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Jornada internacional por la liberación de los Cinco
Minisitio sobre la Jornada Internacional por la liberación de los cinco héroes cubanos presos en Estados Unidos por su labor antiterrorista.


Sexualidad y salud

La cara oscura de la moneda

Se estima que durante el actual milenio la drogodependencia afectará a más de mil millones de personas en el mundo, a todos tocará la lucha por detener los daños que este flagelo ocasiona en la familia y a la sociedad misma.

Por Roxana Rodríguez
Foto: Elio Miranda

La droga nunca es la salida a ningún problema.


“Todavía recuerdo con claridad el día que me decidí a pedir ayuda en la clínica. Me acompañaba mi hermana Evelya. Con mucha vergüenza le expresé a la doctora mi interés por desintoxicarme de las drogas. No sabía cómo explicarme y las palabras se me atropellaban. Ella, pacientemente, asentía con la cabeza, y solo interrumpió para preguntarme:

“―¿Estás lista para comenzar hoy mismo en el grupo?

“―¡Qué pena! No sé― contesté

“Su respuesta aún resuena en mis oídos:

“-¿Pena? Pena es estar en la calle sin ayuda, con nosotros no tienes por qué sentirla.

“Entré al saloncito donde estaba el resto de los pacientes. Me presentaron. Un aluvión de miradas examinándome, escudriñándome de arriba abajo, me hicieron palidecer, y otra vez la maldita pena…

“Realmente soy muy inhibida, más bien tímida, casi no hablo, pero cuando consumo drogas, no sé… cambio por completo. En estado normal nunca sé cómo debo ni tengo que hacer las cosas, por eso siempre le pido consejos a mi hermana Evelya. Ella es la que sabe de todo. Yo soy medio tonta. Tengo 23 años por gusto. Vine a salir a la calle con 20 años. Antes de esta edad mi mamá no me permitía ni pararme en el portal. Decía que la calle estaba muy mala y yo era muy jovencita. No podría salir hasta que trabajara. Con ella no valía eso de fiestas y discotecas. No me dejaba tener novio ni amigos varones. Lo de mi madre era que yo estudiara, comenzara a trabajar, me encontrara a alguien y me casara.

“Y así intenté hacerlo. Aprendí a tocar el piano. Estudié técnico medio en Dibujo Mecánico. Como no me gustó esa carrera, matriculé en el curso de Enfermería Emergente. Me gradué con muy buenas notas y comencé a trabajar en una sala de terapia intensiva. Luego fui a estudiar en el curso por encuentros la licenciatura en Enfermería. Sin embargo, no pude cumplir con todos los dictados de mi madre. Con el trabajo conocí la calle y con ella, a un grupo de muchachas y muchachos con los que me divertía mucho.

Si eres tú mismo o tú misma, no necesitas ninguna sustancia que te ayude.

“Al principio solo fumaba y tomaba alcohol. Después el mismo grupo me instó a consumir drogas. En un inicio me negaba. Luego me tentó a probarlas. Creía haber encontrado la libertad, y no me daba cuenta de que cada vez estaba más presa.

“Casi todos los días cuando llegaba del hospital me iba con mis amigos. Regresaba muy entrada la madrugada. A veces, minutos antes de la hora de salir al trabajo.

“Mi madre me peleaba, pero ya yo era independiente. ¿Mi padre? A él nunca le interesó si yo estaba o no. Desde que tenía 8 años se separó de mi mamá, siempre vivió casi a unos pasos; sin embargo, era como si viviera lejos, muy lejos.

“Así transcurrieron dos años. Hasta el instante en que me detuvieron durante 47 días. Fueron momentos terribles. Se me unió la tierra con el cielo. Yo no había hecho nada. Pero estaba allí. Pensé, reflexioné mucho y me di cuenta de lo hundida que estaba.

“Cuando salí limpia para la calle ― es decir, se probó que no tenía nada que ver con el tráfico―, me presenté en mi trabajo y no me miraron bien. Siento que hay personas que me rechazan nadie. Mi hermana ha sido una de las personas que me ha apoyado.

“Pienso seguir trabajando como enfermera, aunque solo cuando esté en condiciones. No me siento capaz. Temo aplicar un mal proceder a un paciente… Estoy insegura de mí misma.

“Llevo cuatro meses sin consumir, a pesar de que a ves he sentido deseos locos de hacerlo. Me atormenta volver a las drogas. Que si me uno otra vez con esa gente voy a engancharme de nuevo, ¿y si vuelvo a caer presa? Me preocupa mi familia. No puedo hacerla sufrir más por algo que no vale la pena. Lo único que da es pérdida, pérdida material, espiritual… del cariño de las personas que están contigo y te aprecian”.

La realidad pudo haber sido otra
Los sentimientos de frustración y fracaso al intentar reproducir un modelo de comportamiento inalcanzable en un hogar deshecho, sin autoridad paterna y una madre impositiva, hicieron que la timidez e inseguridad de Nelehy encontraran en las drogas la solución equivocada a sus conflictos.

