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San Cristóbal
de La Habana
Con
amor y algo más
A solo unos pasos de la Plaza Vieja en Teniente Rey entre
Oficios y Mercaderes, se alza una antigua edificación
construida a mediados del siglo XVII. Es la Escuela Taller
Gaspar Melchor de Jovellanos, única en la capital donde
jovencitas y jovencitos se inician como aprendices en los
oficios para la restauración de obras patrimoniales.
Por Roxana
Rodríguez
Fotos: Elio
Miranda
De los alumnos de la Escuela
Taller de La Habana ya tenía noticias. Sin embargo,
siempre será poco lo dicho si se tiene en cuenta que
ellos han puesto mucho de su esfuerzo en la restauración
y reconstrucción de importantes obras arquitectónicas
del Centro Histórico, como la Basílica
Menor y Convento de San Francisco de Asís, el Palacio
de los Capitanes Generales, la Plaza
de Armas, la Casa
de las Cariátides, por solo citar las más
conocidas.
Adentrarnos en la cotidianeidad de este
centro de estudios no fue tarea difícil. La jovialidad
con que los alumnos y el claustro de profesores expresan su
pasión por el lugar, enseguida nos hizo sentir parte
del colectivo. “En esta escuela todo es extraordinario.
Nunca imaginé conocer el vidrio tan de cerca”,
nos cuenta a aprendiz de vidriera Isnalbys Morales, de 19
años. Y añade: “Tengo algunas nociones
de plástica, he participado en talleres, cuando empecé
aquí sabía muy poco sobre el vidrio, solo había
visto o leído algunas cosas. Ahora en la escuela tengo
la posibilidad de ampliar mis conocimientos, y a lo mejor,
en un futuro, pueda estudiar el nivel superior de Restauración”.
Los graduados de esta institución tienen la oportunidad,
una vez insertados en sus centros laborales, de optar por
la licenciatura en Restauración. “Esta carrera
incluye todas las especialidades impartidas en el centro y
forma parte de un acuerdo establecido entre el Instituto
Superior de Arte y el Centro
de Conservación, Restauración y Museología para proveer
un nivel superior al oficio. Esta disciplina universitaria
es de muy reciente creación. Tiene una duración
de cinco años y hasta la fecha, ha graduado tres grupos
de especialistas en la materia”, explica Juan Carlos
Pérez Botello, subdirector de la escuela taller Gaspar
Melchor de Jovellanos.
Para matricular en este centro de estudios
los aspirantes deben tener noveno grado como nivel mínimo
y someterse a un proceso de selección que comprende
una entrevista y luego una prueba de ingreso, donde se examinanlas
asignaturas de Español, Matemáticas e Historia.
Es válido anotar que el hecho de aprobar estos exámenes
no garantiza la permanencia en el centro.
Al comenzar el curso se inicia la última
fase selectiva consistente en un mes a prueba, lo cual permite
verificar las actitudes y aptitudes del interesado hacia el
oficio elegido.
Los jóvenes que ingresan en esta
institución pueden estudiar las especialidades de Albañilería,
Cantería, Carpintería, Forja, Yeso y Escayola,
Pintura de obras, Pintura mural y Vidriería, todas
con una duración de dos años.
Un poco de historia
Cuando en 1982 la UNESCO declara a La Habana Patrimonio
de la Humanidad, una nueva brecha se abría en el
proceso de preservación del Centro Histórico,
iniciado a partir del triunfo de la Revolución.
El abandono y descuido de que fue objeto
nuestra capital en la primera mitad del siglo XX condujeron
a la extinción casi total de oficios muy especializados
indispensables para devolver a La Habana Vieja toda la luz
de sus días de esplendor. Fue necesario recurrir a
operarios conocedores del arte de la restauración,
e intentar con ellos fomentar en las nuevas generaciones esta
tradición perdida.
Por eso el 6 de abril de 1992 quedó
fundada la escuela taller Gaspar Melchor de Jovellanos, por
un convenio suscrito entre la Agencia
Española de Cooperación y la Oficina
del Historiador de la Ciudad de La Habana. Esta iniciativa
formo parte de las actividades colaterales emprendidas por
el gobierno de España con motivo del aniversario 500
del encuentro entre dos culturas. Este acuerdo expiró
en el año 2003, y la responsabilidad de la institución
fue asumida íntegramente por la parte cubana, esta
entidad académica se ha ganado ―a trece años
de constituida el respeto y prestigio de las empresas y organizaciones
que contratan los servicios de sus graduados.
Más que un
centro de formación
Además del propósito formativo de la
escuela de rescatar antiguos oficios, a veces hasta desconocidos
por las más nuevas generaciones, cumple una función
social.
Eduardo González Delgado, director
de la institución, subraya que “desde el principio
se trabaja sobre la base de la idea de que las ofertas de
empleo para los jóvenes no son suficientes; por ello
funcionamos como una alternativa de estudios, preparación
y finalmente, de empleo seguro, si es vencido el programa
académico previsto”.
"Es un proyecto social dirigido a recuperar
aquellos muchachos sin vínculo laboral o estudiantil.
Este es nuestro modo de integrarnos a la política intensiva
de la Batalla
de Ideas, pues cada dos años devolvemos a la sociedad
un grupo de jóvenes formados de un oficio".
A partir de su concepción no solo
se luchó por el rescate de oficios perdidos o los muchachos
sin opciones de empleo, también uno de los ejes centrales
que motivó este proyecto fue hallar personas con la
disposición y capacidad física y mental de trasmitir
sus conocimientos en materia de restauración, es decir,
contactar con viejos maestros y enrolarlos en el plan de estudios
de la institución.
Una
mirada por dentro
Percibir las habilidades innatas de estos aprendices
y la destreza que con ellas logran desarrollar, nos hizo inferir
lo imprescindible de un talento artístico especial
para dedicarlo al arte de restaurar obras.
“Me decidí a estudiar Yesería
y Escayola porque ya conocía algo del trabajo de aquí.
Desde aquí he practicado bastante, no exactamente con
el yeso, aunque sí con el barro y la plastilina, y
participé en varios talleres de artes plásticas”.
Para Yadira González Yerbilla, de 18 años, es
muy agradable crear figuras con sus manos. Por es siente que
s futuro está ahí, en la escuela.
La fuerza de la costumbre y los patrones
sociales impuestos por una cultura en extremo patriarcal,
ceden espacio para que los varones sean los destinados a aprender
los secretos de la mayoría de los oficios. Sin embargo,
en la escuela taller Gaspar Melchor de Jovellanos hembras
y varones, según sus aptitudes individuales, pueden
matricular cualquier especialidad.
Dos chicas del taller
de Carpintería así lo demostraron al solicitar
este oficio en primera opción. Quizá dentro
de algunos años germine a partir de ellas la dinastía
de las carpinteras, ¿quien sabe? Dejemos correr el
tiempo.
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