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Minisitio sobre la Jornada Internacional por la liberación de los cinco héroes cubanos presos en Estados Unidos por su labor antiterrorista.

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Mi país

Para la mariposa y el tocororo

Por Antonieta César

Las elevaciones cubanas no están entre las de mayor altura en las Antillas, sus puntos culminantes van por debajo de los registrados en La Española o Jamaica; sin embargo, dijo el Héroe Nacional José Martí: “cuando los hombres y las montañas se encuentran se hacen grandes cosas” y en nuestro archipiélago el lomerío es testigo insuperable de lo grandioso.

En el mapa orográfico, desde oriente a occidente, valores extraordinarios calzan escenarios históricos. Hay una extensión de veinticinco mil hectáreas, singular, poco conocida, pertenece a la Sierra del Rosario, en la provincia de Pinar del Río y posee bellezas naturales resultantes de un gigantesco trabajo, que ha preservado ecosistemas representativos, y que unido al avance cultural motivó en 1985 ser declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO.

Con 946 vecinos, el asentamiento poblacional del Complejo Las Terrazas de Cayajabos, descuella en el área como experiencia rural. Aporte agradable al paisaje, modernas viviendas destinadas al campesinado —antes disperso, aislado, entre el accidentado relieve— ahora con todos los requisitos en una comunidad habitada, armónicamente relacionados hombre y naturaleza.

El turismo ha devenido base económica fundamental, sobre un bosque siempre verde, asiento y residencia, de orquídeas endémicas, helechos, tomeguines del pinar y tocororos, el ave nacional de tres colores. Junto a eso, traviesos, irregulares, los pintorescos baños del Río San Juan, acogen a lo largo de sus riberas a la mariposa, flor oriunda del antiguo mundo, tan perfectamente aclimatada en todo nuestro territorio insular, que identifica cubanía y perfuma alrededores, incluidas las instalaciones del Hotel Moka.

Lo que hoy es sitio de encanto, enriquecido con su programa de instituciones culturales, apreciado por cuantos lo ven, tiene a los pobladores como protagonistas y al arquitecto Osmany Cienfuegos como a uno de los talentos inspiradores, él confiesa que su participación la motiva el deseo de contribuir al bienestar de los demás.

Pero hagamos un poco de historia
La zona había sufrido un dilatado proceso de devastación. Todo comenzó cuando a principios del siglo XIX un centenar de colonos franceses, emigrados de Haití, estableció en los valles intramontanos haciendas cafetaleras, que abandonaron a mediados de la centuria. Después, hacia 1900, aparecen otros cultivos asociados a cría de ganado, mientras continúa la tala destinada a fabricar barcos y producir carbón vegetal.

Aquella explotación indiscriminada afectó, sensiblemente, la flora y la fauna, y estimuló iniciar en 1968 un plan de reforestación, conocido como terraceo, que significó la apertura de ciento cincuenta kilómetros de caminos entre las montañas, extender mil quinientos kilómetros de terrazas y sembrar unos seis millones de árboles para restituir el habitad de innumerables especies de plantas y animales. Los servicios elementales a los residentes disgregados dieron origen al pueblo, fundado en 1971.

Algo más sobre el pasado glorioso
La obra monumental no puede desprenderse de otros antecedentes alentadores de hazañas. En febrero de 1896, siguiendo instrucciones del Mayor General Antonio Maceo, miembros del Ejército Libertador, establecieron su centro operacional en esta sección de la serranía pinareña. La vista perspicaz del gran guerrero avizoró que “quien ocupara primero estas lomas, resuelto a defenderlas ante un enemigo superior, no podía ser desalojado, estableciendo allí su cuartel general”, así narra los hechos Miró Argenter, biógrafo del Titán de Bronce, y explica por qué la cordillera recogió en su intrincada geografía los combates victoriosos de los mambises en El Rubí, Cayajabos, Ceja del Negro y Cacarajícara, entre otros.

Fue también en la Sierra del Rosario donde el Comandante Ernesto Che Guevara entrenó militarmente con los hombres de la guerrilla, antes de partir hacia Bolivia para dejar escrito en la historia su nombre con letras de fuego.

La vida cultural
El núcleo dinamizador del trabajo cultural en Las Terrazas es su Consejo Comunitario integrado por veinte representantes de todos los factores actuantes en la vida social, que se reúne una vez al mes. Comprende el museo, donde conservan armas, piezas diversas, equipos y herramientas empleados en los cafetales, más de setenta entre 1802 y 1810, finalmente unos ciento cincuenta y hoy rescatados el Buenavista y La Ermita.

Igualmente abarca un cine, que trabaja para recobrar la afición con acciones de especialistas; librería y biblioteca con casi trescientos usuarios inscriptos y la Casa Polo Montañez, el cantante gloria nacional de lamentable desaparición, quien había nacido y vivido en esa zona. El lugar muestra en las paredes sus múltiples galardones y recibe entre dos mil quinientos y tres mil visitantes cada semana.

La galería La Oficina, centro expositor de artes plásticas, es espacio muy especial para Jorge Duporté y Lester Campa, guantanamero, el primero, de Guanajay, el segundo; ambos ligados al pueblo definitivamente. Allí desarrollan sus temáticas, Duporté con su flora -orquídeas multipremiadas- Campa con sus paisajes cantados por poetas.

No puede olvidarse el Bazar El Cusco, que comercializa el hacer de artistas locales, ni la Casa de Actividades Socioculturales, que brinda atención a grupos y unidades de aficionados y recibe aportes de agrupaciones profesionales de música popular, todo mínima pincelada de cuanto allí se ejecuta.

Las Terrazas atrae y trasmite, convive con pasado y presente, permanece sobre una mezcla de cultura hermanada con la naturaleza. Múltiple en lo trascendente, subsiste para la vida, como la bella historia que tuvo aquí locaciones en la película Roble de olor. Realidad y ficción del romance vivido por dos seres en un cafetal, de aquellos que existieron más de dos siglos atrás, y volvieron cuando decidimos rescatar una obra de amor.

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