| Una
novia para David
La virtud de saber elegir
En el contexto del XI
Congreso de la FEEM rescatamos un filme memorable, que
recreó la vida estudiantil sin edulcoraciones, y dialogó
sobre la libertad de elección y la tolerancia necesarias
para nuestro crecimiento como individuos y como sociedad.
Por Pavel
López

Ofelia (de pie) y David logran salir
airosos de la lucha contra la intolerancia ante cualquier
tipo de diversidad.
(Foto: Archivo) |
En 1985 asaltaba las salas
cinematográficas cubanas, convirtiéndose, sin
problemas, en una de las películas más populares
del séptimo arte insular. Dos décadas después,
“Una novia para David” mantiene intactos el encanto
y la frescura de aquellos días.
Su evocación, entre nostálgica
y severa, de los años de juventud y del contexto académico,
continúa embelesando al público, que sucumbe
fácilmente ante esta tierna y divertida historia, en
la cual se imbricó una crítica oportuna a algunas
deficiencias del proyecto social cubano.
La secuencia conclusiva de la cinta, con
la pareja protagónica declarándose su amor ante
la mirada perpleja de sus semejantes, constituye recuerdo
perenne en aquellos que reverenciamos el cine de la Isla.
Una inmensa Elena
Burke interpretando el tema ”Ámame
como soy”, y una sugestiva atmósfera fotográfica
a base de contraluces, acompañó el idilio final
de los enamorados, que conquistaron el beneplácito
de los espectadores al consumar en la pantalla grande una
pasión cercada por los prejuicios y la incomprensión
desde su nacimiento.
El argumento
Debut como realizador de Orlando Rojas, “Una novia para
David” se inspira en varios cuentos del escritor cubano
Senel Paz, entre ellos, “Los dos amigos y la gordita
Ofelia”, “No le digas que la quieres” y
“Rodolfo”.
El guión, a cargo del propio Senel,
narra la llegada de David a la capital para cursar estudios
preuniversitarios como becado. La candidez e inocencia del
personaje serán explotadas por sus compañeros,
interesados en convertirlo en la pareja sentimental de Olga,
la muchacha más codiciada de la escuela, quien, curiosamente,
pone sus ojos en David.
Entretanto, Miguel, líder informal,
machista y lleno de dobleces ideológicas, iniciará
al protagonista en las supuestas bondades de la vida citadina,
presentada por él como panacea del éxito económico
y el amor libre, sin compromisos afectivos de ninguna índole.
Por su parte. Ofelia, una gordita dirigente
estudiantil, víctima constante de las burlas del grupo,
abrirá a David las puertas de un mundo de valores y
lo conquistará paso a paso, enarbolando como únicas
armas su carácter jovial y su fortaleza de principios.
La historia llegará a su clímax cuando se conoce
la simpatía de David por Ofelia, momento ante el cual
nuestro héroe tendrá que tomar decisiones trascendentales.
Albergue adentro
Entre las muchas virtudes de “Una novia... sobresale
la desmitificación del espacio estudiantil y la adolescencia
como instancias paradisíacas. Pese a invocar constantemente
la risa del espectador, el guión disecciona la terrible
agonía que representa para los jóvenes la búsqueda
de la pareja ideal.
Asimismo, el contexto académico se
muestra en la cinta pletórico de actitudes negativas,
que crean un clima de inestabilidad emocional e inseguridad
en los personajes e, incluso ocasionan daños irreparables
en algunos de ellos. Los realizadores rastrean indistintamente
en los espacios formales (aulas, matutinos), e informales
(baños, albergues), dentro del preuniversitario, para
contrastar las disímiles actitudes que se generan en
ellos.
En las aulas y los matutinos se mantiene
en pie el espejismo de la unidad del colectivo, el asentimiento
a las exigencias del mandato social, y la participación
en las actividades escolares. Por otro lado, los baños
y albergues devienen refugio para el comentario disidente
y el cultivo de la intolerancia ante cualquier expresión
de diversidad. En esta área se terminan reproduciendo
múltiples formas de exclusión, que encuentran
blanco ideal en el personaje de Ofelia.
De esta manera queda expuesto en todas sus contradicciones
un grupo social, relevo indiscutible del proyecto político
cubano, pero en el cual persisten rezagos que hacen mella
en los protagonistas, dejándoles como único
camino un replanteo de sus convicciones revolucionarias, tarea
de la que salen airosos.
Final feliz
Orlando Rojas se cuestionaba hacia el año 2000, en
los páginas de la revista
Cine Cubano, la solución conciliadora de su ópera
prima, en la cual los valores positivos del hombre, encarnados
en los personajes de David y Ofelia, se imponían a
las mezquindades y manipulaciones de la colectividad, sutil
alegoría del triunfo de nuestros verticales presupuestos
como nación, ajenos a los dictámenes de un mundo
globalizado:
“El mayor defecto de “Una novia...
es no haber llevado el tema de la intolerancia hasta sus últimas
consecuencias (...) No lograr la obra con la profundidad que
quería me ocasionó mucho dolor, (...) pero el
hecho de que fuera una película más simpática,
que gusta más, la hizo más fácil de filmar”.
Posteriormente, el tema de la intolerancia
tendrá una plasmación más desgarradora
en otra película escrita por Senel: “Fresa
y Chocolate” (1993), paradigma cinematográfico
indiscutible de la mayor de las Antillas.
“Una novia para David” quedará,
en cambio, como el primer esbozo de esa pieza maestra, aunque
transida de una ternura que la vuelve un manjar diferente,
recuerdo de aquellos que desandamos sin remedio los caminos
del cine nacional.
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