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Desacuerdos productivos

Por Ramón Torres

Pareja discutiendo.
No hay por qué convertir cada discusión en una batalla campal.
(Tomada de www.newsimg.bbc.co.uk)

A Yuselis, una joven que vive cerca de mi casa, le sorprendió la decisión de Dairon de dejarla por otra. Ellos se llevaban tan bien y parecían tan estables que la mayoría de la gente pensaba que aquello terminaría en boda.

“Desde la secundaria nos hicimos novios y, para qué mentirte —se sonroja un poco, pero continúa—, cuando llegábamos a la ‘cuestión’ no había problemas. De pronto tuvimos una discusión intrascendente, creo que por una ropa, y todo ese tiempo tan bonito se fue a pique”.

Muchas personas piensan que no tener “ni un sí ni un no” es sinónimo de felicidad (nosotros lo llamaríamos bajo nivel de preparación para enfrentar peleas). Daniel, por ejemplo, igualaba su felicidad a la ausencia de conflictos:

“Yo vivía orgulloso —nos dice— porque en dos años de noviazgo los dedos de una mano sobraban para contar mis diferencias con Kety. Contrariamente, veíamos cómo casi todas las parejas cercanas, lo mismo del politécnico donde estudio que en la beca de ella, se gritaban o formaban un escándalo dondequiera. Luego me di cuenta de que nosotros no lo hacíamos porque teníamos miedo a herirnos mutuamente. De todas formas, se cayó lo nuestro por incomunicación”.

Varios expertos aseguran que un sinnúmero de parejas creen que decir “nunca peleamos” significa buena salud emocional, pero la realidad no es ni tan lineal ni tan plana. En reiteradas ocasiones el psicólogo cubano Manuel Calviño ha afirmado que hay quien puede no estar de acuerdo con lo que nosotros pensamos o decimos, sin que por ello esté lacerando nuestra integridad.

Discutir es válido e, incluso, promueve el desarrollo. Malo es ser indolente, hiper preocupado por lo que piense el otro. Malo es carecer de la valentía necesaria para compartir nuestros gustos y disgustos.

No es que siempre los que evitan “líos” terminan perdiendo su relación, pero los desacuerdos benefician, más que perjudican, cualquier proyecto. Un conflicto no ventilado puede enquistarse y propiciar actitudes negativas.

Mantener una relación sólida, estable y sin contradicciones antagónicas es normal, pero de ahí a soportar estoicamente el hecho por temor a la ruptura o por hacernos creer que no existe la diferencia, hay un gran trecho.

Las discusiones respetuosas suelen contribuir a que las personas se conozcan mejor, lo cual no quiere decir que se haga de ello un hábito ni que cada conflicto se convierta en una batalla campal en la cual terminemos lanzándonos el primer trasto que encontremos a mano.

A decir de Calviño, debemos hacer valer nuestros derechos sin que eso implique mancillar al otro. Hemos de aprender también a ceder, hemos de aprender a vivir con nuestros semejantes, a respetar los criterios ajenos y promover las discusiones productivas en aras de convertirnos en seres más plenos, completos y seguros.

 

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