¿Es
o no difícil ser una madre soltera?
Por
Alicia
Centelles
En
este cambiante mundo nuestro son cada vez más las mujeres
solteras que deciden tener hijos, pues se sienten capacitadas,
síquica y materialmente, para garantizar su crianza
y educación.
Pero muchas son las que, posteriormente,
se dan cuenta del gran compromiso que han asumido, pues no
resulta nada fácil ser padre y madre a la vez, aun
cuando una cuente con la ayuda de familiares o amigos.
Según la sociedad de que se trate,
la madre soltera recibirá mayor o menor reconocimiento
y comprensión. Estudios realizados en países
latinoamericanos evidencian que una gran parte de las madres
solteras son mujeres que fueron objeto de abuso sexual durante
su infancia, o cuya situación económica no es
ni siquiera satisfactoria para ellas mismas individualmente.
En cambio, en naciones como Islandia las madres solteras están
muy bien vistas, porque se las relaciona con las mujeres fuertes
de las sagas vikingas.
En Cuba, gracias a la labor de la Federación
de Mujeres Cubanas (FMC) y a las propias concepciones
puestas en práctica sobre el sexo femenino a partir
del triunfo revolucionario, ser madre soltera no es un estigma
ni mucho menos. Sus hijos disfrutan de las mismas oportunidades
y beneficios que la sociedad socialista brinda a todos por
igual, ya sean el resultado de matrimonios legalizados o no.
Además, los programas de empleo que auspicia la mencionada
organización, junto a otras, prioriza a este tipo de
mamá.
Sin embargo, ello no significa que esas
progenitoras tengan resueltos todos
sus problemas, porque en ocasiones tropiezan con la incomprensión
de algunas administraciones que no comprenden que la que es
padre y madre a la vez requiere con más urgencia de
un tiempo mayor para atender a su hijo, ayudarlo, enseñarlo
y formarlo.
En el desarrollo de su difícil responsabilidad,
en ocasiones la madre soltera
comete el error de hablarle mal al hijo o hija acerca de su
padre. Transmitirles
su amargura contra el hombre es algo imperdonable, porque
eso los confunde y
los vuelve resentidos e inestables.
Tampoco es correcto convertir al hijo o
hija en el único objetivo de la vida de la madre soltera,
porque ella también es un individuo, con aspiraciones
de satisfacción personal. Igualmente desacertado es
tener un hijo por no quedarse sola. Toda persona es un ser
independiente, dueño de hacer su vida.
Y un último consejo: nunca,
bajo ningún concepto, la madre soltera debe reprochar
al hijo o hija todo lo que ha hecho por él o por ella.
La madre da la vida en forma totalmente voluntaria, y precisamente
la esencia del amor materno es la entrega total, sin esperar
nada a cambio.
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