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¿Donde está
el pequeño principito?
Como una estrella fugaz
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¿Un
programa chiquitico así...?
Por: Roxana Rodríguez
Fotos: Wildy
De
los casi 20 programas musicales transmitidos por nuestra televisión
durante la semana es Cuerda Viva el dedicado a promover música
alternativa por y para los jóvenes. Con el ánimo de
sumergirnos en un proyecto de solo dos años y promisorios
resultados, Somos Jóvenes, grabadora y cámara
en mano, decidió dejar constancia de un fenómeno televisivo
que realmente no es tan «chiquitico así», como
dice su animador.
Este espacio
nació un sábado 6 de abril del 2000 a las 4:00 p.m.
para presentar netamente rock and roll, después, cambió
su horario para las 2:00 p.m. y se fue abriendo a otros géneros
también sugerentes dentro de la música alternativa;
no obstante, aún la teleaudiencia lo identifica con el rock
y aunque se intenta balancear con otros géneros musicales,
tímidamente se logra suplir las expectativas relacionadas
con la variedad.
Presenciar desde el propio estudio la grabación de un programa
suele provocar una rara sensación. Es de una vez grato y
decepcionante, es como descubrirle el truco al mago y así
y todo estar disfrutándolo.
Los constantes juegos de cámara, las luces, un escenario
poco convencional y una conducción en extremo informal, donde
los invitados dejan a un lado el estereotipado estilo de glorificar
aspectos de la vida y la personalidad de los músicos, hacen
de Cuerda Viva un auténtico producto juvenil.
De sus presentadores, Mario Masvidal, en su sección Todo
concuerda, resulta ser la persona ideal para lidiar con los temas
de reflexión con mayor nivel de responsabilidad por su experiencia
como comunicador y pedagogo en el Instituto Superior de Arte y la
Universidad de La Habana. Por otro lado, Solange Ramón y
Roberto Álvarez, a pesar de sus pocos años y hasta
cierto punto inexperiencia en el mundo de la animación, se
muestran espontáneos, con códigos de comunicación
muy apropiados para el público al cual se dirigen.
«Cuerda Viva se hizo para los jóvenes y para que ellos
hicieran la música para el programa. No solo tratamos de
poner trova, rock, jazz, pop, rap, música de concierto, sino
que también incorporamos agrupaciones que ahora mismo están
haciendo fusión. Se trata de buscar distintas vertientes
dentro de la música cubana y experimentar con los jóvenes»,
nos dice su directora, Ana María Rabasa, minutos antes de
subir a la cabina de grabación.
Sin embargo, esta idea tiene pretensiones más ambiciosas
y es que desde hace algún tiempo nuestro país estableció
una serie de políticas en aras de favorecer en los medios
de difusión a aquellos jóvenes talentos con inclinaciones
hacia estos géneros y ritmos, lamentablemente aún
considerados de minorías y por tanto, con menor suerte en
el mercado de la producción musical.
«Me siento muy a gusto aquí. Creo que he hecho de este
programa un espacio mío como el programa ha hecho de mí
su presentador», precisa Roberto Álvarez, uno de los
conductores y agrega: «es un proyecto necesario, útil,
que responde a un sector de la juventud que le hace falta darse
a conocer y demostrar su presencia».
Cuerda Viva es un programa para divulgar un modo de expresión
por muchos conocido como «canción inteligente»,
quizá un poco haciendo alusión a la trova y algunas
vertientes del rock, donde el eje central está en comentar
y repasar aspectos de nuestra realidad socio-cultural sobre la base
de la experimentación sonora.
Luis Alberto Hernández, un joven capitalino de 21 años,
reflexiona: «disfruto mucho este programa porque trata de
profundizar en el rock cubano. Los grupos que se presentan son más
que un simple movimiento de cabeza, hacen música buena que
dice mucho. Están cumpliendo su función». Asimismo,
Ivette Ochoa nos cuenta: «es interesante para las personas
que gustan del rock, del pop y de la fusión, pero fundamentalmente
del rock».
Muchos
son los criterios que abogan por ampliar el tiempo del programa,
45 minutos ya van resultando insuficientes para todo cuanto ansía
y necesita la juventud en materia de música e información
sobre el tema. «Vamos a abrirnos un poquito más a todo
lo que está pasando en la música hecha por los jóvenes.
