendría recordar que tras de las
dos guerras de independencia, en las cuales participó
decisivamente la población negra de Cuba y que sirvieron,
como señalara Martí, para que los cubanos de
las dos razas aprendieran a convivir, la discriminación
racial pareció acentuarse desde el momento en que se
instauró el gobierno de ocupación norteamericano.
Es sabido que para satisfacer los prejuicios
raciales de las tropas norteamericanas se evitó toda
presencia oficial de los negros, produciéndose casi
un fenómeno de segregación racial. Algunos cubanos,
es el caso de Juan Gualberto Gómez, aceptaron esta
situación en aras de la rápida liquidación
de la ocupación militar y al objeto de que los políticos
norteamericanos no tuvieran pretexto alguno para realizar
sus proyectos anexionistas y racistas.
Pero la discriminación llegó
a grados escandalosos porque no se ingresaron ciudadanos negros
en la policía ni, en verdad, se obtuvo adecuado tratamiento
para los veteranos negros. En 1902 el Comité de Veteranos
de Color realizó un mitin contra esta política
acentuada por la ocupación militar norteamericana;
los veteranos negros fueron considerados, aunque nunca plenamente,
como ciudadanos con todos los derechos.
Dos incidentes pueden ilustrar la situación
a que se llegó en estos primeros años: la oferta
de un cargo de cartero al general Quintín Banderas,
en una administración en la que muchos cargos habían
sido dados a ciudadanos blancos de tan pobre preparación
como la del General, y en el incidente de la invitación
a una celebración oficial dirigida al senador Martín
Morúa Delgado, con exclusión de su esposa, mientas
que a los demás senadores se les invitaba con sus respectivas
cónyuges.
En 1908 y dentro de las condiciones de la
política al uso, los ajustes para las candidaturas
en las elecciones municipales dejaron insatisfechos a una
serie de ciudadanos de la raza negra, originándose
entonces la Agrupación Independiente de Color, cuyo
objetivo era proponer sus propias candidaturas.
El dirigente de esta agrupación,
que se organizó como partido para las elecciones de
1910, era Evaristo Estenoz, que había figurado como
uno de los responsables de la frustrada huelga de 1899 en
representación de los albañiles de La Habana.
En la guerra de agosto participó activamente a favor
de José Miguel Gómez.
En 1910 Estenoz era más bien un pequeño
contratista de obras y con él se reunieron en La Habana
otros ciudadanos, algunos de relativa buena posición
económica. Formaron el Partido Independiente de Color
para llevar sus propios candidatos a cargos provinciales y
de representantes.
Surgió entonces la iniciativa del
senador Morúa quien propuso adicionar el artículo
17 de la Ley Electoral con una prohibición absoluta
de partidos raciales o de clase. La discusión fue muy
animada, distinguiéndose Salvador Cisneros Betancourt,
que se opuso porque ello constituía una limitación
a la libertad que todos los cubanos debían tener para
agruparse y expresar sus pensamientos.
Sin embargo, la enmienda fue aprobada por
el Congreso, iniciándose a partir de entonces una ola
de acusaciones contra el Partido hasta el punto que fueron
procesados Estenoz y otros, aunque salieron absueltos de esa
causa. Se reprimieron actos públicos del Partido y
éste se dividió en dos grupos, según
aceptaran o no mantener la lucha hasta que se derogase la
enmienda y, dentro de la mecánica de la política
al uso, fueron apoyados algunos elementos del Partido Conservador.
A medida que los esfuerzos que realizaban
se mostraban inútiles, fue creciendo la tesis de que
era preciso lanzarse a una lucha armada para presionar al
Congreso al objeto de que reconsiderara su acuerdo.
Algunos grupos alzados daban vivas al presidente Gómez
y a su reelección. Los grupos de insurrectos aparecieron
en Pinar del Río, La Habana, Las Villas y Oriente.
Prácticamente iniciaron sus operaciones
el propio 20 de Mayo del año 1912 y hasta agosto no
quedó totalmente liquidado el movimiento. Estenoz se
suicidó (*) antes de caer preso el 26 de Junio y el
coronel del Ejército Libertador Ivonet fue asesinado
el 12 de Julio. Ambos cayeron en Oriente.
La ola de agitación en contra del
movimiento se caracterizó por la unión de todos
los elementos conservadores. Por un lado, Menocal propugnaba
que los veteranos debían mantener el orden y que se
debía proceder con energía. La prensa nacional
y la norteamericana daban al movimiento un cariz de peligrosísima
división racial. Se organizaron, como en otras ocasiones,
los consabidos cuerpos de voluntarios, los cuales se distinguieron
al igual que el general José de Jesús Monteagudo,
jefe de la Guardia Rural, por los excesos que cometieron contra
la población negra en Oriente.
El movimiento de los Independientes de Color
ha sido muy discutido porque, como es evidente, implica la
discusión de uno de los problemas básicos del
retraso social, político y económico del país
hasta 1958. Pocas veces se ha reparado en que la causa del
movimiento insurreccional, o sea, la discriminación
racial, era un hecho evidente.
Por otra parte, también ha sido evidente
que la política al uso ha utilizado elementos políticos
de la raza negra para darle apariencia democrática
a sus programas y actividades, sin que en verdad ello reflejara
una sustancial política de igualdad en todas las actividades
del país.
Finalmente, dentro de las condiciones de
miseria en que vivía el pueblo de Cuba a principios
de la República, la población negra era la que
sufría más profundamente sus efectos. Todos
estos hechos explican la insurrección, aun cuando en
ella pudieran haber elementos ambiciosos e intrigas de grupos
políticos interesados en producir un trastorno de apariencia
racista.
Por otra parte, el programa social vinculado
al Partido de los Independientes de Color tiene sumo interés,
no solamente por las consignas antidiscriminatorias y de bienestar
social (abolición de la pena de muerte, enseñanza
gratuita obligatoria, apertura del Servicio Exterior para
los ciudadanos negros, etc.) sino por las consignas sociales
como el establecimiento de la jornada de ocho horas, de los
tribunales de trabajo, la distribución de tierras del
Estado, la revisión de los expedientes posesorios de
todas las tierras y la nacionalización del trabajo,
consigna justa frente al fomento de la inmigración
de baratos estimulado por los latifundistas y la política
norteamericana.
Podría afirmarse que las causas de
este movimiento fueron justas en tanto en cuanto los alzados
se movieron por ellas, pero el procedimiento fue incorrecto
porque la lucha contra la discriminación racial no
podía ser exclusiva de un grupo (fueran blanco o fueran
negros) sino obra de todo el pueblo de Cuba.
Asimismo el movimiento, que incluía
en su programa consignas sociales. Por esas razones los elementos
y partidarios de la discriminación racial pudieron
agitar el fantasma de esa insurrección ante toda la
población cubana y en el extranjero.
Esta perturbación fue motivo más
para la intervención armada norteamericana, so pretexto
de que el gobierno no garantizaba la paz. Las reiteradas negativas
a aceptar la "ayuda" extranjera públicamente
expresadas por la Secretaría de Estado cubana, bajo
la dirección entonces de Manuel Sanguily, ocasionaron
una tensión política muy grande.
(Tomado de www.lajiribilla.cubaweb.cu)
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