| Revolución
audiovisual en la Isla
Por Pavel
López
Con un significativo aumento de las obras
en concurso y del protagonismo femenino tras las cámaras,
arrancó este año la VII Muestra de Nuevos Realizadores,
destinada una vez más a incentivar el conocimiento
sobre el más reciente audiovisual facturado por jóvenes
en Cuba.
Múltiples salas del circuito comercial,
abocadas tradicionalmente a la proyección de filmes
de las grandes industrias, cedieron paso por breves días
a propuestas alternativas confeccionadas con limitados recursos,
pero vinculadas en su afán por distanciarse del anquilosamiento
temático y formal imperante en los medios nacionales.
Los cerca de 96 filmes en competencia, casi
el triple de la edición anterior, hablan por sí
solos de la magnitud del encuentro, que este año traspasó
las fronteras de los cines capitalinos. Conferencias y debates
fueron llevados a espacios atípicos como el Ministerio
de Relaciones Exteriores, la prisión de Ariza en Cienfuegos,
o las facultades de Derecho, Comunicación Social y
Psicología de la Universidad
de la Habana.
Durante el certamen fructificó el
diálogo inter-generacional, no solo por el acercamiento
de los noveles creadores a figuras consagradas del séptimo
arte en la Isla, sino también por el inteligente programa
de exhibiciones, en el cual se alternaron las películas
más actuales con piezas representativas de la época
dorada de nuestro cine.
Por otra parte, la muestra se vistió
de lujo con la presencia de realizadores foráneos de
la estatura del norteamericano Albert Maysles, uno de los
pioneros del Direct Cinema; el polaco Krzysztof Zanussi y
el argentino Matías Bize, director de la exitosa “En
la cama”, aclamada por la crítica y el público
en 2005 durante el Festival Internacional
del Nuevo Cine Latinoamericano.
Asimismo, el evento abrió sus puertas
a filmes de variadas latitudes. Así lo atestiguan las
películas de la Red de Difusión del Cine Indígena:
las cámaras de la Diversidad, proyecto dedicado a difundir
la realidad de este sector poblacional; o la selección
de obras del festival francés Signes de Nuit, especie
de forum para los jóvenes creadores, que tiene cada
año como sede a la Ciudad Luz.
Las obras
La democratización del espacio cinematográfico
impuesta por el desarrollo tecnológico de los últimos
años, continuó signando los caminos del audiovisual
cubano.
Así lo probó esta séptima
edición, donde se dieron cita, entre otros, filmes
realizados por estudiantes de la Facultad de Medios Audiovisuales
del ISA y
la Escuela Internacional
de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, entidades
que apoyaron modestamente diversos proyectos, garantizando
su florecimiento al margen de instituciones “sagradas”
como el ICAIC
o el ICRT, rectoras exclusivas
durante varias décadas de este tipo de actividad en
la isla mayor de las Antillas.
Paralelamente, se presentaron obras materializadas
gracias a la gestión personal de los artistas. Tal
es el caso de “Mosca”, de Joel Gabriel Reyes,
egresado de nivel medio en la especialidad de Artes Plásticas,
quien realizó su cortometraje con una cámara
digital de foto fija, capaz de grabar breves secuencias de
video sin sonido, y para colmo, en pésimo estado de
conservación.
Los premios
Las bondades de este período de aperturas no solo se
manifestaron en los independientes métodos de producción,
sino también en la inédita diversidad de sujetos
tras el lente y en la pluralidad de miradas que estos dispensaron.
Para confirmarlo basta que repasemos los
premios de esta edición, los cuales recayeron, fundamentalmente,
en las féminas, encabezadas por Heidi Hassan con su
corto “Tierra Roja” (Mejor Ficción) y Patricia
Ramos, mención en la categoría de marras por
su filme “El patio de mi casa”.
.
Las autoras se desentendieron del mero registro del aquí
y el ahora, una peligrosa tendencia que comienza a esquematizar
las propuestas de los más jóvenes, hilvanando
relatos de marcado aliento introspectivo que profundizaron
en los precarios mecanismos de supervivencia de los seres
humanos en situaciones extremas.
Heidi abordó el drama de una emigrante
latina en Europa. Patricia otorgó voz a una sencilla
mujer enclaustrada en un asfixiante entorno doméstico,
frente al cual no encuentra otra salida que adentrarse en
los laberintos de su mente, pletórico de imágenes
de un sutil erotismo, que se erigen tanto en vía de
escape de la realidad, como en un desesperado grito de protesta.
Mientras tanto, Daniellis Hernández
se llevaba a casa el lauro de mejor documental por “Extravío”,
una aguda reflexión sobre las desconcertantes mutaciones
de la identidad bajo los dictámenes de un mundo globalizado.
Asimismo, “Cómo construir un
barco”, de Susana Barriga, y “13 000”, de
Jorge Luis Barber, obtuvieron menciones en este acápite.
Ambas historias apostaron por la grandeza humana de sus atractivos
personajes, conmoviendo unánimemente a la audiencia.
Amores difíciles
Las tensas relaciones entre los espectadores y los jóvenes
artistas nos alertan sobre las deficiencias del certamen tras
sus siete años de existencia. El creciente número
de obras en concurso no siempre es proporcional a su calidad
estética.
Según opiniones de los asistentes
a la muestra, se advierte un vértigo por temáticas
sociales, superficialmente abordadas, que transforman algunas
propuestas en panfletos coyunturales de difícil o imposible
trascendencia más allá del marco espacio temporal
en que se gestaron.
Muchos se conforman con la naturaleza polémica
de sus argumentos y descuidan el rigor formal que debe acompañar
cualquier empresa. El fácil acceso a los medios de
producción audiovisual se convierte, entonces, en un
arma de doble filo cuyos peligros hay que saber sortear.
Los premios del jurado en esta séptima
edición de la Muestra de Nuevos Realizadores prueban
al menos que los organizadores no dejan pasar gato por liebre,
y eso es un logro significativo del evento.
Por otro lado, muchos creadores exigen una
actitud más inteligente del público a la hora
de enfrentar obras distantes de las convenciones narrativas
que imponen los medios de comunicación.
Los filmes que optan por el riesgo discursivo
son premiados muchas veces con el rechazo, la burla, y en
el mejor de los casos, el silencio. Combatir la anemia reflexiva
y el esquematismo en el gusto de los espectadores, constituye
otra meta por la cual trabajar.
Diferencias aparte, los nuevos realizadores
ya cuentan con piezas de valía, que confirman la salud
y la paulatina consolidación del movimiento. Todavía
no puede hablarse de una estética común dentro
del conjunto, pero negar el alcance de sus tempranos frutos
sería también desacertado.
Todo parece indicar que el futuro del audiovisual,
al menos por estos lares, está garantizado.
Curioso... Curioso
Principales premios
de la muestra
Opinan los realizadores
Opina el público
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