| Y
no solo se lava la cara Por
Araima
Saco

(Foto: Luis Leonel) |
Aquel hermoso mar y la deslumbrante bahía
que nos presenta Walt Disney en animados como “La sirenita”
y “Buscando a Nemo”, se quedan pequeños
ante la Bahía de La Habana, que está dejando
de ser el ecosistema costero más contaminado de Cuba.
Cualquiera que la haya visitado en épocas
anteriores estará de acuerdo conmigo en que antes era
bochornoso mirar sus aguas oscuras, que no dejaban reflejar
la más insignificante forma de vida.
Hoy, gracias al Grupo de Trabajo Estatal
para el Saneamiento, Conservación y Desarrollo de la
Bahía de la Habana (GTE-BH) y su fabuloso plan de saneamiento,
las gaviotas y los pelícanos irrumpen en sus aguas
y nos hacen la visita.
El Grupo, presidido por el ingeniero Armando
Choy, se creó el 15 de junio de 1998 y está
facultado para aprobar las inversiones, construcciones y servicios
que se realicen en la zona portuaria, velando así de
que no dañen el ambiente. También es el que
propone formas de incentivar económicamente a empresas
comprometidas con el saneamiento y cuidado de la rada.
El plan elaborado por el equipo comprende
dos etapas. En la inicial, de cinco años, se eliminaron
desechos sólidos e hidrocarburos; también se
redujo la materia orgánica proveniente de la ciudad
y las industrias. Con esta primera acción se logró
disminuir los malos olores y mejoró considerablemente
el paisaje costero.
En la segunda etapa, que abarca el período
2005-2009, se continúa insistiendo en la supresión
de los desperdicios urbanos e industriales, en el mantenimiento
ambiental de la zona costera y la rehabilitación del
fondo marino.
Actualmente funciona una empresa encargada
de acopiar los desechos de los buques, con el fin de evitar
vertimientos a la bahía. Otro equipo especializado
recoge los sólidos que flotan, mientras un contenedor-separador
procesa aquellas manchas de aceite o petróleo que tan
mal aspecto daban a la enorme bolsa portuaria.
Cuba también tiene previsto rubricar
acuerdos internacionales enfocados a prevenir la contaminación
por basuras generadas de los buques, debido al incremento
de los viajes marítimos de placer en las aguas de la
Isla.
Países como Italia, Alemania, Bélgica
y Japón, así como el Programa
de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), contribuyen
también con el programa de saneamiento ambiental puesto
en marcha para la Bahía de La Habana.
Dicho proyecto ya deja ver sus frutos, ya
que es evidente una recuperación sanitaria. Se le ha
devuelto cierta cantidad de oxígeno a las aguas de
la Bahía, lo que posibilita, de forma paulatina, la
reanimación de la flora y la fauna marinas.
Un viejo vecino de la zona afirma que antes
era asiduo pescador, a pesar del deterioro ambiental de la
rada y lo sucio de sus aguas. Pero ahora su hijo, heredero
de esa tradición familiar, le dice que los cambios
son notables, por lo que muy efusivamente comenta: “Es
bueno que a la Bahía le estén lavando la cara”.
Y yo me atrevo a agregar que no es solo
la cara, sino hasta el cuerpo y el alma.
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