| Velan
sobre la mitad del mundo
Por Alicia
Centelles
Un criminal sumamente perverso era reprendido
siempre por su madre, quien lo exhortaba a enmendarse. El
delincuente, cansado de sus regaños, asesinó
a su progenitora y le arrancó el corazón, pero
mientras huía con él en la mano, en medio de
la noche tropezó y se le cayó. Y desde el suelo,
el corazón le preguntó: ¨¿Te has
hecho daño, hijo mío?¨.
Lo que narra tan metafóricamente
esta leyenda francesa, no es más que la esencial del
amor maternal: para una madre, un hijo siempre, y bajo cualquier
circunstancia, es un hijo.
Y ese nexo no hay nada ni nadie capaz de
romperlo. No importa que temporalmente predominen incomprensiones
o influencias ajenas; mamá siempre estará ahí,
para aconsejar, reprender, consolar.
Una presencia imborrable
Aunque muchos observan fielmente el hermoso hábito
de regalar un obsequio o una postal el segundo domingo de
mayo, lamentablemente en otras ocasiones no demuestran el
mismo respeto o cariño filial por quienes les dieron
la vida.
El Día de las Madres no es un domingo
de mayo: es cada uno de los días que ellas están
junto a nosotros, sufriendo con nuestros problemas, alegrándose
de nuestros triunfos, guiándonos y alentándonos.
Y aún para aquellos que no la tenemos ya junto a nosotros,
el recuerdo de sus consejos y sus frases de estímulo,
se agigantan cuando tropezamos con incomprensiones u otras
dificultades, y nos ayudan a recuperar al confianza en nosotros
mismos.
Porque, como el de la madre, no hay otro
afecto en el mundo.
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