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Día Internacional del Libro

El camino de la libertad

Por Mongui

Miguel de Cervantes y William Shakespeare.
Por raro que parezca, ambos murieron el mismo día y con pocas horas de diferencia.
(Tomadas de www.biografiasyvidas.com y www.crrs.ca)

Para alguien que no esté habituado a la lectura, le resultará quizá desconocido por qué la UNESCO decidió declarar el 23 de abril como el Día Internacional del Libro.

¿Sabías que, por esos caprichos del destino, quiso el hado arrebatar el mismo día la vida de dos de las más grandes figuras de la literatura universal? Pues, asómbrate: el 23 de abril de 1616 moría en Inglaterra su autor más descollante: William Shakespeare, en la misma fecha en que exhalaba el último suspiro en España Miguel de Cervantes y Saavedra, máximo exponente de las letras hispánicas.

Si bien se celebra la efeméride en honor del segundo, creo oportuno atribuirles a los dos el mismo mérito: ambos dueños de voluminosa obra; escritores de indiscutible valía, los dos prestigiosos representantes de la literatura mundial.

El autor de “Romeo y Julieta”
William Shakespeare nació en Stratford-on-Avon, Inglaterra, en 1564. Su producción artística fue amplia, y variada en temas y motivaciones.

De su etapa inicial son las comedias “Trabajos de amor perdidos”, “La comedia de las equivocaciones” y la tragedia “Romeo y Julieta”. En estas primeras obras se proyectan personajes hermosos y humanos llenos de fuerza y que luchan por la felicidad.

Le siguen creaciones de matiz histórico como “Ricardo III”, “Enrique IV”, “Enrique V”, y otras no menos conocidas, como “El mercader de Venecia” y “La fierecilla domada”.

Otro período, al cual los críticos llaman de esplendor, lo lleva a “Macbeth”, “Otelo”, “Hamlet” y “El rey Lear”, obras que reflejan la imposibilidad de realizar el ideal humanista en la Inglaterra de la época. La última etapa corresponde a su creación más débil: “Cuento de invierno”, “Cimbelino” y “La tempestad”.

Shakespeare es el autor dramático más llevado al cine hasta el momento. Recordemos “Romeo y Julieta”, ese amor tan trascendental e indestructible, u “Otelo, el moro de Venecia”. Diversas versiones de ambas se han proyectado repetidamente en la televisión cubana.

Por otra parte, te aconsejamos acercarte a “Macbeth”, en cuya trama encontrarás enorme parecido con el argumento del dibujo animado “El rey León” (primera parte). ¡Claro, si para el guión de la película infantil se tomó el patrón de la tragedia!

Desde luego, si lees la pieza de teatro, coincidirás conmigo en que nada supera el placer de degustar la obra original.

El autor de El Quijote
Miguel de Cervantes y Saavedra nace en Alcalá de Henares en 1547 y aunque su obra más conocida es “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, se sabe que su producción literaria es vasta.

En 1585 publica la novela pastoril “La Galatea” y posteriormente compone una treintena de piezas teatrales, entre ellas “La batalla naval”, “La gran turquesca” “La Jerusalén”, “La Amaranta”, “El bosque amoroso” y “La única y bizarra”. Como puedes apreciar, son unos cuantos títulos.

Hacia 1598 escribe Cervantes poesías diversas, sonetos y un romance, mientras que en 1615 elabora ocho comedias e igual número de entremeses.

Sin embargo, se le marginó en su momento, y contra ese imperdonable “descuido” protestó Fitzmaurice-Kelly:

“Una idolatría póstuma procura subsanar el olvido de los contemporáneos, y de ahí esa turba de ignorantes fakires que asumen el calificativo de cervantófilos y tratan de convertir a un hombre, de genio, en un vulgar fetiche. Ser maestro en invenciones, humorista incomparable, peritísimo en observación irónica al igual que el mismo Shakespeare, nada de eso es bastante a juicio de esos fanáticos (…) Debemos considerar a Cervantes como era: un artista literario más sobresaliente en la práctica que en la teoría(…)”.

Leer es crecer
No cabe duda: leer es crecer, y esto es sencillamente algo más que una frase hecha. Precisamente, durante la Feria Internacional del Libro de La Habana correspondiente al año 2006, se ofreció gratuitamente una edición de “Don Quijote de la Mancha” publicada por el gobierno de la hermana República Bolivariana de Venezuela.

En su prólogo, el Premio Nóbel de Literatura José Saramago enfatiza:

“Dice Cervantes, el famoso y nunca asaz leído autor de este libro, nada más empezar su cuento, que un cierto hidalgo de La Mancha de nombre Alonso Quijano, hombre de escasos haberes a pesar de la relativa nobleza de su condición, había perdido el juicio por efecto del mucho leer y mucho imaginar.

“Es cierto que las palabras que escribió Cervantes no fueron esas exactamente, pero unas y oras, como se verá, acaban llevando al mismo punto. De hecho, entre el poco dormir y el mucho leer, que fue la razón dada por el autor para que a Quijano se le hubiese secado el cerebro, y el mucho leer y el mucho imaginar, la diferencia no es grande.

“Quien lee, imagina, y si, por mucho leer, poco duerme, es evidente que va a tener más tiempo para imaginar. Verdaderamente, no creo que conste en los registros psiquiátricos memoria de que alguien se haya vuelto loco por haber leído, aunque mucho, y por haber imaginado, aunque en exceso.

“Al contrario, leer e imaginar son dos de las tres puertas principales (la curiosidad es la tercera) por donde se accede al conocimiento de las cosas. Sin antes haber abierto de par en par las puertas de la imaginación, de la curiosidad y de la lectura (no olvidar que quien dice lectura, dice estudio) no se va muy lejos en la comprensión de uno mismo y del mundo.

“(…) fue gracias a la virtud de esa genial simulación de Cervantes como Alonso Quijano, convertido en Don Quijote consiguió abrir la cuarta puerta, la que todavía le estaba faltando, la puerta de la libertad.

“La curiosidad lo empujó a leer, la lectura lo hizo imaginar, y ahora, libre de las ataduras de la costumbre y de la rutina, ya puede recorrer los caminos del mundo, comenzando por estas planicies de La Mancha, porque la aventura, bueno es que se sepa, no elige lugar ni tiempo, por más prosaicos y banales que sean o parezcan. Aventura que en este caso de Don Quijote no es solo de la acción, sino también, y principalmente, de la palabra.

”Aun cuando sus largos discursos se nos antojan absurdos, incoherentes, despropositados, quién sabe si puestos allí por Cervantes para reforzar en el espíritu del lector la convicción de que Don Quijote está loco perdido, incluso estos acabarán presentándose como obras maestras de la buena razón y del buen sentido, la más fina retórica discurriendo en el más expresivo de los lenguajes, una dialéctica que el propio Sócrates no desdeñaría, un esplendor de vocabulario que Shakespeare (que moriría el mismo día que Cervantes, el 23 de abril de 1616), tal vez hubiera envidiado”.

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