| Juventud
vs.adultez
Enfrentamiento generacional
Por Ramón
Torres

¿Realmente los jóvenes
son tan raros como algunos adultos creen?
(Tomada de www.juventudrebelde.cu) |
Razones históricas —a veces
contradictorias— nos mueven a explorar la percepción
mutua que se establece entre generaciones distintas que, curiosamente,
se nos antojan casi siempre distanciadas. De ahí que
no pretendamos impugnar, ni cuestionar, ni imponer, sino hurgar
en los hechos, en sucesos, en la participación de jóvenes
y adultos en un mismo contexto espacial-temporal.
Al menos en Cuba, ya los africanos
traídos a la fuerza por el dominio ibérico guardaban
cierto recelo en cuanto al traslado de información
a sus descendientes. El destacado investigador cubano Rogelio
Martínez Furé, en un análisis acerca
del tema, refiere:
“Es proverbial la reserva de los africanos
en asuntos religiosos para con sus hijos criollos. Todos los
informantes hijos de ‘negros de nación’
se lamentan de no haber aprendido más sobre los cultos
de sus antepasados, porque ‘los mayores’ les prohibían
participar en ellos, ya que consideraban que ‘los criollos
eran poco serios y no respetaban nada.”
También los peninsulares mostraban
sus dudas con la descendencia criolla, cuyo comportamiento
desenfadado preocupaba mucho al conquistador. Y no era para
menos: de esa fragua emergió el joven Martí,
quien con apenas 16 años ya calificaba de traidor a
un condiscípulo de la escuela, por lo cual fue condenado
a prisión en las Canteras de San Lázaro.
Sin duda, aparece una marginación
hacia la juventud criolla, condicionada ?desde luego? por
un sistema de relaciones de poder-autoridad. Los ejemplos
anteriores constituyen manifestaciones elocuentes de encuentros
generacionales que datan de la colonia.
Los jóvenes
vistos por los mayores
Sin que se pueda explicar con mucho detalle, a través
de los años –siglos quizás–, se
ha visualizado una relación equidistante y negativa
entre generaciones, sobre todo, por la mirada adultocéntrica
que impone la sociedad.
“(…) para los mayores, la juventud
es una enfermedad que se cura con el tiempo; para los jóvenes,
ser adulto es un mal degenerativo que no tiene arreglo”,
apunta la revista española Muy interesante en su edición
No. 285 de 2000.
“Los jóvenes se muestran irrespetuosos”
o “antes no era así”, son criterios escuchados
muy a menudo entre no pocos adultos.
“Quizás tenga que ver algo
en ello la imagen distorsionada de la juventud que suele aparecer
en los medios de comunicación —continúa
la revista Muy…—, propensos a publicar solo la
cara más aberrante de la adolescencia (actos vandálicos,
riesgo desmesurado, fracaso escolar…) Pero no cabe duda
de que incluso las actitudes juveniles más moderadas
confunden a menudo a los mayores. ¿Realmente los jóvenes
son tan raros como algunos adultos creen? (…)”
La catedrática María José
Díaz Aguado (Universidad Complutense de Madrid), en
su libro “Prevención del racismo y la violencia
en los jóvenes”, asegura que la adolescencia
es un período de transición en el que se ha
dejado de ser niño, pero todavía no se es adulto.
¿Qué se es en concreto? ¿Un ser excluido,
acaso, por no encajar en los moldes de lo uno ni lo otro?
¿Está realmente tan perdida la juventud como
afirman los mayores? ¿Fue, acaso, todo tiempo pasado
mejor que el actual?
Los adultos ya atravesaron la etapa de reafirmación
y asumen la vida con otra perspectiva, pero se sabe que ni
ellos ni los niños son capaces de revolucionar, como
regla, el status quo de ninguna sociedad,
sino los jóvenes con su accionar.
La juventud cubana de hoy atraviesa por
la misma dinámica de cualquier otra: la etapa de acceso
al empleo, de implicaciones y definiciones políticas,
de afianzamiento de valores y de afirmación de identidad.
No es casual que muchas de las manifestaciones de estos jóvenes
aparezcan como contracultura.
“La lengua es uno de los matices identificadores
de las personas, de los pueblos (…) –nos dice
Martha O. Pérez Cortes en un trabajo de la revista
del Centro de Estudios sobre la
Juventud–. “El habla de los jóvenes
cambia y se renueva constantemente. Así contribuye
junto a otros aspectos a su afianzamiento como grupo frente
a los adultos.
“(…) algunas veces se advierte
en el habla de los jóvenes términos y giros
que contrastan fuertemente con su actitud ante la vida, debido
al uso indiscriminado de palabras y frases vulgares, consideradas
por muchos como propias de grupos o individuos marginales.”
Los jóvenes, sin embargo, son una
fuerza social a tener en cuenta. Tal vez se manifiesten con
cierta dosis de rebeldía, tal vez les amarguen la vida
a muchos adultos, tal vez les quiten el sueño a sus
mayores. Pero ellos son los verdaderos transformadores de
cultura, y esta es una verdad irrefutable.
|