| Él
y ella
Amor de amigos
Por Ramón
Torres

|
Sentados como están,
él se acurruca junto a su compañera y la mira
tiernamente a los ojos. Ella lo conoce perfectamente. Sabe
que cuando adopta esa posición, significa que algo
anda mal y necesita comunicárselo. Lo observa fijamente,
mientras sus delicados dedos se enroscan en los ensortijados
cabellos del muchacho. Nadie como ella lo comprende tan bien
y eso es lo que ha dado pie para que los demás compañeros
de la escuela comenten maliciosamente.
Quizás tú, ahora mismo, estés pensando
que se trata de una pareja de tortolitos enamorados…¡Error
ciento por ciento! Ellos no son más que excelentes
amigos.
La amistad mujer-hombre es tan natural como la que se establece
entre personas del mismo sexo, solo que los mal pensados siempre
tratan de descubrir segundas intenciones, anclados en posiciones
seculares hace ya rato en desuso. Si mi abuelita tuvo que
criarse en una escuela de monjas y mi mamá en un colegio
exclusivo para señoritas, hoy nuestra juventud participa
junta en casi todos los proyectos, sin distinción de
género.
Acaso este año te hayan tocado las actividades agrícolas
en un campamento mixto. ¿Te limitarías de relacionarte
o contar con la amistad de alguien del sexo opuesto? Seguro
que no. El círculo se estrecha aún más
si estudias en una beca, donde el intercambio entre chicas
y varones constituye parte de la cotidianidad.
Amistad y… nada de “eso”
La cienfueguera Purita confiesa una profunda admiración
por su amigo Arístides.
“Con él puedo hablar cosas que a otra gente escandalizaría
–explica–. Compartimos ideas, objetos, y él
es muy tierno conmigo. Lo conozco desde la secundaria y siempre
me atrajo su compañía, sin pensar en lo ‘otro’.
Un día decidimos alquilar una cabaña y nos fuimos
de excursión solos. Tuvimos que dormir pegaditos; sin
embargo, de ‘aquello’ no pasó nada.”
–¡¿Qué tú dices?!–
te dirás–. Eso no se lo cree nadie. En el fondo
hay algo.
Y puede que tengas razón: hay algo. Él busca
en Purita cualidades ajenas a las de otras chicas; ella, el
paradigma de hombre que quisiera entre sus posibles candidatos.
En cambio, la cercanía de sus cuerpos no les pone los
pelos de punta, como sucede cuando a cualquiera de los dos
se le acerca otra persona que les agrade (sexualmente hablando).
Los polos opuestos se atraen
Conservo la experiencia de muchachas a las cuales amé
mucho… como amigas, y de una cosa estoy convencido:
la amistad entre un hombre y una mujer no es imposible.
Puede que un día te sorprendas fantaseando con aquella
persona y que eso te perturbe; sin embargo, es lo más
normal del mundo. Todos sabemos que los polos opuestos se
atraen, y tú no eres de hierro.
A una eterna amiga mía le tuve que confiar que me gustaba
su aspecto y por eso me preocupaba tanto cuidar el mío
(pues, aquí entre nosotros, ella era un bomboncito
y, aunque la veía con otros ojos, era indiscutible
su atractivo físico).
Yo no soy el único que cree en esa amistad. Una reciente
muestra efectuada por la revista Somos Jóvenes
entre 50 estudiantes de Ciudad
de La Habana arrojó que más de las tres
cuartas partes consideraba que un hombre y una mujer sí
pueden llegar a ser buenos amigos.
A pesar de que casi todos declararon contar como mejor amigo
a una persona de su mismo sexo, la mayoría concuerda
en la posibilidad de una amistad bisexual. No es fácil
que otros lo entiendan, sobre todo en la medida que van pasando
los años y ese acercamiento se va haciendo más
“eléctrico”.
Pero ahora eres joven y no debes sulfurarte
por lo que pueda suceder, pues si al final llegaran a “eso”,
no creo que la vida se te arruine; en definitiva ya se habrán
conocido lo suficiente y esto será siempre una ventaja.
En la mayoría de las ocasiones, el compañerismo
fraguado de antemano les ayudará a solucionar las diferencias.
|