| Una
rehabilitadora en plena montaña
Por Lilibeth Alfonso Martínez

“Aliviar el dolor de las personas,
y elevar, a fin de cuentas, su calidad de vida es la máxima
de nuestro trabajo”, asegura Yordanis.
(Foto: Leonel Escalona Furones) |
El niño vestido de uniforme y pañoleta
roja abre la puerta y se adelanta hacia la cama de fisioterapia
mientras formulo las últimas preguntas a mi entrevistada.
La pequeña figura –debe tener unos nueve años
más o menos, es tan alto como mi talle y muy serio–
se ha quedado en el mismo lugar mientras descarga de sus hombros
una mochila repleta de material escolar. “Santiago padece
de una sinovitis de rodilla y viene a darse fisioterapia todos
los días cuando termina las clases”, me explica
Yordanis López Pileta, y sé que es la señal
de despedida.
Media hora antes, sin embargo, en la Sala de Rehabilitación
de Felicidad de Yateras no había un solo paciente que
pudiera ser blanco de nuestras preguntas sobre el impacto
de este centro, enclavado en uno de los principales pueblos
la provincia de Guantánamo,
donde el 75 por ciento del terreno es montañoso.
“Atendemos cada día cerca de 25 pacientes, pero
la mayoría vienen por las mañanas o un poco
más tarde”, nos explican en la recepción.
Entonces pregunto: “¿Podríamos conversar
con alguno de los técnicos?”.
“Es una técnica”, me aclara Adela Fournier,
jefa del Departamento de la Sala, después de informarme,
casi con orgullo, que la mayoría de los 36 trabajadores
de esa instalación de salud son mujeres.
Conozco, por fin, a Yordanis, técnico medio en Terapia
Física y Rehabilitación. Es alta y ágil,
se sonroja un poco cuando le pido la entrevista, pero no demasiado.
En pocos minutos ya está contándome, sin muchos
detalles, sus experiencias antes y después de la Sala
de Felicidad de Yateras:
“Antes era ama de casa, así que mi universo se
limitaba a atender a mi esposo y a dos hijos pequeños.
Con las transformaciones en la enseñanza, me integré,
en el 2002, al Curso
de Superación Integral para Jóvenes y allí
opté por esta Licenciatura en Tecnología de
la Salud”.

Santiago Leyva es uno de montañeses
beneficiados con los servicios de una de las dos salas
de Rehabilitación de Felicidad de Yateras
(Foto: Leonel Escalona Furones) |
“¿Cuál
fue la reacción familiar?”, pregunto y ella se
adelanta a mis pensamientos: “Si pregunta por mi esposo
Emilio Rider, le cuento que lo único que encontré
en él fue apoyo desde el principio. Cuando comenzó
el curso, por ejemplo, mi hijo más pequeño tenía
alrededor de un año y las clases eran nocturnas, así
que mientras yo estaba en un aula superándome, él
cuidaba al pequeño y al mayor, que tenía entonces
cinco”.
Mientras escribo, recorro el departamento con la vista: es
espacioso y pulcro, al fondo están los modernos equipos
de electroestímulos, ultrasonido terapéutico…,
gracias a los cuales pueden brindar servicios de rehabilitación
para una gran cantidad de patologías; aunque, en Felicidad,
las más frecuentes son las relacionadas con el sistema
osteomioarticular como las bursitis, tendinitis, sacrolumbalgias…
“Cuando me asignaron la carrera de Tecnología
de la Salud en el perfil de Terapia Física y Rehabilitación
–continúa– llegó una etapa mucho
más compleja. Tuve que irme un año completo
para la Filial de Ciencias Médicas Doctor José
Rafael García Moreaux, en Guantánamo, donde
me gradúe de técnico básico.
“Ya en segundo año de la carrera –afirma–
los cinco jóvenes de Felicidad nos incorporamos a la
Sala. Comencé a estudiar por encuentros cada 15 días
hasta que, cuando vencí el tercer curso, alcancé
el técnico medio; actualmente curso el cuarto año,
así que en el 2009 seré licenciada”.
Yordanis, según conocí más tarde, forma
parte del segundo curso de tecnólogos de la Salud en
alrededor de una veintena de perfiles, incluido el de Terapia
Física y Rehabilitación, que se preparan en
la provincia más oriental de Cuba desde 2003. Los frutos,
a pesar de no haber graduado aún a ningún licenciado,
resultan ostensibles en las 23 salas de Rehabilitación
del territorio, la mayoría rurales.
Así lo confirma, desde su historia personal, esta yaterana:
“Cuando llegamos a la Sala había un solo técnico
con experiencia, éramos todos nuevos e inexpertos,
pero con el estudio y el buen trabajo en cada uno de los casos
nos ganamos el respeto y el reconocimiento del pueblo.
“Tomamos muy en serio la superación. Los sábados
que no estamos recibiendo clases, por ejemplo, nos reunimos
para hacer discusiones de casos, una especie de foro donde
intercambiamos sobre las patologías raras o que puedan
crear confusión, como un medio más para elevar
el nivel de todos”.
Para estos técnicos de montaña, sin embargo,
los casos que tan fríos suenan en otros labios, tienen
rostro familiar, relaciones consanguíneas, de amistad,
afecto…, Yordanis no es la excepción:
“Siempre hay casos que te marcan. Tengo pacientes que
están conmigo desde el primer día. Atendemos,
por ejemplo, a una niña con Síndrome de Down
que, desde que asiste a este departamento de Terapia Integral
adquiere nuevas habilidades, y a otro con una Parálisis
Cerebral Infantil (PCI) que, gracias a la Sala, ya no tiene
que trasladarse hasta La
Habana para someterse al tratamiento”.
En esta parte llega Santiago, mientras se acomoda lanzo la
última pregunta: “¿Qué se necesita
entonces para ser un buen técnico en Rehabilitación?”.
Yordanis me mira por última vez mientras prepara el
equipo de magneto local para el tratamiento y me responde,
sin pensarlo dos veces: “Interés y dedicación,
a tiempo completo”. Nos despedimos y emprendemos la
marcha. E el cielo las nubes se acoplan esperando el anochecer.
Miro el reloj: son las 5:30 de la tarde.
(Tomado de www.venceremos.co.cu)
|