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“Feliciten a esos muchachos por haber hecho un buen
secuestro”
Por Yenys Laura Prieto Velazco

Juan Manuel Fangio en el momento
en que era liberado en La Habana.
(Tomada de puntoclasico.com.ar) |
Juan Manuel Fangio, el gran
deportista argentino, protagonista de innumerables hazañas
en pistas automovilísticas de todo el mundo, encuentra
cabida no solo en la memoria de sus seguidores sino también
en una historia cubana de lucha y retención amistosa.
Es 23 de febrero de 1958. La Habana se conmueve ante la fiebre
de las carreras automovilísticas. Por segunda vez un
Gran Premio se desarrollará en el centro de la ciudad.
La competencia asumirá como escenario
la pista ubicada delante del Hotel Nacional y a lo largo del
Malecón habanero.
Todos los pilotos afamados de la época están
allí. Difícilmente alguien recordará
la competencia en sí misma, pero lo sucedido el día
anterior le hizo ganar un lugar en la historia.
Mientras parte de la ciudad realiza los
preparativos del evento, nueve hombres se alistan para raptar
al legendario campeón argentino Juan Manuel Fangio.
Por entonces, la Isla estaba bajo el gobierno de Fulgencio
Batista, Fidel Castro comandaba el Movimiento
26 de Julio en la Sierra Maestra y Fangio, “El Chueco”,
acababa de convertirse en quíntuple campeón
de Fórmula 1.
La dirección de las fuerzas revolucionarias
calculó que secuestrar al deportista más importante
del mundo sería un buen golpe de publicidad y una manera
de ridiculizar a la dictadura.
El objetivo de la acción era frustrar
el evento-disfraz creado por la dictadura para entretener
al pueblo cubano y difundir la voz de los revolucionarios
cubanos a través de la opinión pública
internacional.
En realidad, aquel fue un secuestro muy particular. Las crónicas
de la época hablan de una acción matizada por
la cortesía y la audacia. Tras su liberación,
“El Chueco” contó que los guerrilleros
lo alojaron en lugares lujosos y que no paró de firmar
autógrafos.
Sin embargo, a los raptores les preocupaba que los secuaces
de Batista asesinaran al quíntuple campeón para
después culparles del crimen.
La acción duró 27 horas. Luego
el as declararía que todo había sido “un
cortés y lujoso secuestro”. Jesús
Orta Ruiz, en su “Poema del secuestro amable”,
ofrece desde la poesía los principales matices del
hecho:
Relámpago con ruedas, aerolito
no del aire sino del pavimento,
viniste, Fangio, a Cuba en un momento
en que mi patria desataba un grito.
Había en la ciudad, el mar y el viento,
una tristeza de jardín marchito.
Pero quería el sátrapa maldito
la pena disfrazarnos de contento.
Tú eras el centro de la fiesta cuando
te retuvo y aisló gentil comando
de la Revolución. Mi pueblo triste
su protesta montó sobre tu gloria;
y así la gran carrera que no hiciste
en la pista, la hiciste en nuestra historia.
El corredor argentino consideró que
en cierta medida los “amigos secuestradores” le
habían hecho un gran favor, pues su auto presentó
algunas fallas a última hora.
“Cuando la Revolución triunfe lo haremos invitado
de honor de Cuba”, le prometió entonces el joven
guerrillero Arnold Rodríguez. Un año y medio
después, “El Chueco” devino Huésped
Ilustre del país.
Aquella vez no pudo ser, pero en 1981,
cuando regresó a La Habana, calificó el rapto
como una acción especial “hecho por gente que
tenía sus ideales y quería darlos a conocer
de cualquier manera”.
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