Creo que ahí está la esencia de Cuerda Viva»,
apunta su directora.
De esta manera, el espacio se haría más fluido, pues
se ha notado cierto déficit en la dinámica interna
del programa, apegado en algunas emisiones a otorgar más
valor a los contenidos informacionales que a la propia música,
su verdadera razón de ser. Lo válido aquí es
hallar la filosofía del equilibrio, la armonía de
lo que debe ser un musical de estas características.
Más temprano que tarde la solución de estos contratiempos
será posible. Este proyecto ha sabido sublimarse y lo ha
demostrado con creces. No solo ha asumido la música de interés
para los jóvenes y hecha por ellos, sino además nos
ha mantenido informados sobre asuntos medulares y eventos culturales,
a través de una cartelera semanal que incluye a todo el país.
«Ese es un logro prácticamente de la televisión,
incluso hasta de la radio, porque promover los conciertos y peñas
de los mismos jóvenes con sistemacidad y regularidad a nivel
de país, no se había dado con similares particularidades
en los medios», indica Cari Rojas, escritora de este espacio.
«Curso el primer año de Medicina y los fines de semana
tengo que estudiar mucho. Me gusta el programa, pero solo lo veo
a veces, cuando logro darme una escapadita. Casi siempre lo que
puedo ver los fines de semana en la televisión son los programas
de la tarde-noche y los nocturnos», explica Sheyla Parra Kuper,
de 18 años, estudiante del Instituto de Ciencias Básicas
y Preclínicas Victoria de Girón, y añade: «me
parece bien la difusión de esa música. A mi escuela
fue una vez el grupo de rock Doble-A que también se presentó
en Cuerda Viva. No teníamos idea de quién era y nos
gustó muchísimo. Si no le dan promoción en
ese programa nadie llega a conocerlo».
En todas las épocas han existido espacios televisivos o radiales
dedicados a descubrir talentos en la música. Cuerda Viva
ha funcionado con esta estrategia, aunque no al estilo de los programas
que ya ni en la televisión cubana se recuerdan, pero sí
con el fin de captar a aquellos con un desarrollo musical interesante
en cualquier parte de la Isla.
«Nos esforzamos por no ser «Habana-centristas».
Casi toda la televisión cubana lo es. Es verdad que son muchos
los grupos de ciudad, es más cerca, más fácil.
Hemos presentado agrupaciones del interior que vienen a La Habana
y también hemos realizado trabajos en provincia, como en
el caso de Holguín, con motivo de las Romerías de
Mayo», subraya el conductor Mario Masvidal.
Cuando muy pocos contaban en su archivo mental de música
a agrupaciones como Buena Fe y Aceituna sin hueso, fue Cuerda Viva
quien tuvo la primicia de llevarlos a la tele. Igualmente múltiples
grupos y solistas a partir de este proyecto ya se presentan en otros
espacios musicales de la TV.
A raíz de este programa han aflorado nuevas ideas en las
provincias y la propia capital; bandas de rock disueltas desde hacía
tiempo se han reorganizado desde el año 2000 hasta la fecha.
Todo gracias al apoyo y la acogida de los centros provinciales de
Cultura, de la Asociación Hermanos Saíz, la Unión
de Jóvenes Comunistas y otras organizaciones de nuestro país.
Más allá de ser un espacio en que los jóvenes
valores de la música pueden legitimizar su arte, Cuerda Viva
necesita abrirse, crecer, convertirse en el estandarte de la música
alternativa en la TV. Quizá, si algún día pudiera
ser, con el tiempo y buenas intenciones, contaremos en nuestro Canal
Educativo con un suplemento musical de este programa, donde no solo
sea posible ver y escuchar lo «alternativo dentro de lo alternativo»
en Cuba, sino también aprender a diferenciar entre un heavy
metal y un trash metal, entre un rap y un hip-hop, entre un jazz-rock
y un jazz latino, entre las muchísimas vertientes de todos
estos géneros. Llegará el día en que un proyecto
de similares características nos será indispensable,
justamente porque somos un pueblo culto y a la vez diverso; aprovechar
esta diversidad, aceptarla e incorporarla a nuestra realidad sería
convertir el granito de arena de todos en energía vital para
concretar esa revolución cultural a la que aspiramos.
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