| El
gobierno de los Cien Días
Después de la insurrección de los sargentos
y soldados del ejército el 4 de septiembre, se instauró
el gobierno de Grau-Guiteras o "de los 100 días",
efímero como su nombre indica, de composición
heterogénea y carácter nacional reformista,
con proyecciones antimperialistas de su ala izquierda, encabezada
por Antonio Guiteras.
La jornada de trabajo de ocho horas y jornal mínimo;
intervención de las compañías norteamericanas
de electricidad y teléfonos; rebaja de un 45% en las
tarifas eléctricas; disolución de los viejos
partidos políticos tradicionales vinculados todos con
el machadato; proyecto de ley de reparto de tierras, entre
otras medidas revolucionarias promulgadas por Guiteras, y
la política zigzagueante de Ramón Grau San Martín
comenzaron a desconcertar a Fulgencio Batista y a los sargentos
del 4 de septiembre, asustados ante el carácter radical
que tomaba la revolución. Presionados por Welles, cuyo
gobierno no reconoció al de Grau, comenzaron a conspirar
con la Embajada de EE.UU.
La traición del entonces coronel Batista, quien representaba
la mejor garantía para los negocios y propiedades estadounidenses,
no se hizo esperar. En tumultuosa reunión en el Circulo
Militar de Columbia, el 15 de enero de 1934, intenta justificar
ante la Junta Revolucionaria su actitud, y Grau entrega la
presidencia.
La creciente inconformidad con el "nuevo régimen"
(Batista-Caffery-Mendieta) provocó la huelga general
de marzo de 1935. Sin respaldo armado, y llevada a cabo pese
a la falta de unidad dentro de las fuerzas revolucionarias,
es aplastada violentamente y seguida de una ola de terror
contra el movimiento obrero y revolucionario.
En mayo de ese mismo año, con el asesinato de Antonio
Guiteras, se liquidó el último vestigio de resistencia
armada.
A juicio de Roa, la sangrienta derrota de la huelga general
de 1935 es el momento preciso en que fracasa la revolución
del 33.
El 33, al igual que en 1868 y 1895, se propuso la reconquista
de la soberanía y la autodeterminación ”uncidas
desde 1902 al dominio norteamericano” pero fue más
allá al plantear cambios de estructura y superestructura.
Sin embargo, la carga que pedía Villena ”para
matar bribones y acabar la obra de las revoluciones"”
no llegó hasta 1959 con el triunfo de la insurrección
armada organizada y dirigida por Fidel Castro.
(Tomado de Granma Internacional
Digital)
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