Hacia las primeras décadas del siglo
XIX, uno de los más grandes hombres de nuestra América,
Simón Bolívar, combatía a lo largo y
ancho de los Andes no solo para alcanzar la emancipación
del continente, sino para elevar el nivel cultural de sus
habitantes, de tal suerte que repercutiera en beneficio de
la productividad de estas tierras.
Durante el último cuarto de la misma centuria, el Héroe
Nacional cubano,
José
Martí, enarbolaba las banderas de la vinculación
estudio-trabajo, como uno de los procedimientos cardinales
para la formación del hombre nuevo.
Las figuras de Bolívar y Martí, dos líderes
unidos en un mismo pensamiento, presidían majestuosos
–y no por mera coincidencia– la comisión
de enseñanza Programas de la Revolución de este
XI Congreso de la FEEM, en el cual el vínculo estudio-trabajo
acaparó gran parte de la atención plenaria.
Se sabe que al calor de la
Batalla
de Ideas, protagonizada por la
Unión
de Jóvenes Comunistas, surgieron los Programas de la Revolución.
Entonces la juventud cubana dio pruebas de ese entusiasmo
que le caracteriza, y se sumó con pasos agigantados
a la obra defensiva de nuestras conquistas.
Cursos emergentes de enfermeros y maestros, de
Trabajadores
Sociales, de Superación General Integral, son solo
algunos ejemplos. Aunque, sin ánimos de suficiencia,
los últimos llevaron al tapete de discusión
reflexiones muy maduras, dignas a tener en cuenta.
Nada es casual. El mundo está sujeto a leyes y la propia
ley del dinamismo social (y juvenil) los hizo partícipes
del presente encuentro. El Curso de Superación General
Integral entró al anterior congreso como quien dice
“con el pie derecho”, porque si llegó solo
como invitado, lo hizo para quedarse. Es archiconocido que
allí obtuvo la posibilidad de sumarse a la
Federación
de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM).
El privilegio de encarar por vez primera como delegados un
evento de tal magnitud le da carta acreditativa. Y el debate
de esta enseñanza fue directo al asunto, cuando se
refirió al tema de la vinculación estudio-trabajo.
Para Hanoi Castellón, presidente del municipio de Ranchuelo,
en la central provincia de
Villa
Clara, el asunto adquiere mayor dimensión, sobre
todo porque se les ofrece una oportunidad casi inédita
que los coloca a la vanguardia de los actuales tiempos; pero,
además, los prepara docentemente y los forma como trabajadores
prestigiosos.
Luis Manuel Echavarría, del Secretariado Municipal
de Artemisa, en la
provincia
de La Habana, tiene sus reservas en cuanto a las ofertas
laborales que no siempre son las que ambicionan los estudiantes
del proyecto. Sin embargo, él sabe las necesidades
del país y se decidió por una carrera pedagógica.
De
Camagüey
es Liunys Hernández, quien valora el asesoramiento
del Ministerio de Educación y de la propia FEEM para
rescatar a muchos jóvenes desvinculados del estudio
y el trabajo. Lo anterior arrojó como resultado que
un alto porcentaje de estos estén hoy ocupados y, si
bien el órgano del trabajo de la provincia tiene dificultades
para ofertar puestos laborales, el programa ha contado con
el apoyo de los ministerios de Educación, Salud Pública
y Comercio Interior.
En
Sancti
Spíritus radican 568 madres con niños pequeños
que carecen de Círculo Infantil, algo que preocupa
a la FEEM de la provincia ante el problema para incorporarlas
al empleo. Una realidad que pondera y seguro se “colocará
en la mira” para buscarle solución, de manera
que puedan continuar estudios sin abandonar el trabajo.
“…y detrás de cada escuela un huerto”,
decía nuestro Martí como anteproyecto a esta
vinculación que combina, en definitiva, la mezcla perfecta.