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Moda


Moda a mi modo

Por Ariadna Rengifo
Fotos: Elio Miranda

“Quien tiene mucho adentro necesita poco afuera”.
José Martí



Joven cubano del año 2006.
Lo importante es sentirse cómodo.

Estaba sentada en un parque cuando acerté a oír, casualmente, la llamativa conversación sostenida por mis vecinas de banco A le preguntaba a B por qué había faltado a la fiesta de la noche anterior. “Estuvo divertido”, comenzó. Ella le respondió: “No tenía nada que ponerme, toda la ropa que tengo está pasada la moda”. Prosiguió por un rato explicando que llevaba casi dos años saliendo con los mismos atuendos y ya le daba pena hasta ser reconocida por ellos. De modo que tomó una decisión: alejarse de los sitios de salida hasta renovar el vestuario. Concluyó su disertación preguntando: “¿Y tú con qué fuiste vestida? A le describió su indumentaria. B exclamó horrorizada: “¡’Pero eso ya no se usa!”

Aunque el diálogo llamó la atención no me fue del todo ajeno. No es la primera vez que escucho algo así. Es más, he conocido a personas que se han privado de tremendos momentos por causas similares.

Y esta actitud, a mi entender, viene de un estado de olvido, y en ocasiones, hasta de pereza mental.

No somos lo que vestimos
No neguemos que desde tiempos prehistóricos el hombre se ha visto obligado a emplear atuendos para protegerse del tiempo y adaptarse a él. Los habitantes de climas cálidos como el nuestro, por ejemplo, es raro que llevaran ropas de más de dos capas, mientras en los climas fríos, lo tradicional ha sido emplear vestidos cosidos y ajustados de tejidos disímiles para preservar el calor del cuerpo. Algo debe quedar claro: el factor esencial, el determinante del tipo de ropa en las diferentes épocas y lugares, ha sido el clima.

No obstante, no es menos cierto que con el tiempo, en la metamorfosis del vestuario también han intervenido las tradiciones, la posición social, los códigos sexuales, los materiales, tecnologías disponibles y hasta las migraciones humanas. Pero fue en tiempos no muy lejanos al actual cuando se estableció la industria de la moda.

Considero propicio recordarles: la ropa es solo una herramienta y “estar a la moda” es saludable tomarlo como un juego cultural carente de trascendencia. Claro está, no hay que privarse de vestir como uno desea. Pero… ¿se han cuestionado si los atuendos que imponen los diseñadores renombrados, las revistas publicitarias de la moda y todo ese arsenal que mueve sus hilos dentro de la enorme industria, es realmente lo que deseamos usar?


La moda no puede esclavizarnos.

Consejo sano
Cuando les pasen por la cabeza ideas inducidas como: “No tengo ropa par la ocasión” o “La ropa que tengo está fuera de moda”, piensen, interioricen que las modas son un acuerdo social, una convención absurda y frágil, puede desbaratarse con solo desearlo.

Lo bueno y lo malo son conceptos relativos, dependen de la subjetividad. Ya escribió el filósofo Kant: “No es lo mismo la cosa en sí que la cosa para mí”. Lo que es apropiado para unos puede no serlo para otros. Cualquier ocasión es propicia para vestir como uno lo decida.

¿Vas a someterte a los acuerdos firmados por otros? ¿Acaso estabas aquí cuando alguien decidió por ti lo aprobado para vestir y lo que no? No permitas que otros te condiciones, no te subyugues a dictados: Por eso te repito hoy un secreto vital: eres LIBRE y, por ende, puede elegir.

La ropa apropiada para la ocasión es aquella que te haga sentir cómodo, no importa que te fabriques una indumentaria romántica decimonónica o que te vistas con zapatos de payaso, pantalón de pirata o vestido de druida celta. Hay que tomar conciencia de que somos seres creativos, capaces de idear y fabricar nuestro propio mundo. ¿Por qué no meditar sobre aquello que nos gustaría emplear acorde con nuestras inclinaciones y sensibilidad? Lo idea sería plantearnos nuestra propia vestimenta.

Precisamente eso es lo que hacen los diseñadores, lo cual es admirable; lástima que un juego de creatividad se haya convertido en una especie de tortura manipuladora. Desde hace varias décadas, el fenómeno de alentar un placer inicuo por el esnobismo ciego y carente de sentido se ha ido dilatando. La moda se ha convertido en un verdadero rito esclavizante. En especial para las mujeres, las más aplastadas por la dictadura de ”la imagen” , siempre dispuesta a imponer unos esquemas concretos de belleza.

La mayoría de los cautivos de la moda no se da cuenta de cómo el mercado los ha ido volviendo autómatas uniformados, seres casi anulados, incapaces de comprender su individualidad.

No lo olviden: Qué usar debe ser siempre una elección personal.

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