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La cara oscura de la moneda
Se estima que
durante el actual milenio la drogodependencia afectará
a más de mil millones de personas en el mundo, a todos
tocará la lucha por detener los daños que este
flagelo ocasiona en la familia y a la sociedad misma.
Por
Roxana
Rodríguez
Foto:
Elio Miranda
“Todavía recuerdo con claridad
el día que me decidí a pedir ayuda en la clínica.
Me acompañaba mi hermana Evelya. Con mucha vergüenza
le expresé a la doctora mi interés por desintoxicarme
de las drogas.
No sabía cómo explicarme y las palabras se me
atropellaban. Ella, pacientemente, asentía con la cabeza,
y solo interrumpió para preguntarme:
“―¿Estás lista
para comenzar hoy mismo en el grupo?
“―¡Qué pena! No
sé― contesté
“Su respuesta aún resuena en
mis oídos:
“-¿Pena? Pena es estar en la
calle sin ayuda, con nosotros no tienes por qué sentirla.
“Entré al saloncito donde estaba
el resto de los pacientes. Me presentaron. Un aluvión
de miradas examinándome, escudriñándome
de arriba abajo, me hicieron palidecer, y otra vez la maldita
pena…
“Realmente soy muy inhibida, más
bien tímida, casi no hablo, pero cuando consumo drogas,
no sé… cambio por completo. En estado normal
nunca sé cómo debo ni tengo que hacer las cosas,
por eso siempre le pido consejos a mi hermana Evelya. Ella
es la que sabe de todo. Yo soy medio tonta. Tengo 23 años
por gusto. Vine a salir a la calle con 20 años. Antes
de esta edad mi mamá no me permitía ni pararme
en el portal. Decía que la calle estaba muy mala y
yo era muy jovencita. No podría salir hasta que trabajara.
Con ella no valía eso de fiestas y discotecas. No me
dejaba tener novio ni amigos varones. Lo de mi madre era que
yo estudiara, comenzara a trabajar, me encontrara a alguien
y me casara.
“Y así intenté hacerlo.
Aprendí a tocar el piano. Estudié técnico
medio en Dibujo Mecánico. Como no me gustó esa
carrera, matriculé en el curso
de Enfermería Emergente. Me gradué con muy buenas
notas y comencé a trabajar en una sala de terapia intensiva.
Luego fui a estudiar en el curso por encuentros la licenciatura
en Enfermería. Sin embargo, no pude cumplir con todos
los dictados de mi madre. Con el trabajo conocí la
calle y con ella, a un grupo de muchachas y muchachos con
los que me divertía mucho.
“Al principio solo fumaba y tomaba
alcohol. Después el mismo grupo me instó a consumir
drogas. En un inicio me negaba. Luego me tentó a probarlas.
Creía haber encontrado la libertad, y no me daba cuenta
de que cada vez estaba más presa.
“Casi todos los días cuando
llegaba del hospital me iba con mis amigos. Regresaba muy
entrada la madrugada. A veces, minutos antes de la hora de
salir al trabajo.
“Mi madre me peleaba, pero ya yo era
independiente. ¿Mi padre? A él nunca le interesó
si yo estaba o no. Desde que tenía 8 años se
separó de mi mamá, siempre vivió casi
a unos pasos; sin embargo, era como si viviera lejos, muy
lejos.
“Así transcurrieron dos años.
Hasta el instante en que me detuvieron durante 47 días.
Fueron momentos terribles. Se me unió la tierra con
el cielo. Yo no había hecho nada. Pero estaba allí.
Pensé, reflexioné mucho y me di cuenta de lo
hundida que estaba.
“Cuando salí limpia
para la calle ― es decir, se probó que no tenía
nada que ver con el tráfico―, me presenté
en mi trabajo y no me miraron bien. Siento que hay personas
que me rechazan nadie. Mi hermana ha sido una de las personas
que me ha apoyado.
“Pienso seguir trabajando como enfermera,
aunque solo cuando esté en condiciones. No me siento
capaz. Temo aplicar un mal proceder a un paciente…
Estoy insegura de mí misma.
“Llevo cuatro meses sin consumir,
a pesar de que a ves he sentido deseos locos de hacerlo. Me
atormenta volver a las drogas. Que si me uno otra vez con
esa gente voy a engancharme de nuevo, ¿y si vuelvo
a caer presa? Me preocupa mi familia. No puedo hacerla sufrir
más por algo que no vale la pena. Lo único que
da es pérdida, pérdida material, espiritual…
del cariño de las personas que están contigo
y te aprecian”.
La realidad pudo
haber sido otra
Los sentimientos de frustración y fracaso
al intentar reproducir un modelo de comportamiento inalcanzable
en un hogar deshecho, sin autoridad paterna y una madre impositiva,
hicieron que la timidez e inseguridad de Nelehy encontraran
en las drogas la solución equivocada a sus conflictos.
Un escaso desarrollo de la asertividad,
generado por una crianza rígida, sin contacto con el
mundo exterior, y la incomunicación entre padres e
hijos, pueden ser, entre otros, los desencadenantes y agravantes
de las toxicomanías en los jóvenes.
