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Teatro
Terry
Identidad, cultura e historia.
Fundado el 12 de febrero
de 1890, el teatro Tomás Terry es símbolo identitario
de la cultura cienfueguera. Por sus tablas han pasado prestigiosas
personalidades y compañías de las artes escénicas.
Conserva el sistema tecnológico de tramoya y bambalinas
empleado el primer día de apertura, hace 114 años.
Por Hortensia
Toledo Cruz

El
teatro Terry integra la trilogía más importante
de los teatros cubanos.
(Tomado de www.cienfuegoscuba.galeon.com) |
El
culto a Talía ocupó un lugar preponderante en
la vida cultural y recreativa de los cienfuegueros desde los
primeros años de su proyección como asentamiento
poblacional. Por tal motivo, desde muy temprano proliferan
instalaciones, entre las que se cuentan los teatros Isabel
II, Avellaneda y Zorrilla, pero no es hasta 1887 en que se
coloca la primera piedra para la edificación del Tomás
Terry, concluido dos años después e inaugurado
un miércoles doce de febrero de 1890.
Fueron los hijos de Don Tomás Terry Adán —acaudalado
comerciante venezolano, radicado en Cienfuegos
desde los primeros años de la fundación de la
colonia—, quienes separaron parte de su caudal hereditario
para hacer válida la voluntad de su padre.
Ubicado frente al parque José Martí—,
otrora Plaza de Armas, el coliseo está marcado por
un estilo ecléctico, sin excesivo lujo, pero con una
elegante configuración.
La tipología utilizada procede del llamado teatro a
la italiana, una sala dispuesta en forma de herradura en la
que el público se ubica en cuatro niveles, siempre
en relación frontal al espectáculo.
La centenaria institución integra la más importante
trilogía de los teatros cubanos del siglo XIX, junto
a "La Caridad", de Santa Clara y el "Sauto",
de Matanzas,
ejemplos de este tipo de construcción.

Sus pinturas murales realzan el
valor artistico del edificio.
(Foto: Archivo) |
El
inmueble se distingue por las pinturas murales que adornan
sus techos y paredes, realizadas por el artista filipino-madrileño
Camilo Salaya Toro. Ciento catorce años han pasado
y aún funcionan sus originales sistemas tecnológicos
de tramoya y bambalinas; en el decorado es significativa la
máscara sobre el proscenio, alegórica a la comedia
e incorporada por el artista cienfueguero Mateo Torriente
Bécquer en 1965, cuando tuvo a su cargo el proceso
de restauración.
Pero existe la hipótesis de que antaño el mascarón
observaba la reacción del público ante cada
puesta; lo cierto es que aún permanece ahí¬,
insomne para dar fe de las prestigiosas personalidades y compañías
que por sus tablas han pasado.
Solo al cierre del 2003 el ateneo reportó cifra récord
de funciones, más de la mitad de ellas correspondieron
a espectáculos nacionales de alta factura, proliferando
la danza y el teatro como manifestación de las artes
escénicas. En el referido perí¬odo estuvieron
acá compañías reconocidas en el mundo
como el Ballet Nacional de Cuba, el Conjunto Folklórico
de Oriente —la mejor de su tipo en el país—,
Coodanza y el Ballet Lizt Alfonso. El coliseo fue además,
subsede del Festival Internacional de Teatro de La Habana,
y se convirtió en la sede permanente del Festival del
Monólogo Cubano.
La
linda ciudad del mar suma a sus valores arquitectónicos
y patrimoniales este coliseo, declarado en 1978 Monumento
Nacional, devenido además, en la más alta
expresión de la cultura local, a la que diariamente
se acerca un promedio de trescientos turistas, procedentes
de agencias de viajes de diferentes paí¬ses del
orbe.
El teatro Tomás Terry trasciende como símbolo
identitario local, para permanecer en la memoria viva de un
pueblo, que se enorgullece de este majestuoso caballero, pilar
del templo de la cultura cubana.
(Tomado de www.perlavision.co.cu/cfgos/teatro.htm) |
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