Como una estrella fugaz
Por:
Patricia Ricardo
Fotos: Cortesía de los familiares
Los
autos se desplazan sigilosos para no despertar la quietud de la
madrugada santiaguera después de una noche de carnaval.
Renato va pegado a la ventanilla en el asiento delantero del Mercury
negro. A golpe de brisa una mezcla de expectativa y recuerdos
ocupa su pensamiento: la grata imagen de la casa de Renté,
en la que transcurrió casi toda su infancia y parte de
la adolescencia. Tal vez reflexiona sobre la fragilidad de la
vida, a solo unas horas para que despierte el día 26 de
julio, ¿qué sucederá?: o los sueños
se conquistan o se pierde la vida en busca de un ideal. De una
u otra forma la vida, también puede ser mucho.
Los Preparativos
Tres meses antes, Fidel había concebido la idea de realizar
acciones armadas en Santiago de Cuba y Bayamo con el asalto a
los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. Las
características geográficas de la región
oriental eran propicias para la lucha armada irregular. Renato
Guitart, por su personalidad y posición en la sociedad
santiaguera, fue el elegido para crear las condiciones materiales
necesarias. Este trabajo en Santiago de Cuba lo tendría
que realizar solo para evitar indiscreciones que pudieran obstaculizar
el proyecto. También fue Renato el único santiaguero
residente en esta provincia que participara en el asalto al cuartel
Moncada.
Ernesto Tizol, uno de los jefes de la acción, compró
la granja, Renato la acondicionó para aparentar que sería
utilizada en la cría de aves. Además, alquiló
las casas y habitaciones de hoteles que servirían de estancia
provisional a los que venían de La Habana, adquirió
armas y parques, elaboró un plano del cuartel Moncada y
chequeó los movimientos dentro de este. Para la acción
que debía desarrollarse en Bayamo, arrendó un local
donde se hospedarían los revolucionarios asignados para
esta misión.
A principios de julio, Abel Santamaría ocupó la
granja Siboney, haciéndose pasar por el dueño del
negocio. Desde entonces, él y Renato compartieron todas
las gestiones que quedaban por hacer en la provincia oriental
antes del 26 de julio. Como parte del trasiego conspirativo, guardaron
armas en un pozo seco ubicado en el patio de la granjita; seguramente
la idea surgió de Renato, pues ya con anterioridad había
construido un pozo con ese objetivo en la casa de Renté.
Se acercaba la fecha esperada, y con ella la posibilidad de la
muerte en combate. Una noche, en el cabaret Belmore, Renato le
recordó a Cucho El Pollero, a quien le gustaba componer
canciones y dar serenatas, un compromiso que tiempo atrás
había acordado con él, sacar una canción
el día que muriera:
Adiós mi compañero
recuerdos de mis tiempos
mis tiempos que han pasado
y que no volverán
Pues ya yo me despido
Me despido del mundo.
¡Qué memorable en mi Cuba yo seré! (...)
El día 25 de julio Renato y Abel trabajaron intensamente
atendiendo a los combatientes que llegaban desde La Habana, quienes
se hospedaron en la ciudad hasta la noche, para trasladarse después
a la granjita Siboney, donde se engranarían los últimos
preparativos.
Al atardecer de ese día, Renato procuró despedirse
de la familia: «Oye, viejo, no me esperes esta noche a dormir
porque me voy a los carnavales (...)», y con una mirada
contenida se despidió del padre.
Era de noche cuando en la granjita Siboney fluía un ambiente
agitado. «Renato estaba en algo, como el que iba a un trabajo
agradable, a una fiesta agradable, además de una fe tremenda.
El era optimismo todo»*.
La Acción Armada

Renato junto a su hermana |
Se detienen
los autos, ya llegan al cuartel Moncada, Renato se baja gritando:
«¡Abran paso al General!», lo que posibilita
a los revolucionarios desarmar a los soldados de la tiranía
que custodiaban la posta tres, con el propósito de abrir
el camino a los otros autos que conforman la caravana, esto no
fue posible. Cerca de allí aparece una pareja de soldados
que realiza su guardia; simultáneamente entra en escena
un alistado del ejército, lo que impulsa a los asaltantes
a abandonar los autos y ocupar los alrededores del cuartel desde
donde comienzan a disparar. Renato, junto a otros compañeros,
trata de entrar para buscar la emisora radial e impedir que localicen
refuerzos de otras regiones, pero se encuentran en minoría,
pues no existe una retaguardia que les asegure la resistencia.
Regresan a la posta tres, allí mantiene un fuego incesante.
José Luis Tasende, uno de los asaltantes, es herido. Renato
al percatarse dispara febrilmente; de pronto, salta hacia al lado,
un tiro en la cabeza le arrebata la vida con solo 22 años.
Dinora Rosell, madre del héroe, definió en entrevista
realizada para el libro Todo valor: «Si tuviera que buscar
en la naturaleza una semejanza con la vida de mi hijo Renato diría
que fue una estrella fugaz, radiante, viva, clara y luminosa,
que se desprende del cielo y muere (...) sin apenas contar con
tiempo para pedir un deseo».