“Ser asertivos es una habilidad social
que se va adquiriendo a lo largo de la vida –reflexiona
Cristina Tamayo, especialista en Psicología de la Salud.
“Ello depende de la educación en la que se fomenta
la autoestima, a partir de la cual el joven desarrolla la
capacidad de defender sus derechos, considerando el criterio
de los demásy sin la necesidad de adoptar conductas
hostiles. Sobre esta base es posible decir que no a las drogadicciones”.
Y añade la experta: “Existen personas que desarrollan
tal cualidad espontáneamente; otras necesitan aprenderla
de modo consciente.
Un marco familiar estable en el cual predominen
la armonía y el respeto, donde cada uno de sus miembros
comprenda el valor del amor a la pareja, al estudio, a l trabajo
y a la recreación sana, puede constituir el antídoto
para mantenerse distante de las toxicomanías.
No darles cabida...
Con frecuencia, al escuchar hablar de drogas relacionamos
el término con las sustancias ilegales, y desestimamos
a otras reconocidas como legales. En este grupo se ubican el
café, el tabaco
y el alcohol;
a este último, por producir afectaciones en la conducta
y la conciencia, se le considera la droga portera por excelencia,
responsable de abrir una brecha hacia el consumo de otros tóxicos.
Los bebedores de alcohol corren
el riesgo de deteriorar sus valores morales, al punto de alcanzar
la marginación y en el peor de los casos, iniciar vínculos
interpersonales con adictos a varias drogas a la vez; como
sucedió con Hansel, quien, por curiosidad, un día
decidió probar:
“Fumaba y consumía alcohol,
en aquel tiempo trabajaba como cuentapropista* y ganaba mucho
dinero. Creía que no me faltaba nada. Tenía
mujeres, ¿amigos? No sé… Eso sí,
mucha gente alrededor y no siempre las mejores.
“Las personas buenas comenzaron a
rechazarme. Mi familia no me soportaba, no aguantaba mis constantes
escándalos y borracheras. En el barrio casi nadie confiaba
en mí. Era, como se dice, la oveja negra.
.Perdí el trabajo y así y todo seguía
sin importarme nada ni nadie, solo la droga.
“Un día decidí dejar
el consumo por mi cuenta, pero no pude soportar por mucho
tiempo. Me volví a enganchar, esta
vez fue peor; tuve que buscar ayuda especializada.
“Hoy llevo dos años y medio
sin consumir nada, ni siquiera alcohol. Me ha costado mucho.
Renuncié al grupo de personas donde me movía,
a mi pareja. Ya no trabajo como cuentapropista y llevo una
vida austera. Comprendí que el dinero no es un fin,
solo es un medio para sobrevivir y nada más. En esta
condición me siento más seguro. Todos confían
más en mí. Estoy disfrutando de mi libertad”.
Más vale precaver
Las adiciones a las sustancias psicotrópicas
son esclavizantes. Su influencia perturba la conciencia y
la personalidad, deteriorando las cualidades humanas desarrolladas
durante la vida. Su consumo sostenido produce en el toxicómano
un síndrome amotivacional, en el cual nada es más
importante que la obtención de la droga.
Cada distorsión en la percepción
de la realidad que sigue a los estados de enajenación
por diversos tóxicos ―incluidas las alucinaciones
visuales y auditivas, las escenas terroríficas y de
persecución, y la inexacta apreciación de las
distancias ―produce serias afectaciones en el sistema
nervioso central y son, en ocasiones, la causa de muerte por
suicidio.
Señala el doctor Ricardo González
en su libro “Contra las adicciones”, que el consumo
prolongado de drogas genera severos trastornos en el metabolismo
de las grasas, lo cual determina el depósito de estas
sustancias en las paredes de las arterias que, con el tiempo,
llegan a obstruirse. Este mecanismo es responsable de las
disfunciones sexuales, y de la ocurrencia de infartos, trombosis
y embolias.
Los daños en la sexualidad, según
enfatiza este especialista, tienen igual repercusión
tanto para los hombres como para las mujeres. En el caso de
los hombres pueden padecer, indistintamente, eyaculación
adelantada o muy retardada, y hasta abolida, así como
bloqueo total de la erección y, con menos frecuencia,
erecciones dolorosas y mantenidas que como el priapismo,
requieren de intervención quirúrgica urgente.
Trastornos similares ocurren en la mujer, en especial en lo
referido al orgasmo.
Los efectos negativos de las drogas no solo
afectan la vida, sino que laceran el ámbito psicológico
y social de las personas. Las historias de Nelehy y Hansel
pudieron haber sido diferentes. Tal vez más trágicas
e irreparables. Ellos intentaron escalar una montaña
tan seductora como resbaladiza. En su terquedad rodaron a
un abismo de confusiones. Hoy intentan levantarse. De su empeño
dependerá el éxito.
* Nombre
popular con que se designa en Cuba al trabajador por cuenta
propia.
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