Marlon: Moviendo montañas
Marlon Fernández es un joven cubano de pura cepa. Vivaz, hiperactivo, dinámico… De niño solía divertirse pregonando mercancías del agromercado cercano a su casa en La Habana [4], no porque se lo exigiera trabajo alguno, sino porque —conocedor de su prodigiosa voz— disfrutaba inventándose melodías que mucho ayudaban a los vendedores.
Sin embargo, su talento se disparó cuando tras emigrar con su familia a los Estados Unidos se dio a conocer todavía siendo un adolescente, que como embajador de la música popular cubana arrasaba en cuanto escenario se presentaba.
Cubano al fin, no olvida sus orígenes y en todo momento reclama la paz a través de su arte. De cualquier modo, Marlon sigue siendo esa persona sencilla y cordial, a quien no le se sube la fama a la cabeza y, sin reparos, respondió vía email la siguiente exclusiva para Somos Jóvenes.
SJ: ¿Cómo se autodefiniría Marlon?
“Me defino como una persona alegre, sencilla, familiar, luchadora y dedicada”.
SJ: ¿Eres de los que consideras que naciste para cantar, o el canto llegó por casualidad o accidente a tu vida?
“Diría que me siento bien cuando lo hago. Es un escape a mis sentimientos y emociones. Dios me dio ese regalo de cantar y hacer sentir bien a mi gente”.
SJ: ¿Qué recuerdos atesoras de tu infancia y adolescencia?
“Me acuerdo de mis maestras de la infancia, que las volvía locas pero me querían mucho. No era un niño malcriado, solo que nunca estaba quieto y siempre con mis ocurrencias hacía reír a los que estaban alrededor. En mi barrio tenía muchas amistades y la casa de mis viejos siempre estaba llena de gente. Teníamos una tarima en el mercado agropecuario en La Lisa, mi barrio, y allí yo pregonaba: ‘¡Arroz, judías y frijoles negros! ¡Mira qué guajirito más noble, yo si vendo barato!’. La gente se reía muchísimo. ¡Qué días aquellos!”.
SJ: Se sabe de tu extraordinaria voz y tu talento indiscutible. ¿Influyó en ello alguien de tu familia o tuviste alguna preparación profesional de antemano?
“Mi talento indiscutiblemente me lo dio Dios. Mi familia es alegre, mi madre se pasaba cantando en la casa y yo la seguía. Esa ha sido la única influencia y preparación que tuve, y me gustaba”.
SJ: A tu juicio, ¿cuáles son las cualidades fundamentales que no deben faltar en un artista?
“Para mí un artista debe tener humildad, talento, amor a lo que hace, dedicación y respeto a quien nos debemos, a nuestro público”.
SJ: Muy temprano, recibiste premios que muchos envidiarían. ¿Qué significa para ti esa experiencia? ¿No te envaneces con ello?
“Siempre trato de hacer las cosas bien en mi carrera y cuando otros te lo hacen saber reconociéndotelo con algún mérito te llena de satisfacción y alegría. No es orgullo, es que te hacen saber que lo estás haciendo bien y les gusta, y eso a uno le da alegría que otros como tu disfruten de lo que haces. Eso anima a uno”.
SJ: ¿Cómo se desarrolla tu vida fuera del escenario?
“Un hombre luchador, siempre haciendo cosas con mi familia, buen hijo, me encanta estar en mi hogar con mi esposa e hijos. Alegre”.
SJ: Algún mensaje que quieras enviarle a la juventud en general y a la cubana en particular.
“A los jóvenes y no tan jóvenes. No paren de soñar, ni de luchar por lo que quieren ‘El querer es poder’ y la fe mueve montañas. Dios siempre te abre puertas cuando menos lo esperas”.