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Fidelidad

Saltando obstáculos

Las libertades alcanzadas en el terreno social hacen que se disparen las “altas traiciones” vistas, sin embargo, con un sesgo de tolerancia. ¿Son solo elementos culturales los que influyen en el fenómeno, o poseemos también un no sé qué que nos hace más promiscuos?

Por Mongui

Infidelidad.
La infidelidad también es un fenómeno frecuente en otras latitudes.
(Tomada de www.superlativazine.blogspot.com)

No vamos a cuestionar si es ”bueno” o “malo”, sino que iremos al grano, a lo que sucede en cualquier parte y a mirar la realidad como quien dice “a camisa quitada”. Lo cierto es que la infidelidad está siendo vista, sobre todo entre la juventud, como algo muy natural.

La situación no es privativa de Cuba ¡no! Esta costumbre a lo Decamerón cobra cada vez más prestigio, o al menos se admite también sin mucha alarma en otras latitudes. Un sondeo realizado en Estados Unidos y Gran Bretaña, por ejemplo, arrojó que casi 70% de los hombres había engañado a su pareja, mientras que en las mujeres sucedía en 35%. La sociedad italiana cuantificaba 65% para el sexo masculino y 60% entre ellas.

Dicen algunos estudios recientes que el culpable de las “altas traiciones” es un receptor de dopamina que traemos en nuestro ADN. O sea, químicamente nacemos con cierta predisposición hacia la promiscuidad.

Pero si nos dejamos llevar a ciegas por tales afirmaciones, posiblemente quedaríamos ciegos, porque renunciar a una pareja estable suele provocar más dificultades que beneficios. En cambio, nuestros jóvenes (y los de otros lugares) parecen estar muy cómodos con los nuevos descubrimientos de la ciencia, pues ahora contarán con una explicación objetiva que justifique sus “canitas al aire”.

De acuerdo con investigaciones sobre la juventud, este grupo generacional se inclina por las relaciones de “descarga”, de placer, que para nada implica estabilidad sentimental.
Sin duda, se han roto moldes, esquemas y tabúes que antes frenaban el instinto “corneador”. Pero, ya lo decíamos al principio: no estamos aquí para cuestionar si es bueno o malo, porque pudiera ser que ahora estén saliendo a la luz sentimientos antes reprimidos sin que haya que ruborizarse.

Esto de la infidelidad cuenta con algunos defensores, quienes plantean que no se puede evitar después de un tiempo de relación monogámica, y que solo las normas de restricción social frenaban un poco (y todavía frenan) esta naturaleza promiscua que todos llevamos dentro.

Las libertades alcanzadas en materia sexual tienen mucho que ver con ello y así lo considera la doctora Natividad Guerrero, del Centro de Estudios sobre la Juventud:

“La fidelidad cambió su valor, fue mucho más tolerada en los hombres, pero hay mujeres que reclaman y de hecho asumen su derecho a ser infieles, sin que por ello haya que darle más importancia que la que se le da en el caso de los hombres. Existe más tolerancia ante la infidelidad, incluso se han introducido nuevos estilos de relaciones de pareja como la expresión de uniones abiertas.”

No obstante, el paradigma sigue siendo la pareja monogámica. Solo que ha cambiado la perspectiva y en vez de la romántica sentencia “hasta que la muerte nos separe”, ahora defienden un apotegma más práctico y que se ajusta más a sus dinámicos tiempos: “hasta que dure el amor”, y punto.


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