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Los que saben querer

Por Belkis Curbelo

Alumnos del preuniversitario de Ciencias Pedagógicas.
Ellos se preparan para una de las tareas más nobles de la sociedad.
(Foto: Elio Miranda)

En San Antonio de los Baños hay una escuela donde adolescentes sensibles descubren y alimentan su verdadera vocación asistiendo cada día a un encuentro con la pedagogía y la cultura.

Profesores especializados en esta tarea tan noble que es enseñar, invitan a sus discípulos a la entrega cotidiana y urgente en las aulas, objetivo esencial de este preuniversitario.

El Instituto Preuniversitario de Ciencias Pedagógicas Santiago Figueroa se ubica en el municipio habanero de San Antonio de los Baños. Desde el curso 2003-2004 funcionó como una escuela de formación de Profesores Generales Integrales para impartir clases en secundaria básica. Con esta condición, cientos de adolescentes convencidos de su inteligente elección, cursaban los grados décimo, onceno y duodécimo en este centro.

Al mismo tiempo que recibían las materias de dichos niveles eran orientados por un grupo altamente calificado de profesores, que tenía entre sus misiones la de explicarles todo acerca de las peculiaridades y la envergadura del reto al que se enfrentaban.

En el 2004 la escuela fue destinada como lugar para la realización de un concentrado donde solo tendrían espacio alumnos de décimo grado. Anualmente tienen acceso a este instituto todos aquellos que terminan el noveno y están dispuestos a recibir una formación general integral con el propósito de adquirir los conocimientos para después impartirlos.

De las características del centro no habla su directora, María del Carmen Pedros Vinageras:

“Esta nueva forma de enseñanza es un plan creado por el ministerio de Educación. Es una estrategia futurista, porque según la cantidad de profesores generales integrales que se necesita para cubrir las aulas cada año, será le cúmulo de estudiantes seleccionados”•.

De esta manera nacen esos profesores tan jóvenes que dan clases a nuestros hijos, sobrinos y vecinos. Ellos, desde sus inicios, reciben orientación acerca del significado e importancia de educar en estos tiempos de responsabilidad y connotación especiales.

“Para fomentar la vocación pedagógica en los muchachos, comenta María del Carmen, diseñamos un plan de actividades culturales y al mismo tiempo educativas, que son parte del trabajo vocacional. Entre ellas están las visitas a museos, y las conferencias impartidas por educadores de experiencia. También asisten a la escuela alfabetizadores, con los cuales comparten criterios; y en otro se les crea la habilidad para que puedan dominar el trabajo con la Enciclopedia, donde aparece información de la vida y la obra de todos los que hicieron aportes a la pedagogía.

“Un eslabón fundamental es la proyección de películas, en muchos casos con perfil histórico, Hemos comprobado que por esta vía asimilan muchos conocimientos de manera didáctica”.

Desde el punto de vista pedagógico la manera de aprendizaje para los futuros educadores se asan en dominar las materias de ese nivel además de la Metodología de la Enseñanza y Técnicas de la Pedagogía, entre otras.

Por el momento, la escuela recibe a estudiantes de los municipios de Boyeros, La Habana del Este, Centro Habana y San Miguel del Padrón, de la capital.

A pesar de ser una comunidad bastante heterogénea, el claustro ha logrado como resultado final que el ciento por ciento de los estudiantes que se gradúan e incorpore a estudiar carreras pedagógicas, máxima aspiración de todos los que se deciden a optar por esta escuela.

“El proceso de continuidad es un poco rápido, pero muy bien organizado —nos cuenta María del Carmen—. Nosotros los educamos en décimo grado, nivel donde reciben el trabajo vocacional y pedagógico necesario. Una vez concluido el curso pasan a una escuela en el municipio de Quivicán donde se les proporciona el onceno grado; y por último, en esta primera etapa, ingresan en la Escuela Formadora de Maestros Salvador Allende.

“Allí, de una manera más rápida, vencen el duodécimo grado. La segunda etapa empieza cuando se van incorporando a las aulas junto a un profesor tutor, que los supervisa y apoya. Luego asisten a la Universidad una vez por semana, mientras los restantes días están frente a las aulas”.

Hoy la escuela se muestra en toda su plenitud, se mantienen en óptimas condiciones todas las aulas especializadas como los laboratorios de Química, Física y computaron, las áreas deportivas y otras donde los alumnos devienen artistas, ofreciendo y compartiendo su arte. Recientemente se formó una cátedra de Repentismo, hay gripos de danza y algún que otro cantante.

Yunieski Leves atiende Cultura y Divulgación en el plantel. Para él la pedagogía tiene una significación importante en estos momentos. Además de impartir clases, quiere cumplir con la Revolución dando un paso al frente como profesor.

Para Loretta Frías dar clases es más que un compromiso con nuestro país, un sentimiento que quiere expresar por el resto de su vida: “Ser maestro es algo muy bonito, la mayor satisfacción es cuando te paras frente un aula y todos te prestan atención para recibir los conocimientos que seas capaz de brindar”.

Guilber Suárez Martínez, encargado de Estudio de la FEEM, más que darnos su opinión, nos explicó, orgulloso, sobre el distintito que ostentan: “Es una imagen entrelazada de una estrella y unas manos: la estrella es la luz que nos guía y las manos significan la solidaridad de todos los jóvenes profesores emergentes que no dudaremos nunca de nuestra vocación y el espíritu de lucha que nos une”.

De esta manera nacen los profesores generales integrales, los que saben querer, los que confían en el camino elegido por ellos, difícil, pero alentador; el mismo camino que en gran medida ha formado a nuestra Patria.

Profesores generales integrales conscientes de la necesidad y el compromiso de educar, porque, como dijera el Maestro José Martí: “Todo hombre tiene el derecho a que se le eduque y después, en pago, el deber de contribuir a la educación de los demás”.


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