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Moda a mi modo
Por
Ariadna
Rengifo
Fotos:
Elio
Miranda
“Quien tiene mucho adentro
necesita poco afuera”.
José Martí

Lo importante es sentirse cómodo. |
Estaba sentada en un parque cuando acerté
a oír, casualmente, la llamativa conversación
sostenida por mis vecinas de banco A le preguntaba a B por
qué había faltado a la fiesta de la noche anterior.
“Estuvo divertido”, comenzó. Ella le respondió:
“No tenía nada que ponerme, toda la ropa que
tengo está pasada la moda”. Prosiguió
por un rato explicando que llevaba casi dos años saliendo
con los mismos atuendos y ya le daba pena hasta ser reconocida
por ellos. De modo que tomó una decisión: alejarse
de los sitios de salida hasta renovar el vestuario. Concluyó
su disertación preguntando: “¿Y tú
con qué fuiste vestida? A le describió su indumentaria.
B exclamó horrorizada: “¡’Pero eso
ya no se usa!”
Aunque el diálogo llamó la
atención no me fue del todo ajeno. No es la primera
vez que escucho algo así. Es más, he conocido
a personas que se han privado de tremendos momentos por causas
similares.
Y esta actitud, a mi entender, viene de
un estado de olvido, y en ocasiones, hasta de pereza mental.
No somos lo que vestimos
No neguemos que desde tiempos prehistóricos el hombre
se ha visto obligado a emplear atuendos para protegerse del
tiempo y adaptarse a él. Los habitantes de climas cálidos
como el nuestro, por ejemplo, es raro que llevaran ropas de
más de dos capas, mientras en los climas fríos,
lo tradicional ha sido emplear vestidos cosidos y ajustados
de tejidos disímiles para preservar el calor del cuerpo.
Algo debe quedar claro: el factor esencial, el determinante
del tipo de ropa en las diferentes épocas y lugares,
ha sido el clima.
No obstante, no es menos cierto que con
el tiempo, en la metamorfosis del vestuario también
han intervenido las tradiciones, la posición social,
los códigos sexuales, los materiales, tecnologías
disponibles y hasta las migraciones humanas. Pero fue en tiempos
no muy lejanos al actual cuando se estableció la industria
de la moda.
Considero propicio recordarles: la ropa
es solo una herramienta y “estar a la moda” es
saludable tomarlo como un juego cultural carente de trascendencia.
Claro está, no hay que privarse de vestir como uno
desea. Pero… ¿se han cuestionado si los atuendos
que imponen los diseñadores renombrados, las revistas
publicitarias de la moda y todo ese arsenal que mueve sus
hilos dentro de la enorme industria, es realmente lo que deseamos
usar?

La moda no puede esclavizarnos. |
Consejo sano
Cuando les pasen por la cabeza ideas inducidas como:
“No tengo ropa par la ocasión” o “La
ropa que tengo está fuera de moda”, piensen,
interioricen que las modas son un acuerdo social, una convención
absurda y frágil, puede desbaratarse con solo desearlo.
Lo bueno y lo malo son conceptos relativos,
dependen de la subjetividad. Ya escribió el filósofo
Kant: “No es lo mismo la cosa en sí que la cosa
para mí”. Lo que es apropiado para unos puede
no serlo para otros. Cualquier ocasión es propicia
para vestir como uno lo decida.
¿Vas a someterte a los
acuerdos firmados por otros? ¿Acaso estabas aquí
cuando alguien decidió por ti lo aprobado para vestir
y lo que no? No permitas que otros te condiciones, no te subyugues
a dictados: Por eso te repito hoy un secreto vital: eres LIBRE
y, por ende, puede elegir.
La ropa apropiada para la ocasión
es aquella que te haga sentir cómodo, no importa que
te fabriques una indumentaria romántica decimonónica
o que te vistas con zapatos de payaso, pantalón de
pirata o vestido de druida celta. Hay que tomar conciencia
de que somos seres creativos, capaces de idear y fabricar
nuestro propio mundo. ¿Por qué no meditar sobre
aquello que nos gustaría emplear acorde con nuestras
inclinaciones y sensibilidad? Lo idea sería plantearnos
nuestra propia vestimenta.
Precisamente eso es lo que hacen los diseñadores,
lo cual es admirable; lástima que un juego de creatividad
se haya convertido en una especie de tortura manipuladora.
Desde hace varias décadas, el fenómeno de alentar
un placer inicuo por el esnobismo ciego y carente de sentido
se ha ido dilatando. La moda se ha convertido en un verdadero
rito esclavizante. En especial para las mujeres, las más
aplastadas por la dictadura de ”la imagen” , siempre
dispuesta a imponer unos esquemas concretos de belleza.
La mayoría de los cautivos de la
moda no se da cuenta de cómo el mercado los ha ido
volviendo autómatas uniformados, seres casi anulados,
incapaces de comprender su individualidad.
No lo olviden: Qué usar debe ser
siempre una elección personal.
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