| Zhang
Yimou
Fino artesano de la imagen
Premios en importantes plazas del cine mundial como
Berlín, Cannes o Venecia y varias nominaciones al Oscar
en la categoría de mejor película extranjera,
avalan la filmografía de Zhang Yimou (1950), el más
universal de los realizadores chinos contemporáneos.
Por Pavel
López

“Si quieres que el mundo te
conozca tienes que presentar buenos trabajos”, asegura
el director chino Zhang Yimou.
(Tomada de www.china.org.cn) |
Dos décadas consagradas al séptimo
arte no han menguado su capacidad para hipnotizar audiencias.
Desde su debut tras las cámaras con la cinta “Sorgo
rojo” (1987), Oso de Oro en el Festival de Berlín,
hasta el reciente estreno de las exitosas “Héroe”
y “La casa de las dagas voladoras”, el director
chino Zhang Yimou ha perfilado una obra catalogada por expertos
de auténtico banquete para los sentidos.
Una perenne obsesión por la imagen
acompaña a este maestro del celuloide, empeñado
en cincelar cada fotograma cual fino artesano, buscando la
luz precisa, el encuadre exacto, la gama cromática
justa, que otorguen a sus planos la difícil estatura
de la perfección.
Rápida carrera
al éxito
De operario textil en una granja a director de prestigio internacional,
la trayectoria de Yimou parece impulsada por insólitos
golpes de suerte.
Hace 30 años reunía centavo a centavo para comprar
la primera cámara fotográfica, momento que marca
el inicio de sus coqueteos con el séptimo arte.
La pasión por el lente fue decisiva
para su posterior ingreso en la Academia de Cine de Pekín,
de la cual se graduó en 1982 sin sospechar que en corto
tiempo sería aclamado como el máximo exponente
de la Quinta Generación de Realizadores Chinos.
El movimiento estuvo integrado por cineastas
que iniciaron su carrera una vez concluida la Revolución
Cultural, complejo proceso histórico que ocupó
a la nación asiática de 1966 a 1978, y que tuvo
de gestor principal al líder político Mao Zedong.
¿La clave del éxito? Exigencia y perseverancia,
cuyos frutos pueden rastrearse en filmes como “Semilla
de crisantemo” (1990), primera película de ese
país nominada al Oscar; “La linterna roja”
(1991), que entró también en la disputa por
las codiciadas estatuillas de la academia, o “Qiu ju,
una mujer china” (1992), León de Oro en el Festival
de Venecia.
Doncellas de acero
“Siempre tiendo a adoptar una mirada positiva hacia
las mujeres. Por ello he acaparado un montón de acontecimientos
históricos en mis trabajos, sobre la cultura y las
tradiciones chinas.
”El hombre y el padre son los elementos
dominantes tanto en la sociedad como en la familia, y existe
mucha presión sobre la mujer. Yo quiero reflejar eso”.
Con estas palabras justificaba Yimou su
predilección por las féminas en reciente entrevista
concedida al programa TalkAsia. En abierta lucha contra las
imposiciones de la tradición o las tempestades de su
universo emotivo, ellas alientan el imaginario del director.
Por ese camino Yimou ha edificado soberbios
personajes en las cintas mencionadas, y en otras como “¡Vivir!”
(1994), verdaderas heroínas de la pantalla grande,
interpretadas magistralmente por sus actrices fetiches Gong
Li y Zhang Ziyi, dos rostros enigmáticamente bellos
convertidos en auténticos mitos del cine.

Afiche del filme chino “La
casa de las dagas voladoras”.
(Tomada de www.vagos.es) |
Espectáculo
en grande
El siglo XXI conoció de un drástico cambio en
la brújula creativa de Yimou a partir de tres filmes
memorables: “Héroe” (2000), “La casa
de las dagas voladoras” (2004) y “La maldición
de la flor dorada” (2006).
En ellos el realizador asumió
las coordenadas del género Wuxia (de espadachines y
caballería), muy popular en la década del 60
de la pasada centuria, cuyo anterior rescate en la cinta “Tigre
y Dragón” (2000) ofreció excelentes resultados
al taiwanés Ang Lee.
No obstante, Yimou se adentró en
el Wuxia de forma muy particular: fantásticos combates
entre guerreros desafiando elementales leyes de la física,
personajes remontándose por los aires, obsesión
por ralentizar el movimiento en la búsqueda del instante
único e irrepetible, vértigo por los decorados
ampulosos e infinidad de extras, dejaron sentada la devoción
del autor por la imagen y suscitaron la más abierta
polémica en todo el orbe.
Muchos se levantaron contra esa estética
del exceso visual, comparando las películas de Yimou
con un abundante banquete, tras el cual se terminaba empachado
más que satisfecho.
Otros justificaron sus desmesuras dada la
conexión con el pastiche, modalidad que propone, según
la crítica, un acercamiento contemporáneo a
los géneros, reciclados, no de la forma en que existieron,
sino como la memoria afectiva de los espectadores los recuerdan.
Diferencias aparte, todos coinciden en comparar
el cine de Yimou a un espectáculo con mayúsculas,
ante el cual difícilmente el público puede quedar
indiferente.
A este geniecillo oriental no parece asustarlo
el riesgo, toda vez que se mantenga la excelencia como premisa.
“Si quieres que el mundo te conozca tienes que presentar
buenos trabajos”, afirma. “Cuando lo haces, siendo
optimista, conseguirás el reconocimiento absoluto”.
Curioso...Curioso
De boca en boca
Agenda al día
|