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Brigadas Estudiantiles de Trabajo apoyan la producción
en Ciego de Ávila
Por Luis Raúl Vázquez
Muñoz

Estas estudiantes avileñas
se van familiarizando con el trabajo del poligráfico.
(Foto: Nohema Díaz Muñoz) |
No lo conocían. No sabían
siquiera que dentro había olor a tinta y, mucho menos,
que el repiquetear de las máquinas era constante, un
chaca-chaca que al principio insultaba los oídos y
luego se hace común, hasta olvidarlo.
“Cuando nos organizaron para las Brigadas Estudiantiles
de Trabajo, nos dijeron que íbamos para el Poligráfico,
pero nunca habíamos entrado a uno. Solo sabíamos
que tenía unas construcciones grandes. Más nada”,
explica Ianella Socorro Proveyet, estudiante del décimo
grado del IPUEC
Pedro Martínez Brito, en el municipio de Ciego
de Ávila.
Ianella forma parte de un grupo de diez muchachas estudiantes
que concluyeron su etapa de aporte voluntario en la Empresa
Gráfica Integral Evelio Rodríguez Curbelo, que
comercializa sus producciones bajo el sello de Dador. De ellas,
solo Jenny Rodríguez Zabala conocía cómo
era un poligráfico por dentro.
“Mi mamá trabaja aquí y desde chiquita
estoy viniendo”, dice. ¨Por eso me reí cuando
me preguntaban: 'Oye, ¿qué hay allá dentro?
'. Yo las miré y dije: 'Nada: máquinas, papel,
mucho ruido, tinta, cosas impresas... '; luego se calmaron
un poco, pero el día que entramos a la nave fue grande.
No sé cómo no se les desprendió la cabeza
de mirar tanto hacia el techo y los rincones”.
Calle tomada
Uno de los cambios más trascendentales que han tenido
las BET en los últimos años ocurrió en
estas jornadas vacacionales. De movilizaciones masivas, enfocadas
casi en lo exclusivo a las esferas de la producción
y los servicios, asistimos a una participación puntual,
en los lugares donde más se necesita apoyo, incluyendo
aquellos con la misión de propiciar el hábito
de la lectura y la actividad social en las comunidades.
“Las últimas semanas se movilizaron 4 500 estudiantes
de la FEEM
en Ciego
de Ávila”, informa Yiney González Rodríguez,
presidenta provincial de la organización. “Lo
diferente es que ahora la mayor parte se dirigió a
las acciones sociales. Lo que se pide este verano es que el
estudiante visite museos, realice actividades en las casas
de Cultura y participe en la promoción de libros, que
es algo muy importante en esta edad. Es un nuevo concepto
en el que tenemos mucho que aprender”.
El primer efecto ya se vio. Miembros de la Brigada
de Instructores de Arte José Martí y Estudiantes de la
Academia de Artes Plásticas de Morón se agruparon
en una vía aledaña a la entrada a la ciudad.
Hicieron un Plan Gigante de la Calle. La llenaron de pinturas,
pero no solos. La dibujaron con la ayuda de los vecinos del
barrio.
Tú cuentas, yo ordeno
Ese pudiera ser el estribillo de una canción. Y no
lo es. En una mesa de trabajo, en la nave de producciones
del Poligráfico, el grupo de diez alumnas prepara libretas
de notas de 30 páginas.
“Ese material será comercializado en la tienda
Bissart, que se dedica a vender los productos de reproducciones
gráficas”, explica Rosario Zabala Henríquez,
directora de la entidad.
En la mesa, Gretchen Martín Padrón dobla el
bulto de hojas que le pasa una de sus compañeras. Comenta
que al comienzo pasaba un poco de trabajo al momento de lograr
que estuvieran bien alineadas cuando se les hacía el
doblez.
“Tenía temor de que no quedaran en su punto”,
dice. “Ya he logrado más práctica. Tengo
que medir, pero no con el miedo de antes”.
Es una línea de producción en miniatura, dividida
en dos partes. Una pareja toma un bulto de papel, cuenta las
hojas y ordena un grupo. Por último, otra pareja les
hace el doblez y una de las muchachas transporta los paquetes
para la sala de encuadernación.
“No hemos tenido una norma fija”, expresa Zaymí
Carbonell Amargo. “Nos dijeron que veníamos a
apoyar la producción, pero que teníamos que
hacer el trabajo lo mejor posible. Al principio estábamos
un poco lentas, aunque ya hemos subido un poco el ritmo”.
Se les pregunta: “¿Cuántas han hecho?”.
Las muchachas se miran. Una balbucea: “¿Hoy...?,
no sabemos, al final del día nos dicen...”. Otra
sonríe: “Oiga, aquí nos preocupamos por
trabajar, no por contar”. Y vuelven a mirarse. Se insiste:
“¿Pero cuántas libretas han hecho?”.
Rosario, la directora se acerca. Las mira y dice: “En
cuatro días han hecho 700 libretas. Es un buen average”.
(Tomado de www.juventudrebelde.cu)
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