| Un
alma que habita en dos cuerpos, un corazón que habita
en dos almas
Por Samira Suárez Hernández

A los amigos los queremos y valoramos
tal y como son.
(Tomada de www.juventudrebelde.cu) |
La amistad está considerada
la relación más pura y limpia del alma. No importa
la edad para formar buenos y verdaderos amigos. Da lo mismo
el género, ya sea de nuestro sexo o del sexo opuesto.
Ello significa que la amistad es un tipo de unión afectiva
que se basa en la comunicación, el apoyo mutuo, la
comprensión, el cariño y la absoluta armonía
entre dos personas. La amistad anima el alma y estimula el
corazón.
Surge entre dos o más personas que sienten un afecto
mutuo, desinteresado e incondicional. Cuando definimos la
palabra amigo la comparamos con hermano,
pero los amigos son diferentes, ya que a los amigos los elegimos
nosotros mismos. Es en este punto donde entramos a valorarlos
y quererlos tal y como son, y logran tanta importancia en
nuestras vidas justamente porque se trata de relaciones que
nosotros mismos decidimos crear y mantener a cada instante.
Cuando elegimos un amigo queremos compartirlo todo con él,
ya que llegamos a establecer una relación de mucho
respeto y confianza el uno por el otro, no se basa en raza,
ni en niveles sociales o profesionales.
Es difícil dar un concepto exacto de amistad, ya que
esta genera tantas sensaciones y sentimientos en nosotros
que no hay calificativo para ello. Muchos dicen que la amistad
es una virtud que hay que forjar y mantener, otros que es
como el amor y mucho más; sin embargo, para la Real
Academia Española consiste en el “afecto personal,
puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace
y se fortalece con el trato”.
Pero como toda relación, las verdaderas amistades se
asemejan a las plantas: requieren cuidado y se van marchitando
si no se les atiende debidamente. Actúan como un todo
en una estrecha relación humana, varían con
la experiencia, el trato cotidiano. Cada nueva palabra, cada
reacción, cada contestación, cada nueva experiencia
compartida va forjando una historia común, que será
tenida en cuenta por los amigos en sus futuros intercambios.
Entonces, la amistad es una relación que está
constantemente actualizándose: se recrea y se redefine
constantemente, para mejor o para peor.
Con el tiempo la amistad puede crecer o disminuir, y hasta
deteriorarse al punto de desaparecer. Puede haber profundos
desacuerdos, que provoquen apasionadas discusiones muy enriquecedoras.
Antes que el orgullo por tener la razón, siempre se
impondrá el afecto, la tolerancia y la aceptación
del otro tal como es. Entonces, la amistad no puede más
que reformarse y hacerse más fuerte a lo largo del
tiempo, a medida que los amigos van teniendo ocasión
de conocerse y comprenderse mejor. Tampoco la distancia amenaza
a una amistad verdadera: dos amigos siempre se sentirán
cerca uno del otro, se encuentren donde se encuentren, y siempre
hallarán la forma de mantener el contacto y la vitalidad
del vínculo.
La relación amistosa se alimenta de cierta cantidad
de ideas, opiniones, emociones, prioridades e intereses en
común. Casi siempre los amigos tienen la misma forma
de ver la vida y los mismos deseos para el futuro, y siempre,
de una forma u otra, el uno está en el otro.
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