Un escaso desarrollo de la asertividad, generado por una crianza rígida, sin contacto con el mundo exterior, y la incomunicación entre padres e hijos, pueden ser, entre otros, los desencadenantes y agravantes de las toxicomanías en los jóvenes.

“Ser asertivos es una habilidad social que se va adquiriendo a lo largo de la vida –reflexiona Cristina Tamayo, especialista en Psicología de la Salud. “Ello depende de la educación en la que se fomenta la autoestima, a partir de la cual el joven desarrolla la capacidad de defender sus derechos, considerando el criterio de los demásy sin la necesidad de adoptar conductas hostiles. Sobre esta base es posible decir que no a las drogadicciones”. Y añade la experta: “Existen personas que desarrollan tal cualidad espontáneamente; otras necesitan aprenderla de modo consciente.

Un marco familiar estable en el cual predominen la armonía y el respeto, donde cada uno de sus miembros comprenda el valor del amor a la pareja, al estudio, a l trabajo y a la recreación sana, puede constituir el antídoto para mantenerse distante de las toxicomanías.

No hay que darles cabida en tu vida.
No darles cabida...
Con frecuencia, al escuchar hablar de drogas relacionamos el término con las sustancias ilegales, y desestimamos a otras reconocidas como legales. En este grupo se ubican el café, el tabaco y el alcohol; a este último, por producir afectaciones en la conducta y la conciencia, se le considera la droga portera por excelencia, responsable de abrir una brecha hacia el consumo de otros tóxicos.

Los bebedores de alcohol corren el riesgo de deteriorar sus valores morales, al punto de alcanzar la marginación y en el peor de los casos, iniciar vínculos interpersonales con adictos a varias drogas a la vez; como sucedió con Hansel, quien, por curiosidad, un día decidió probar:

“Fumaba y consumía alcohol, en aquel tiempo trabajaba como cuentapropista* y ganaba mucho dinero. Creía que no me faltaba nada. Tenía mujeres, ¿amigos? No sé… Eso sí, mucha gente alrededor y no siempre las mejores.

“Las personas buenas comenzaron a rechazarme. Mi familia no me soportaba, no aguantaba mis constantes escándalos y borracheras. En el barrio casi nadie confiaba en mí. Era, como se dice, la oveja negra. .Perdí el trabajo y así y todo seguía sin importarme nada ni nadie, solo la droga.

“Un día decidí dejar el consumo por mi cuenta, pero no pude soportar por mucho tiempo. Me volví a enganchar, esta vez fue peor; tuve que buscar ayuda especializada.

“Hoy llevo dos años y medio sin consumir nada, ni siquiera alcohol. Me ha costado mucho. Renuncié al grupo de personas donde me movía, a mi pareja. Ya no trabajo como cuentapropista y llevo una vida austera. Comprendí que el dinero no es un fin, solo es un medio para sobrevivir y nada más. En esta condición me siento más seguro. Todos confían más en mí. Estoy disfrutando de mi libertad”.

Más vale precaver
Las adiciones a las sustancias psicotrópicas son esclavizantes. Su influencia perturba la conciencia y la personalidad, deteriorando las cualidades humanas desarrolladas durante la vida. Su consumo sostenido produce en el toxicómano un síndrome amotivacional, en el cual nada es más importante que la obtención de la droga.

Cada distorsión en la percepción de la realidad que sigue a los estados de enajenación por diversos tóxicos ―incluidas las alucinaciones visuales y auditivas, las escenas terroríficas y de persecución, y la inexacta apreciación de las distancias ―produce serias afectaciones en el sistema nervioso central y son, en ocasiones, la causa de muerte por suicidio.

Señala el doctor Ricardo González en su libro “Contra las adicciones”, que el consumo prolongado de drogas genera severos trastornos en el metabolismo de las grasas, lo cual determina el depósito de estas sustancias en las paredes de las arterias que, con el tiempo, llegan a obstruirse. Este mecanismo es responsable de las disfunciones sexuales, y de la ocurrencia de infartos, trombosis y embolias.

Los daños en la sexualidad, según enfatiza este especialista, tienen igual repercusión tanto para los hombres como para las mujeres. En el caso de los hombres pueden padecer, indistintamente, eyaculación adelantada o muy retardada, y hasta abolida, así como bloqueo total de la erección y, con menos frecuencia, erecciones dolorosas y mantenidas que como el priapismo, requieren de intervención quirúrgica urgente. Trastornos similares ocurren en la mujer, en especial en lo referido al orgasmo.

Los efectos negativos de las drogas no solo afectan la vida, sino que laceran el ámbito psicológico y social de las personas. Las historias de Nelehy y Hansel pudieron haber sido diferentes. Tal vez más trágicas e irreparables. Ellos intentaron escalar una montaña tan seductora como resbaladiza. En su terquedad rodaron a un abismo de confusiones. Hoy intentan levantarse. De su empeño dependerá el éxito.

 * Nombre popular con que se designa en Cuba al trabajador por cuenta propia.



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