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Para vivir mejor
Por IWC

La cooperación es el beneficio
mutuo en las interrelaciones humanas y su fundamento en
el principio del respecto mutuo.
(Foto: Elio Miranda) |
Desde los tiempos del filósofo griego
Sócrates se han analizado conceptos relativos a los
términos de los valores humanos, es decir, aquello
que representa en sí lo mejor del espíritu,
de la raza y la civilización.
Nociones tales como belleza, el bien o el
mal han sido motivo de indagación por parte de innumerables
filósofos. Los estoicos, por ejemplo, fueron pioneros
en intentar explicar la existencia y el contenido de los valores
de preferencia moral, y así hablaron profusamente de
la dignidad y la virtud, entre otros.
Platón decía que un valor
“es lo que da la verdad a los objetos cognoscibles,
la luz y belleza a las cosas; en una palabra, es la fuente
de todo ser en el hombre y fuera de él”.
Max Scheler fue un filósofo alemán
que abordó ampliamente el tema durante la sociedad
burguesa que nacía en el siglo XVII. Para él,
los valores son cualidades de orden especial que descansan
en sí mismos y se justifican por su contenido. El sentimiento
de valor es una capacidad que tiene el hombre para captar
los valores. Para este pensador, “el hombre es hombre
porque tiene sentimiento de valor”.
A fines del siglo XX y principios del XX,
con los aportes de los clásicos marxistas, se comienza
a abordar el concepto de valor sobre la base de la relación
sujeto-objeto, de la correlación entre lo material
y lo ideal.
De ahí que la filosofía marxista-leninista
estableciera el análisis objetivo de los valores, a
partir del principio del “determinismo aplicado a la
vida social, donde se gestan el valor y las dimensiones valorativas
de la realidad; es decir, esa capacidad que poseen los objetos
y fenómenos de la realidad objetiva de satisfacer alguna
necesidad humana.
Como puede apreciarse, la necesidad del
estudio de los valores ha existido a través de las
diferentes etapas históricas, aunque respondiendo a
los intereses de clases y a las condiciones concretas existentes.
Sin embargo, a pesar de los análisis
relativos a los valores humanos, estos continúan en
boca de prácticamente todo el mundo. Muchos están
cada vez más preocupados y afectados por la violencia,
los crecientes problemas sociales y la falta de cohesión
social a nivel mundial. Realidades que ponen en entredicho
la sonada proclama de que somos cada día más
civilizados y que, al parecer, se mide más por el desarrollo
tecnológico y no por el humano que, en definitivas
cuentas, es lo que debiera regir el verdadero avance de nuestra
supuesta “civilizada humanidad”.
Los valores humanos:
el hombre: armonía
¿Por qué la importancia de los valores humanos?
¿Por qué preocuparse por aquello que pudiera
considerarse ideal o utópico? ¿Por qué
incentivar emociones que todos sentimos, pero que llevamos
escasamente la práctica o de manera inconstante? Cabría
preguntarse: ¿un mundo mejor es posible?
La respuesta es sí
(ese sí está dado desde la
creencia de este humilde periodista, seguro de que muchos
piensan o creen igual; aunque respetamos opiniones diferentes).
Si en comunión decidiésemos
dar lo mejor de nosotros, si el mundo entero resolviera perdonar
y no tomar represalias contra aquello de lo cual estima ha
sido víctima, el cambio seria apreciable de inmediato.
¿Es una utopía, un sueño?
Tal vez. Pero si sentimos o creemos en ciertos valores universales
de armonía es porque existen y, si existen en cada
uno de nosotros, entonces podemos alcanzarlos. ¿No
crees tú lo mismo? ¿O acaso no luchas por ser
cada día mejor?
Quizá ya te estás preguntando:
¿cuáles son esos valores?
Los
valores universales:
* Honestidad
* Felicidad
* Humildad
* Respeto
* Libertad
* Amor
El final
Muchos afirman que existe una crisis universal de valores.
La globalización, los desengaños, las esperanzas
que nunca se cumplieron, crisis económicas que nos
han afectado a todos, han traído consigo internamente
carencias materiales y un bajo nivel de satisfacción
de las necesidades.
Esto ha provocado, como reacción
inmediata, la disminución del valor de los fenómenos
espirituales y sociales, y que se les conceda mucha más
importancia a los asociados con la satisfacción de
las necesidades materiales.
A algunos valores morales universales como
la honestidad, se les ha impuesto un rasero práctico
regido por la doble moral o el utilitarismo, por tan solo
citar un caso.
No es una batalla perdida. Si luchamos cada
uno desde nuestro espacio, desde nuestra individualidad, por
practicar cada valor en la medida de nuestras posibilidades,
ya estamos haciendo algo por nosotros y también por
los demás.
No cabe dudas, como escribió Felipe
Sánchez Linares en su libro “¿Es ciencia
la filosofía”?: “que la solidaridad es
más rentable que el egoísmo, que el costo de
la codicia es superior al de la generosidad, que la eficiencia
basada en la administración democrática es superior
a la genialidad de cualquier burócrata y que el economismo
no puede ser la supraideología de una nación
que aspira a seguir siéndolo con todos y para el bien
de todos”.
Los jóvenes cubanos opinan
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