| Desde
las nubes
Remontar las nubes ha sido una de las aspiraciones
más recurrentes en la historia de la Humanidad. Actualmente,
cientos de hombres y mujeres asumen el dominio de los cielos
como la mejor de las profesiones. El paracaidismo constituye
una apasionante disciplina dentro de los deportes aéreos.
Por Isabelle

Teider confiesa haberse asustado, pero su vida es el pàracaidismo.
(Foto: Wildy) |
“Es difícil disfrutar el primer
salto. Aunque sea lo que más hayas deseado, estás
demasiado tenso”. Así empieza nuestro diálogo
con Teider Brooks Deller, integrante del Club de Aviación
de Cuba y paracaidista de vasta experiencia.
“Comienzas a disfrutar
de la caída y la descarga de adrenalina después
del segundo intento. Entonces eres capaz de percibir a tus
compañeros, la sorprendente vista y, sentir que es
la más placentera de las sensaciones. Una vez que te
inicias, y si te gusta, te atrapa. Se convierte en una sana
dependencia”.
Aunque son muchas las personas dedicadas
al paracaidismo, se conoce poco sobre sus características
y la manera de practicarlo.
“Yo llegué por una convocatoria
lanzada mientras estaba en el Servicio Militar”, recuerda
Teider. “Inicialmente enrumbé hacia el pilotaje,
pero los chequeos médicos me dieron no apto para esa
labor.
”Tomé entonces el paracaidismo
como la mejor alternativa para poder estar más cerca
de un avión. No obstante, en cuanto empecé me
gustó tanto que le he dedicado mi vida y hoy tengo
más de 1 210 saltos”.
La robustez de su figura hablaba de las
muchas horas dedicadas al ejercicio. Este es uno de los aspectos
fundamentales en la formación de un paracaidista, y
así lo explica Brooks:
“El físico óptimo se
adquiere con el avance de los entrenamientos. Este proceso,
más que riguroso es continuo. Cada día de preparación
contribuye, entre otras cosas, a agudizar los reflejos y mejorar
el tiempo de reacción ante un imprevisto.
”Durante un descenso recorres una
gran distancia en muy poco tiempo. Si algo sucede, tienes
una oportunidad. Por esta razón son indispensables
los hábitos para reaccionar casi instantáneamente.
Cuando los adquieres y se presenta una emergencia, en fracciones
de segundo las manos realizan las acciones que te pueden salvar
la vida”.
Parte del éxito en una profesión
depende de la constancia que le dediquemos; sin embargo, el
apoyo y la comprensión de la familia para soportar
las posibles horas de ausencia o la tensión de una
tarea riesgosa también son primordiales. Por eso, Tender
aclara:
“Esta disciplina es de alto riesgo.
Un ambiente familiar tranquilo es sumamente necesario, sobre
todo el día antes del salto.

(Cotesia Club de Aviación
de Cuba) |
“Hay momentos en que se sufren accidentes,
más o menos leves, y la persona en ocasiones pierde
la confianza, siente el temor de no poder reintegrarse; hasta
puede hacer cierto rechazo por la experiencia traumática.
Entonces el ánimo de la familia y los amigos es importantísimo.
“Por demás, un paracaidista
profesional se entrena para actuar en situaciones de emergencia,
Durante las labores de rescate y salvamento en inundaciones,
incendios o presencia de barcos a la deriva, es necesario
nuestro desempeño.
“Esto genera mucho estrés,
no solo a nosotros, sino también a nuestros seres queridos,
así que al apoyo debe unirse la aceptación de
nuestro trabajo, porque también nos proporciona tranquilidad”.
Cuando un grupo de practicantes se reúne,
resalta la camaradería entre ellos y el incesante recuento
de sus experiencias.
“Es imposible que si algún
integrante del club tiene problemas se encuentre solo. Los
lazos establecidos son muy sólidos. Son estas cosas
y la disciplina que se adquiere por las que tratamos de involucrar
a todos los jóvenes que podamos.
“Cuado un muchacho se acerca a cualquiera
de los clubes, ubicados en cada una de las provincias cubanas,
se le da una atención integral. Además de los
conocimientos y las habilidades de la actividad, se busca
su vinculación con el estudio y el trabajo. Y ellos
lo valoran.
“Pensamos que el club puede ir más
allá de actuar en situaciones de emergencia. En el
caso de los más jóvenes, muchos realizan actividades
peligrosas como colgarse de los ómnibus o saltar de
puentes sin tener en cuenta las medidas de seguridad, porque
intentan llevar sus emociones al máximo. Eso lo pueden
encontrar aquí, y de una manera sana”.
Para un paracaidista es imposible hablar
del mejor salto. Cada uno es recordado como algo especial
y único.
”Ninguno es igual a otro. Aunque solo
tengas 10, siempre habrá cosas diferentes que contar.
No importa si se hacen desde la misma altura, con iguales
condiciones climáticas, o a la misma hora y lugar.
Siempre hay una nueva emoción, que a veces es indescriptible.
“En más de 1 000 saltos solo
he tenido una emergencia y se me grabó en la mente
con todo detalle. Era de noche y el paracaídas principal
no se abrió. Reaccioné y recurrí al de
reserva. Caí sin problema alguno. Inicialmente me sentí
normal, pero cuando me di cuenta del peligro que había
corrido, apenas pude caminar del nerviosismo. Después
he pasado varios sustos, pero no he dejado de saltar”.
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