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La capital
del coco en Cuba
Por
Alicia
Centelles

Otra peculiar elevación baracoense,
que llena de admiración a cuantos visitan la Villa
Primada.
(Foto: Archivo) |
Desde que uno llega al territorio
de Baracoa,
municipio de la provincia de Guantánamo,
la más oriental de Cuba, entre la exuberante flora
llama la atención la presencia reiterada del cocotero.
A partir de que esta planta fue llevada a la región
procedente de Filipinas, proliferó con rapidez, y es
tradición que existe una por cada baracoense.
Ya en el siglo diecisiete las
crónicas de la época reflejaban la cantidad
de cocos que producía la zona, y en el actual escudo
de la localidad aparece el cocotero, en el segundo cuartillo
superior de ese emblema heráldico.
Durante la primera mitad del siglo diecinueve,
Baracoa exportaba entre 25 mil y 30 mil quintales del fruto
al año, pero una enfermedad denominada la pudrición
virosa del cogollo afectó a las plantas, situación
estudiada por los eminentes científicos cubanos Fermín
Valdés Domínguez y Carlos
de la Torre.
Y llegaron los cocos
indios
Hasta el momento de la plaga, las variedades de coco sembradas
en tierra baracoense eran el verde corriente y el enano común.
Como resultado de la búsqueda de plantas más
resistentes, en 1928 se trajeron cocoteros indios, de los
tipos llamados morado, verde, indio, amarillo, plata y bermellón.
Las primeras veintisiete semillas se plantaron
en la finca Piedrecita, propiedad de Casiano Lores, quien
había sido un destacado combatiente del Ejército
Libertador contra el dominio colonialista español.
Al francés José Vidayé se debe la creación
de la primera fábrica procesadora de coco en ese territorio
oriental, que a finales del siglo diecinueve comenzó
a exportar aceite.
Con la Revolución surge una industria
más moderna, la extractora Guamá, cuya capacidad
anual es de 5 000 toneladas de aceite; dicha cantidad coincide
con la demanda de la empresa cubana Suchel para la elaboración
de cosméticos.
Al someter el coco a este proceso se obtienen
como subproductos: el agua, que se utiliza para alimentación
animal, al igual que el residuo que queda después de
extraer el aceite a la copra; del endocarpio, o parte dura
de la nuez, se obtiene carbón vegetal para producir
carbón activado mediante un proceso químico;
y el polvo residual se emplea como materia orgánica
en la agricultura urbana local. La fibra se exporta para la
confección de diferentes objetos útiles en el
hogar.
Actualmente, trabajadores agrícolas,
campesinos y cooperativistas impulsan el cultivo en Baracoa,
y existen varias Unidades Básicas de Producción
Cooperativa —conocidas popularmente por las siglas UBPC—
que basan su producción precisamente en la atención
al coco.
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